El crítico momento de un ex ídolo de Boca y verdugo de River tras salir de la cárcel: “Es prácticamente un indigente”

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Jorge Comas gritando un gol de Boca contra River y una foto actual, jugando en un equipo senior en México

La historia de Jorge Alberto Comas es digna de un personaje de ficción estereotipado salido de un cuento futbolero del Negro Fontanarrosa, Osvaldo Soriano o Eduardo Sacheri, aunque con un tinte más crudo en su decadencia, con una caída más pronunciada. Comitas, aquel entrerriano que supo hacer felices a los hinchas de Boca Juniors en una época de sequía para el club de la Ribera, como fueron los finales de los 80, y que amargó varias veces a River con distintas camisetas, hoy vive penurias en México. A poco tiempo de haber salido de la cárcel, luego de casi tres años de detención, transita las calles de Veracruz al borde de la indigencia.

A mediados de 2021, Comas fue arrestado por la Policía local después de golpear salvajemente a una vecina dentro del condominio “Corsario” ubicado en la acaudalada zona de Playa de Oro, Boca del Río, en donde tenía su casa. Lidia Villagomez, víctima de la agresión, contó públicamente que el ex futbolista le había tirado un vaso de cerveza que llegó a esquivar y luego le asestó varios golpes de puño en el rostro aun con sus anteojos puestos. El argentino había sido demorado anteriormente por golpear a policías que acudieron al lugar por otras denuncias, como una por abusos y maltratos contra otra mujer de la residencia. También había registrado antecedentes en 2012 por agresión y amenazas a un reportero de Veracruz y en 2016 por agresión contra otra persona dentro de un famoso restaurante de la ciudad.

Aunque este medio intentó comunicarse con Comas, fue imposible. Incluso porque el jugador surgido en Colón de Santa Fe, que también brilló en Vélez Sársfield y se retiró en el Sabalero en 1994 tras su inolvidable paso por el fútbol mexicano, perdió contacto con amigos y familiares directos. De hecho, la relación con sus nueve hijos no sería la mejor, según gente que lo frecuentó en los últimos meses, por la venta y reparto de algunas propiedades.

Jorge Comas en un Argentina-Brasil en los Juegos Olímpicos de Seúl 1988

Desde Boca le tendieron una mano: un ex compañero de los tres planteles que integró desde 1986 hasta 1989 estuvo al tanto de su situación judicial y hasta dialogó con el embajador y el consulado argentino en Veracruz para que estuviera encerrado en las mejores condiciones posibles y se contemplara una salida anticipada de prisión, algo que finalmente ocurrió (quedó en libertad en 2024 y no llegó a cumplir tres años de los cinco que le habían dado en una celda de 16 metros cuadrados dentro del Penal de “La Toma” Amatlán de los Reyes).

Diego San Román, periodista de XEU Deportes, cadena que hace casi una década lo había entrevistado en sus estudios, dio detalles del pálido presente de Comitas en Veracruz: “Su actualidad es muy triste. Fue sentenciado a prisión porque golpeó muy feo a una vecina y ya tenía antecedentes. Jorge es una persona que ha sufrido con los vicios, principalmente con el alcohol. Tiene muchos años siendo un alcohólico. Hoy está acabado, lo invitan a jugar algunos partidos al fútbol llanero, que es el amateur de los fines de semana. Le invitan el pasaje y las cervezas. Obviamente, a su edad (65), tampoco derrocha talento”.

Comitas es considerado ídolo por muchos fanáticos xeneizes que recuerdan sus gambetas endiabladas y latigazos con pierna zurda a fines de los 80, cuando convirtió nada menos que 63 goles en 126 partidos. Por diferencias con la dirigencia presidida por entonces por Antonio Alegre, se marchó al fútbol mexicano para vestir la camiseta del Veracruz, donde rápidamente causó furor por su fútbol y su corte de cabello (corto arriba y con melena), que fue replicado por muchos jóvenes que lo idolatraron desde un inicio. Arribó a Tiburones de Veracruz junto al Patón Edgardo Bauza y el Negro Omar Palma, otros futbolistas experimentados que causaron una revolución en la ciudad por el fútbol de alto vuelo que generaron en cada presentación. El estadio se llenaba y este equipo casi veterano se imponía ante los gigantes mexicanos. En 1990, le ganó 4-2 un amistoso al Real Madrid de Emilio Butragueño y Hugo Sánchez. Hasta hoy se recuerda a esa época como la “Tiburomanía”.

El clan argentino en Veracruz: Omar Palma, Jorge Comas, Jorge Gabrich y el Patón Bauza

Comas se despegó claramente del resto por su calidad y goles, al punto tal de quedar en el podio de la historia de la institución con un total de 75 gritos, solo detrás del brasileño Mariano Ubiracy (98) y el mexicano Raymundo González (77). Es el segundo máximo ídolo de la historia de los Tiburones detrás de Luis Pirata Fuente, campeón en la década del 40 y ex integrante de la selección mexicana (el estadio de la localidad de Boca del Río lleva su nombre). El apellido Comas marcó a una generación de jarochos, como se denomina a los veracruzanos. Por eso es que durante más de dos décadas, el argentino deambuló entre los terrenales como una especie de semidios del fútbol.

Durante su época de apogeo en Boca, había sido convocado por Carlos Pachamé para los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, donde disputó todos los minutos en las cuatro presentaciones de la selección argentina, incluida la de cuartos de final con derrota 1-0 ante Brasil y eliminación. Antes, protagonizó un frustrado paso al fútbol europeo que lo pinta como personaje y dio origen a su particular cabellera. Fue a mediados de los 80, cuando sobresalía en Vélez: “Tenía 20 años y me quiso comprar el Lecce de Italia. Al presidente (Ricardo Petracca) le dijeron ‘me gusta ese, pero hay que cortarle el pelo’. Entonces me dijo que me lo cortara porque no me iba a ir. Yo me lo corté cortito arriba, pero me dejé la colita y me la escondí adentro de la camisa para que no se viera. Firmamos el contrato y, cuando el italiano me vio el pelo, le dijo al presidente de Vélez ‘a este indio no lo llevo’. Ahí me gustó y me lo dejé”.

“Conmigo siempre hay un problema, si no es uno es otro… Tengo un temperamento feíto. Siempre estaba en el club, pero me suspendieron por un chisme: todo el mundo me tilda de borracho, pero yo odio a los borrachos. Tomar una cervecita o un vinito es diferente a ser borracho», declaró en una de las pocas entrevistas que concedió tras uno de sus primeros altercados públicos. En medio, siempre merodeó al club Veracruz como formador de juveniles y hasta consejero de la directiva.

Comitas junto al futbolista argentino Keko Villalba, justo antes de la desafiliación de Tiburones de Veracruz: al tiempo sería arrestado

En sus últimas apariciones públicas, se mostró absolutamente consciente e incluso arengando a los más jóvenes a hacer deporte y a las autoridades locales y del club a abrirles las puertas para que no cayeran en la “mala vida”. Sin embargo, sus luces se fueron apagando a la par del descalabro institucional de los Tiburones, que fue desafiliado de la Federación Méxicana de Fútbol en diciembre de 2019 por una deuda millonaria. Un mes antes, los jugadores del plantel profesional hicieron una huelga por falta de pagos, a la que el propio Comas cuestionó: “Yo jugué en Boca, el mejor club del mundo, y estuve un año y ocho meses sin cobrar, pero salí goleador. Cuando uno entra a la cancha, se olvida del dinero y de todo. Yo di la vida por Boca y mi premio fue llegar a México y a Veracruz, que pagó mi deuda. Cuando jugaba en Boca, vendía pantalones, chamarras, fruta y carne para alimentar a los cuatro hijos que tenía. Era muy diferente a la clase de jugadores que hay hoy. Le pido a Dios que no desafilien al equipo porque yo soy Tiburón de corazón”.

Con la desaparición de Tiburones, murió una parte suya. Y eso seguramente lo afectó y llevó a desbarrancar. Después de recuperar la libertad a fines de 2024, su panorama no pasó a ser demasiado alentador. “Es una persona que está perdida en el vicio, puedo decirlo porque lo vi hace algunos días. Te lo encuentras casi todas las tardes caminando por las calles de Veracruz con una botella o lata en mano. Es un tipo sumamente agresivo, no te puedes acercar a él. Hay mucha gente que lo tiene como ídolo porque fue una de las máximas figuras del equipo que ya no existe, lo reconocen e intentan saludarlo, pero él es extremadamente grosero y es imposible tomarse una foto. Te manotea, te insulta, te dice cosas y no permite que te acerques”, contó el reportero veracruzano Diego San Román.

Comitas despunta el vicio por el fútbol en un equipo senior los domingos

Un día después de salir de la cárcel, el entrenador de arqueros Alejandro Nato Sánchez le abrió las puertas para que se sumara a trabajar en su predio. Comas, que recurrió a él por ser uno de los pocos que le atendió el teléfono cuando estaba en la cárcel, arrancó motivado con su nueva ocupación junto a juveniles a los que aconsejaba día a día. Sánchez consiguió gente que le compró zapatos e indumentaria, ya que no tenía con qué vestirse. Además, un amigo suyo le pagó la renta de un departamento, ya que el propio Chavo (mote que adoptó en tierra azteca) le había confesado que sus hijos habían vendido dos departamentos que tenía en el condominio donde fue detenido en 2021, más otras oficinas y propiedades con un poder que él les había otorgado. Sánchez incluso lo ubicó en un equipo senior que le daba un viático por partido jugado cada domingo.

“Noté que empezó a molestarse cuando los padres de algunos chicos se le acercaban a pedirle una foto. Terminé molesto con él porque creyó que yo quería hacerme publicidad con su imagen. Yo le comenté que me habían hablado medios de Argentina y México que estaban buscándolo, pero jamás hablé con ninguno porque no es mi estilo. Un día me habló muy enojado y faltando el respeto diciendo que estaba vendiendo notas a costa de su nombre. Me molesté mucho y le pedí que no se acercara más porque ya no lo iba a ayudar. Lo he cruzado, pero prefiero darme la vuelta. Su estado no es nada bueno, anda con el pelo largo, despeinado, su aspecto es muy malo. A la gente ya le da miedo acercarse a él porque la rechaza”, le contó a Infobae Nato Sánchez, uno de los últimos en publicar una foto junto a Comitas.

Alejandro Nato Sánchez junto a Jorge Comas, a horas de su salida de prisión

San Román, que lo cruza asiduamente por las calles de Veracruz, relató en primera persona que no hay chances de generar diálogo directo con él: “Hemos intentado acercarnos en reiteradas ocasiones y es imposible porque está totalmente fuera de sí. Es un tipo que nadie sabe dónde vive. Antes de ser detenido, vivía en una casa que le regalaron cuando era futbolista. A raíz del conflicto que tuvo con su vecina, le dieron una orden de restricción y tengo entendido que no vive más allí. Lo he visto por la zona, pero es una persona que está prácticamente siendo indigente. Tendrá dos o tres playeras, un short y zapatillas. No tiene nada, es un tipo que perdió totalmente la cordura”.

A menudo, por las playas veracruzanas, se lo ve a Comas caminando o haciendo ejercicio y los fanáticos que lo tienen como ídolo se aguantan las ganas de acercarse debido a sus habituales cabreos. A lo sumo, desde lejos, lo saludan y vitorean. “La gente lo quería mucho, pero él se quedó solo. Está pagando andar solo y que la gente le haya perdido cierto cariño. Jorge era nuestro ídolo, hubiera sido gobernador de la ciudad si hacía las cosas bien y hubiera querido, pero él vivió así, fue así y todo lo bueno que hizo dentro de una cancha no lo hizo afuera”, fue la última reflexión de Sánchez.

La gloria y el ocaso de una figura que el fútbol argentino y mexicano jamás olvidará.

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