
El Gobierno esperó el dato a la baja de la inflación de abril con la esperanza, repetida, de empezar a dar vuelta la página política. En otro renglón de su agenda semanal, aunque significativo, aparecía un acto oficial, en Mendoza, para celebrar la primera coronación de un proyecto RIGI. En los dos casos, el microclima de Olivos terminó mostrando su efecto corrosivo. Javier Milei festejó el IPC del mes pasado pero lo consumió volviendo a la carga contra el enemigo fabricado en la narrativa violeta, es decir, “la” política, empresarios y, por supuesto, periodistas. Casi en simultáneo, se producía otra muestra de sostenimiento de Manuel Adorni, esta vez como único representante del Gobierno en el escenario mendocino, algo que generó malestar local y hasta el desplante de un jefe comunal.
Las dos son expresiones de un grado creciente de ensimismamiento político. Algo parecido expone la cerrada reacción del Gobierno frente a la masiva marcha universitaria del martes pasado. También, la tensión ampliada de la interna, que llega al punto de descolocar a los bloques legislativos de LLA en la relación con socios. Se trata de disputas que suman desgaste al efecto provocado por el caso Adorni, un punto que habría asomado como inquietud en los contactos que acaba de mantener Santiago Caputo en Washington. Ese temario, por supuesto, fue dominado por la cuestión China, pero no excluyó el cabotaje.
El número de la inflación de abril era esperado por el Gobierno como un dato oxigenante. Y tal como anticipaban relevamientos privados, marcó un quiebre después de diez meses seguidos al alza. Fue 2,6%, una cifra nada menor y que, con el andar, expondrá si marca el inicio de un declive sostenido o establece una “meseta” nueva, en torno a los 2 puntos porcentuales. Por lo demás, la inflación dejó atrás en un cuatrimestre la cifra establecida en el Presupuesto 2026: acumula ya un 12,3%, mientras la proyección del texto presupuestario fue del 10,1% para todo el año.
Con todo, la cifra del último IPC no fue parte de un mensaje para tratar de mejorar las expectativas, sino que alimentó una nueva andanada de Milei, reducida al libreto de batalla. “Retomando la normalidad. A pesar de los intentos golpistas de la política (y sus socios del círculo rojo) y el shock externo, la inflación retoma el sendero descendente”, escribió en X. Llamativo: al menos en versión conspirativa, sostuvo que la inflación no sería un fenómeno de origen exclusivamente monetario.
Después, en su paso por canales amigos, el Presidente buscó moderar el sentido triunfalista de su primera reacción y sostuvo que el éxito o verdadero alivio se produciría cuando el IPC marque cero. Igual, Milei volvió sobre la idea de que la escalada inflacionaria fue consecuencia de una “intento” golpista. Y en otro ramal de declaraciones, cargó sobre la oposición y retomó descalificaciones a periodistas, que hace rato superaron todos los límites y en el último capítulo apuntó contra Débora Plager, de LN+.
Los insultos -contra opositores, economistas, periodistas- son la expresión tal vez más clara pero no única del modo de ejercer el poder. Y se trata de una práctica que se viene agudizando en estos meses adversos, especialmente por la situación del jefe de ministros. La defensa del funcionario lo llevó a exponer el mismo grado de cerrazón y tono duro frente a la primea línea del oficialismo. La última entrega dejó además una promesa presidencial: dijo que Adorni presentaría en breve su declaración jurada. Hasta ahora no ocurrió.

En una sucesión que comenzó a mediados de marzo, el monotema Adorni es alimentado por los dos mismos ingredientes: el respaldo sostenido de Olivos -es decir, del Presidente y de Karina Milei– y la serie de elementos que suma la investigación sobre el patrimonio del funcionario. En los últimos días, a los renglones de propiedades, refacciones y viajes, se agregaron sospechas sobre billeteras virtuales y, en particular, operaciones con criptomonedas. Eso va de la mano con las versiones sobre una citación a declaración indagatoria.
Cada vez más, el problema para el oficialismo es el efecto inverso del respaldo a Adorni. Hace rato pasaron a ser irrelevantes las reuniones de gabinete o de “mesa política” difundidas como gestos de sostenimiento del funcionario. Y alguna cita, como la última, ni siquiera mereció la distribución de fotos. Al revés, lo que viene ocurriendo es que algunos gestos terminan siendo negativos.
El referido acto en Mendoza ilustra el momento. Tenía el sentido de destacar la inauguración del parque solar El Quemado, en Las Heras. Contra lo que se esperaba, no viajó Luis Caputo. Y, a pesar de algunos deseos locales, ya era sabido que no viajaría el Presidente. Adorni se convirtió en el único representante nacional y, visto así, cualquier gesto iba ser interpretado como una señal de apoyo o de reparo. No se lo vio cómodo al gobernador Alfredo Cornejo, aliado del gobierno nacional. Y el intendente local, Francisco Lo Presti, evitó subir al escenario.
La trama de la serie inaugurada por el jefe de Gabinete hace más de dos meses tiene impacto en la interna y afecta desde la gestión hasta el Congreso. En Economía lamentan no poder explotar datos o anuncios. En rigor, algunos pasan casi inadvertidos. Pero el punto más sensible es el impacto de la situación política -sobre todo y últimamente, del oficialismo- en el análisis reservado de consultores y en el mundo empresarial, no sólo financiero.
No se trataría sólo de “ruido”. Algunas jugadas internas también afectan la actividad -escasa- del Congreso y la relación con jefes provinciales. La tensión de Karina Milei con Patricia Bullrich -que registra un nuevo pico desde de que la ex ministro apuntara contra Adorni reclamando que aclare su situación patrimonial- puso en crisis un acuerdo con aliados y socios -PRO, UCR, provinciales- para avanzar en el tratamiento de reforma electoral. La lógica de las negociaciones -modificaciones o desglose del texto original- fue frenada por Karina Milei, bajo la consigna de no ceder y mantener la letra del Ejecutivo. Final abierto, claro, aunque con renovada señal de cerrazón de Olivos.
Otro ejemplo: la designación del “karinista” Sebastián Pareja al frente de la comisión bicameral encargada de fiscalizar las actividades de la SIDE, que maneja una considerable y discrecional caja, y que por ahora Santiago Caputo mantiene en su órbita. Esa es una parte de la lectura. La otra es que dejó en el camino la promesa del cargo para Cristian Ritondo, pieza clave en el armado de Diputados. Y por encima de todo, asoma la señal de Olivos con claridad: se refuerza el alineamiento sin vueltas. Eso incluye la defensa del jefe de Gabinete.
Ocurre que, hacia afuera, no todo se traduce del mismo modo. Lo dicho: el respaldo a Adorni suma señales de efecto inverso. La semana cerró con una nueva reunión del Presidente y su funcionario. Nada nuevo ni gravitante. A Olivos también fue convocado Pablo Quirno. Y eso mismo alcanzó para condimentar el día con renovadas especulaciones sobre reemplazos para la jefatura de Gabinete, rechazadas hace poco y de manera enfática por el Presidente. Todo hace al clima.






