Pocos objetos han causado tanta conmoción como la toalla de Édouard Mendy, el arquero titular de la selección de Senegal, en la final de la Copa Africana. Mientras se desarrollaba el encuentro, una tela común de color azul se transformó en el centro de una disputa, que posteriormente se convirtió en el punto de atención.
En tierras africanas, la creencia senegalesa atribuye a esta toalla un poder singular: “Absorbe la magia negra y la transmite a su dueño”, sostienen quienes veneran los misterios del vudú que se difundieron tras la consagración. Para la multitud de Rabat, se trataba de un amuleto tan peligroso como codiciado por quienes lo rodeaban. Así, el destino de la final de la Copa Africana de Naciones no solo se jugó con los pies, sino también involucró a los alcanzapelotas marroquíes que querían aprovecharse del objeto.

La historia tomó impulso días antes, cuando durante la semifinal entre Marruecos y Nigeria, un alcanzapelotas logró arrebatarle la toalla negra al arquero nigeriano Stanley Nwabali. El encargado de resguardar los tres palos, lejos de preocuparse, fue al banco de suplentes y eligió otra blanca, mientras saludó a la tribuna, hasta que un responsable de seguridad le arrebató también la nueva prenda. Los videos de ese episodio se viralizaron y expandieron la leyenda de que quien pierde la toalla pierde su poder. Nigeria, tras ese episodio, no resistió ante los penales y la magia, dicen algunos, cambió de manos. “Usen mi toalla ahora para secarse las lágrimas”, compartió Nwabali en su Instagram tras la derrota de Marruecos.
La noche de la final elevó la tensión a otro nivel. El protagonismo pasó entonces al arquero suplente de Senegal, Yehvann Diouf, nacido en Montreuil, Francia. Su papel en la protección del talismán fue tan decisivo como cualquier atajada. Durante una pausa por una lesión, el capitán marroquí Achraf Hakimi está ubicado cerca del arco rival a la espera de reanudar el partido, mientras el público le señalaba la toalla de Mendy. Hakimi, desconcertado al principio, acabó por comprender la misión y lanzó la toalla tras los carteles publicitarios, lo que desató la ovación de la multitud presente en esa zona. Pero el lateral El Hadji Malick Diouf no tardó en reaccionar, ante esto saltó la barrera de anuncios y recuperó el preciado objeto para devolverlo al arquero y aseguró que “el ritual permaneciera intacto”, según la leyenda africana.

El ambiente se volvió más hostil cuando Yehvann Diouf, con la toalla azul en mano, se acercó al arco de su nación. Inmediatamente un grupo de alcanzapelotas se abalanzó sobre él, uno intentó arrebatarle el objeto, pero el arquero suplente resistió el ataque y el agresor terminó en el césped. La escena se complicó cuando Ismael Saibari, centrocampista marroquí ya sustituido, bloqueó el paso de Diouf para impedir la entrega de la toalla a su compañero titular. Aunque Diouf fue más rápido, esquivó el obstáculo y logró devolver la toalla a Mendy.
La persecución no terminó ahí. Diouf, seguido por los encargados de reponer las pelotas y hasta un hombre de traje y corbata a cargo de la seguridad, iniciaron una disputa con el objetivo de llevarlo al banco de suplentes. Lo que incrementó la importancia y la batalla por quien tenía en sus manos el pedazo de tela con el cual Mendy se secaba la cara de la lluvia. Solo al llegar a la seguridad del banco de los Leones de la Teranga pudo respirar tranquilo.
El propio Yehvann Diouf relató su experiencia tras el partido en una charla con Wiwsport, en la que confesó: “Para mí, eran solo toallas, nada más, para secarse los guantes y la cara. Quizás haya algo de folclore en torno a estas toallas, pero para mí, era algo bastante común. Me sorprendió tanto como a ti cuando los vi intentar llevárselas“.
Además, Diouf recordó las semifinales que ganó Marruecos: “Ya habíamos visto con Nigeria que, cada vez que se sacaban toallas, los auxiliares solían ir detrás de ellos a recogerlas. No sé por qué lo hicieron, pero creo que no fue juego limpio, al menos no por su parte”. El arquero suplente de Senegal agregó: “Después de eso, intenté asegurarme de que Doudou (Mendy) estuviera en las mejores condiciones posibles, porque necesitamos a jugadores como él concentrados al 100% en el campo”.
La última jugada la resolvió Pape Gueye con un disparo certero que decidió la final. Senegal no solo levantó la copa, sino que ganó la batalla secreta por el amuleto de tela. La toalla, intacta y protegida, terminó el partido como la verdadera ganadora de una noche donde la fe en el vudú se mezcló con la pasión del fútbol africano.







