Chris Paul, uno de los referentes de la NBA durante más de dos décadas, ha convertido la disciplina alimentaria y la preparación física en el eje de su longevidad deportiva. Tras 21 temporadas en la liga, el base anunció su retiro en febrero de 2026, cerrando una carrera marcada por la constancia y el profesionalismo.
En ese sentido, en una conversación exclusiva con Men’s Health, el ex base compartió cómo su carrera se sostuvo gracias a una rutina nutricional estricta, una mentalidad adaptable y varios rituales poco conocidos fuera de las canchas.
Rutina alimentaria diaria
En la cocina de su hogar, el jugador mostró sus hábitos actuales y la importancia de la hidratación. “Obviamente, agua de coco, mucha agua”, contó Paul a Men’s Health.

Asimismo, señaló que sale del ayuno con jugo de apio. “Lo he tomado todas las mañanas para ayudar con la digestión y asegurarme de que todo funcione bien”, explicó. También admitió que solía ser fanático del ananá, pero la eliminó completamente de su dieta.
La previsión es fundamental. “Siempre llevo mi comida conmigo cuando viajo, incluso para jugar golf. Mi prioridad es tener lo que necesito para sentirme bien y no me importa el aspecto al hacerlo”, comentó.
Evolución de la dieta a lo largo de dos décadas
El jugador relató cómo su relación con la comida se transformó desde sus inicios en la liga. “Cuando llegué, tenía diecinueve o veinte años. Paraba en restaurantes de comida rápida antes del entrenamiento y pedía varias papas hash brown y un jugo de naranja grande. Mi debilidad siguen siendo las papas fritas”, reconoció a Men’s Health.

Con el paso del tiempo esa lógica fue quedando atrás a medida que entendía el impacto de la nutrición en el rendimiento y la recuperación. El punto de inflexión llegó casi una década y media después de su debut. “En 2019, comencé a comer completamente a base de plantas y experimenté cómo el cuerpo se adapta y cambia”, resaltó.
Ese proceso no solo implicó eliminar ciertos productos, sino también ampliar su repertorio alimentario. El basquetbolista admitió que antes evitaba ingredientes como la palta, pero hoy forman parte habitual de su menú: “Mi paladar sigue cambiando, pero hay que tener apertura y adaptarse”.
Gestión de tentaciones y antojos
Aunque sostiene una rutina alimentaria estricta, admite que no todo es rigidez. Su placer culpable sigue siendo el postre. “Me encantan los churros, cualquier cosa con canela. Por eso intento ser consciente y compenso para poder darme ese gusto”, reconoció durante la entrevista con Men’s Health.
Esa misma lógica de equilibrio se refleja en sus hábitos cotidianos. Cuando aparecen antojos fuera de horario, opta por alternativas más livianas y naturales. “A medianoche, si necesito un bocadillo, voy por fruta: arándanos o, sobre todo, uvas”.

En cuanto a las fuentes de proteína, su elección también responde a esa transición hacia una alimentación más controlada. “Como pescado de vez en cuando. Desde 2019, no he comido pollo”, afirmó.
Rutina física y entrenamiento específico
El jugador de 40 años describió el inicio de sus sesiones en el gimnasio: “Lo primero que hago es sentarme con el rodillo de espuma y dejar que la gravedad me ayude. Respiro, medito un momento y preparo el cuerpo”. La constancia es central en su método. “Levanto pesas casi todos los días”, remarcó.
Los estiramientos son parte esencial: “Sufrí lesiones al principio de mi carrera. Ahora uso una pelota y un rodillo de espuma cada vez que viajo. Estiro constantemente, antes de entrenar y muchas veces antes de acostarme”.

El tipo de entrenamiento variaba según el momento de la temporada a lo largo de su carrera. “Durante los partidos, hacía activaciones más ligeras, pero en pretemporada levantaba mucho peso. Mi entrenador y yo buscábamos romper la monotonía para mantener la competitividad”, explicó.
Adaptación y motivación frente al paso del tiempo
La evolución en su entrenamiento fue determinante para reducir lesiones con el paso de los años. Con el tiempo, entendió que el envejecimiento exigía un ajuste en las cargas y en la forma de trabajar el cuerpo. “A medida que envejezco, tengo que levantar más pesas. Eso me hace sentir fuerte y listo”, subrayó.
Sobre el grupo muscular preferido, fue claro: “Probablemente sean las piernas y los glúteos, porque de ahí viene toda tu potencia. El core controla todo tu movimiento. Terminamos cada sesión activándolo porque necesito saber que está preparado para cualquier actividad”.

En esa búsqueda de equilibrio entre constancia y renovación radica uno de los mayores desafíos de una carrera extensa. “Hay una parte de la monotonía con la que hay que enamorarse, pero también hay que estar dispuesto a cambiar, adaptarse e ir añadiendo novedades para seguir disfrutando”, comentó.
Recuperación y salud mental
Paul atribuye gran parte de su bienestar integral a los rituales que incorporó fuera del entrenamiento formal. Para él, la recuperación no es solo un proceso físico, sino también un espacio de equilibrio mental.
“Cuando entro al sauna o a la luz infrarroja, es mi momento para desconectar. Sin teléfonos, solo yo y mis pensamientos. Lo necesito para mi proceso mental”, aseguró.
Esa dimensión introspectiva se complementa con una rutina estructurada que busca optimizar la regeneración muscular. Su método combina distintas prácticas que cierra siempre de la misma manera: “Después de entrenar y la nutrición, suelo terminar con una inmersión en agua fría. Estas experiencias ayudan no solo al cuerpo, sino a mantenerme centrado”.







