El DipuTesla y la obscenidad de contar dinero delante de pobres

0
57

Manuel Quintar llegó al Congreso en una Cybertruck de 300 mil dólares mientras se lo acusa de direccionar fondos del PAMI. Su exhibición no es solo vulgaridad: es el síntoma de una «moral de Estado» que se desmorona.

De kirchnerista a libertario, de proveedor del Estado a legislador, de amigo de Milagro Sala a hombre de confianza de Karina Milei. La historia del diputado jujeño que estacionó su Tesla en el Congreso desnuda las contradicciones de un gobierno que se proclamó moralizador y hoy enfrenta su propio espejo.

El DipuTesla llegó al Congreso el miércoles 13 de mayo de 2026. Pero antes de contar esa historia, debo confesar algo: hay una máxima periodística que indica que «lo que no ocurre no es noticia». El periodismo debe informar sobre hechos concretos, afirmaciones y sucesos. Comenzar con un «no» suele resultar abstracto, confuso para el lector, y debilita el impacto informativo desde el primer segundo; o sea: nunca hay que comenzar con un «no». Dejando en claro esto, voy por mi «no», pues como buena oveja negra, a la regla la dejo en espera. Mi «no»: no me gusta el uso de una camioneta como vehículo urbano o suburbano. Creo que hasta lo detesto. No tengo problemas si quien usa una camioneta trabaja al cien por ciento en el campo o tiene actividades laborales vinculadas a la logística, pero cuando el poseedor de un aparatoso vehículo vive en un barrio cercano a la ciudad o en la ciudad misma, me invaden los más oscuros sentimientos.

«Cuando el país cuenta monedas, exhibir trescientos mil dólares en forma de esperpento futurista no es libertad: es una fractura.»

Sentada mi posición con respecto a las aparatosas 4×4 —y aclaro que mi cuestión con dichos dispositivos no es cosa de envidia, sino de una sensación incómoda de que hay algo que no cierra—, va mi preguntita (¿vieron cómo soy?): ¿qué necesidad real satisface un vehículo pensado para la tierra agreste cuando su dueño solo recorre asfalto o algo de ripio compactado? En una ciudad pequeña como la mía, con calles angostas y vida de proximidad, esos mamotretos ocupan un espacio que no les corresponde, como si sus dueños dijeran sin palabras: «mis deseos pesan más que los de todos».

Con todo lo enunciado, se podría decir que debería excusarme de siquiera nombrar el tema del DipuTesla… pero no: con más razón, me voy a ocupar del tema, porque tengo —y he dejado— una posición clara, y además porque la Cybertruck no solo es una camioneta; o sea, un vehículo aparatoso, sino que además es una aberración estética. Es todo lo que está mal desde el punto de vista del diseño automotriz, es todo lo que está mal desde la disciplina del Arte y el Diseño. Con lo que hoy, frente a la Cybertruck de Manuel Quintar en el Congreso, esa incomodidad que me producen esos vehículos regresa, pero multiplicada por el contexto. Ya no es solo una cuestión de espacio en la calle, ya no solo es una cuestión de diseño: es una cuestión de espacio moral. Cuando el país completo cuenta monedas para llegar a fin de mes, exhibir trescientos mil dólares en forma de esperpento futurista poco y nada tiene que ver con la libertad y se configura en una verdadera fractura.

El diputado Manuel Quintar, de La Libertad Avanza en Jujuy, llegó al estacionamiento del Congreso el miércoles 13 de mayo de 2026 en su Tesla Cybertruck. La imagen dio la vuelta al país: el legislador posando junto a su vehículo angular, con frases provocativas como «Con la mía» y alusiones ofensivas a sus adversarios políticos. Lo que Quintar no dijo —o tal vez no necesitó decir— es que esa camioneta, que más se parece a un lavarropas con ruedas, es mucho más que un automóvil: es un enunciado de poder. Y cuando ese enunciado se hace en un contexto de estrechez económica colectiva, la situación en su conjunto es una verdadera patada —no cachetada, patada— en la cara del pueblo argentino, en la cara de la Patria.

«Este diputado que hoy exhibe su Cybertruck como trofeo de la ‘batalla cultural’ libertaria fue, hasta hace poco, candidato del Frente de Todos.»

Ya vuelvo con Quintar y su engendro con ruedas. Quiero ir con esto antes de que la idea se me escape: existe un concepto en psicología del consumo que se llama compensación simbólica: objetos que no se eligen por su función, sino por lo que proyectan, por lo que significan o por la falta que suplen en el propietario. Más claro: «échale agua», diría Doña Guillermina. Una camioneta enorme en la ciudad, propiedad de alguien que vive y trabaja en la ciudad y que no transporta mercaderías —es decir, que no transporta carga—, transporta, entonces, una narrativa de poder, una narrativa de invulnerabilidad, de «yo ocupo espacio porque puedo, porque quiero, porque sí». No es un vehículo: es un enunciado.

Vuelvo con el señor diputado de la Nación. En el caso de Quintar, ese enunciado tiene capas de contradicción que lo vuelven obsceno, insultante y aberrante. Porque este diputado que hoy exhibe su Cybertruck como trofeo de la «batalla cultural» libertaria fue, hasta hace poco, candidato del Frente de Todos en Jujuy. Se lo traduzco: kirchnerista. Sí, del partido, agrupación o fuerza política que en conjunto, según el presidente, su actual defensor y líder del espacio que lo cobija, Javier Milei, los «K» se robaron 7 puntos del PBI anualmente por cada año que estuvieron en el poder. Quintar, en su CV, puede señalar que ocupó el undécimo lugar en la lista del Partido Justicialista en 2021, en un espacio que defendía a Milagro Sala y reclamaba el fin de su «detención arbitraria».

Pero hay más. La familia Quintar es dueña del Sanatorio Los Lapachos en Jujuy, y fue allí donde Milagro Sala estuvo internada del 27 de junio al 11 de julio de 2022 por un cuadro de trombosis venosa. Durante su convalecencia, el entonces presidente Alberto Fernández la visitó y se tomaron una foto que hoy resulta incómoda para todos los involucrados. Desde el gobierno del radical Gerardo Morales se dijo que la internación se había efectuado apenas horas antes de que Sala volviera a cárcel común, y se divulgó la versión de que esto se debía a una decisión política de Manuel Quintar, basada en sus vínculos preexistentes, que buscaba entorpecer el trabajo de la justicia para favorecerla.

La Cybertruck es la culminación de esa anomalía: un electrodoméstico angular que elimina el romanticismo de la máquina para reemplazarlo por pura ostentación intimidante.

«Lo que molesta no es que alguien tenga una camioneta. Es que la tenga sin necesidad, en un contexto donde el espacio, los recursos, la dignidad, son escasos.»

Si tu cuota soportable de asco ha llegado a su límite, puedes dejar la lectura aquí. Pero si todavía tu capacidad de soportar la incoherencia, el disparate, el extravío y la desvergüenza tiene espacio, puede seguir; claro está que por tu cuenta y responsabilidad. Ni yo ni este medio te vamos a proveer del antiácido que puedas llegar a necesitar al finalizar la lectura de esta nota.

Sigamos, pues, porque nos debemos una mirada que sobrepase lo personal y se instale desde lo colectivo. Porque lo que molesta no es que alguien tenga una camioneta. Es que la tenga sin necesidad. Sí, ya sé que con la tuya podés hacer lo que se te dé la gana, y en eso estamos de acuerdo, pero en este caso puntual, Quintar no la está haciendo con la suya… ¿o sí? El dato que transforma la ostentación en escándalo es que Quintar es proveedor del PAMI, la obra social de los jubilados. Aquí es donde la estética se encuentra con la ética: si un legislador que Vive del Estado exhibe un bien de lujo desproporcionado, la pregunta sobre el origen de esos fondos se vuelve ineludible. La de él sale de la de nosotros. Actúa como casta, tiene color de casta, habla y se mueve como casta; entonces, es…

Y esa pregunta encuentra una respuesta incómoda en una denuncia presentada en octubre de 2025 por el periodista peronista Facundo Pérez Ernst ante la Fiscalía Federal de Jujuy. El escrito judicial no solo acusa al legislador de liderar una asociación ilícita para desviar fondos millonarios del PAMI, sino que explica cómo supuestamente se hizo: utilizando su peso político para convertir a su propio clan en el principal beneficiario de la obra social. Según la acusación, la maniobra habría beneficiado directamente a la Clínica San Francisco —de propiedad de su esposa— y a una cooperativa médica reactivada exprés por su prima, todo ello orquestado desde el PAMI local gracias a la designación de un ex administrador del Sanatorio Los Lapachos como titular de ese organismo. El engendro metálico estacionado en el Congreso ya no es solo un mal gusto: es la vitrina de un presunto desvío de recursos públicos que imputa a su entorno por delitos de fraude, tráfico de influencias y negociaciones incompatibles.

Un año después de la famosa internación de Sala en el Sanatorio Los Lapachos, durante el armado de la campaña presidencial de 2023, Quintar desertó de sus principios, traicionó a su espacio y huyó hacia las filas de La Libertad Avanza en Jujuy. Este pase fue gestionado directamente por Carlos «Chino» Kikuchi, el principal armador nacional del espacio en el interior del país, y por Karina Milei, «la jefa» de la estrategia política de la fuerza libertaria. Vieron en el empresario médico jujeño la figura ideal para estructurar la boleta partidaria en el norte de la Argentina, y desplazaron a las facciones liberales originarias de la provincia para darle el control total del armado local. Así llegó a la candidatura que lo consagró como diputado nacional y hombre de confianza de la secretaria general de la Presidencia en la provincia.

«Milei se puso la vara muy alta en el terreno de la probidad moral, sin siquiera esforzarse un poquito en imponerse controles institucionales.»

El presidente Javier Milei defendió a Quintar bajo el argumento de que «cualquiera que tenga el dinero lícito puede comprarse lo que se le ocurra». Y tiene razón, en abstracto. Se olvida de algo que él mismo proclamó en su discurso de inauguración de sesiones legislativas el 1 de marzo de 2026: que en su Gobierno rige un canon moral que es la síntesis de toda la cultura occidental, desde los griegos hasta los valores judeocristianos, pasando por «la rectitud de los estoicos». Como bien analiza el historiador Marcos Novaro en Infobae: «Milei se puso la vara muy alta en el terreno de la probidad moral, sin siquiera esforzarse un poquito en imponerse controles institucionales al respecto; quiso encarnar valores indiscutibles e infinitamente superiores a los de sus adversarios, pero a la vez arrogarse todos los derechos del conquistador victorioso, que no rinde cuentas más que ante la historia».

Algo así ya le sucedió en su momento a la Alianza: bastaron un par de escándalos de corrupción, y un corto tiempo, para que pagara un precio mucho mayor del que tuvo jamás que enfrentar el menemismo por diez años de latrocinios descontrolados. Si bien en menor medida, también fue el caso de Mauricio Macri: todavía anda dando explicaciones por las escuchas ilegales y el caso del correo. Con esos antecedentes debió haber bastado para saber que si vas a andar con el dedito levantado y tildar al resto del mundo de «casta inmoral», conviene que te cuides de incurrir en conductas semejantes a las que impugnas. Y para eso no alcanza, ni siquiera es conveniente, confiar en la superioridad moral de tu persona y las personas que te acompañan.

El caso del DipuTesla no es un episodio aislado. Es una pieza más del colapso de la «moral como política de Estado». Enumeramos para que refresquemos la memoria: el caso $Libra, que echó luz sobre el involucramiento del presidente y varios otros funcionarios en un negocio cripto que difícilmente podía justificarse en términos utilitarios o de valores estoicos. Sigue el caso ANDIS, que mostró el uso de la compra pública de medicamentos para llenar las arcas del partido oficial. Y por estos días, el caso Adorni, cuyos viajes en aviones privados y compras de inmuebles sin fondos justificados dejan en un perfecto ridículo al gobierno. Como escribe Novaro en Clarín: «Lo que Adorni mostró es que para él, y puede que para muchos de quienes lo rodean, los valores son solo una farsa». Los que más festejan son Cristina Kirchner, Claudio «Chiqui» Tapia y compañía, que pueden decir ahora: «Vieron que no somos los únicos, todos hacemos lo mismo, no faltan corruptos ni mafiosos en estos pagos, solo faltan oportunidades».

Hay un famoso dicho que dice: «No cuentes dinero delante de pobres» Es una frase muy sabia. Y Quintar no solo lo contó: lo estacionó en el Congreso, lo fotografió, lo celebró. Rompió el pacto tácito de la decencia. Su gusto por esa «camioneta urbana» no es un capricho: es una brújula moral disfrazada de gusto personal. Y cuando esa brújula señala hacia la obscenidad de exhibir privilegios en un contexto de dolor, de escasez, de lisa y llanamente miseria, de un supuesto esfuerzo que todos haríamos para hacer a la Argentina grande, pero parece que los esfuerzos los van a tener que seguir haciendo los de la «no casta», con lo cual algo se está rompiendo por estos días en el país.

Cuando un jefe de trabajos prácticos con 20 horas de dedicación semanal —que los que estamos en la docencia sabemos que esas 20 horas terminan transformándose en 40 o mas horas— cobra menos de 500 mil pesos, de nuevo la idea del esfuerzo compartido se rompe. Cuando aparece un contratista del Estado que además es un funcionario público ostentando un esperpento automotriz de 300 mil dólares, no incomoda solo la estética del vehículo, no solo ofende la estética del diseño automotor. Se rompe la ética de la función pública. Se rompe el contrato social. Se rompe, en definitiva, la posibilidad de creer que este gobierno es diferente.

¿Cómo terminará el «DipuTesla»? el caso del «DipuTesla» es una evidencia más de que los grandes escándalos se inician con estupideces, con hechos que de buenas a primeras parecen insignificantes (Watergate es una muestra genial de esto que afirmo, googlee y dígame si no), indignan pero que no deberían pasar de ahí. Pero sucede que, en definitiva, son puntas de icebergs. Por ejemplo, lo de la AFA empezó por un premio otorgado en condiciones inapropiadas y terminó en el AFA-gate, un escándalo en el que se menciona que se habrían blanqueado fondos tanto para Milei como para Massa durante sus campañas. El caso Adorni empezó con una foto tomada por un periodista donde estaba la señora Adorni en un viaje en un avión presidencial. $Libra comenzó con un post en X, nada extraordinario. Y todo está ahí, desnudando mecanismos corruptos hasta la médula.

La historia de Quintar empieza con una Cybertruck. Y considerando que empieza a aparecer una trama de direccionamiento de prestaciones del PAMI en Jujuy hacia ciertas clínicas y empresas vinculadas a este señor, a su familia y a su entorno político, yo me pregunto quién más está embadurnado en todo este podrido barro que conforma La Casta. ¿Cómo terminará? La respuesta, como diría Borges, ya está escrita en algún lugar del porvenir. Solo falta que el tiempo la revele.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí