La selección total: Argentina escribió otra página inmortal ante Inglaterra

0
4

El festejo del final, de cara a los hinchas argentinos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Argentina construyó ante Inglaterra una de esas jornadas destinadas a atravesar generaciones. Por el rival. Por el contexto. Por lo que estaba en juego. Por haber llegado al minuto 85 perdiendo 1-0. Por la manera en que lo dio vuelta. Por Lionel Messi, que volvió a decidir sin necesidad de convertir y agrandó su leyenda como el máximo asistidor de la historia de los Mundiales. Y porque, probablemente, hayamos visto el mejor partido que alguna vez jugó la selección argentina en una Copa del Mundo.

Estamos en presencia del Mundial de los partidos épicos. El del sufrimiento convertido en combustible. Si había un rival capaz de despertar algo distinto era Inglaterra. Cuarenta años después de México 1986, Argentina volvió a escribir una victoria que excede lo deportivo y que quedará para siempre entre las grandes páginas de su historia.

Messi llevado en andas por sus compañeros luego de otro épico triunfo (Foto Reuters/Brett Davis)

A esta Selección le mojaron la oreja. Durante la previa se escucharon declaraciones de ex futbolistas ingleses asegurando que Inglaterra era superior, insinuaciones sobre supuestos favoritismos arbitrales y análisis que minimizaban el recorrido argentino. Eligieron provocar y desafiar a un equipo que hace tiempo convirtió cada cuestionamiento en energía competitiva. Y la respuesta llegó donde más duele: dentro de la cancha.

Porque lo primero que hizo Argentina fue no perder la calma. El gol inglés no alteró el plan. Hubo convicción, que ya se había visto incluso antes del comienzo, cuando el himno fue cantado con una emoción pocas veces vista. El partido empezó mucho antes del pitazo inicial y este grupo lo entendió desde el primer minuto.

Con la ventaja, Inglaterra prácticamente desapareció. El equipo de Lionel Scaloni monopolizó la pelota, empujó al rival contra su área y fue encontrando caminos para romper un bloque cada vez más hundido. Entendió que si el rival cerraba todos los espacios interiores había que insistir desde media distancia. El fútbol siempre deja señales. Enzo Fernández probó una vez. Después otra. Y otra más. Hasta que la cuarta terminó adentro. Era el empate, pero también el anuncio de que el partido ya tenía dueño.

Scaloni y su cuerpo técnico, artífices de un equipo histórico (Foto Reuters/Brett Davis)

Estos partidos cargados de emoción también se explican (se deben explicar) desde lo futbolístico. Scaloni volvió a demostrar por qué es uno de los entrenadores más influyentes del fútbol moderno. El ingreso de Giuliano Simeone por Rodrigo De Paul buscó corregir el carril derecho, uno de los sectores donde Argentina había mostrado mayores dificultades durante el torneo. El equipo ganó intensidad, recorrido y agresividad, aunque el gol inglés había llegado justamente tras una desatención defensiva de Nahuel Molina.

La reacción del entrenador fue inmediata y decisiva. Inglaterra no supo administrar la ventaja. Se refugió demasiado temprano y le entregó la iniciativa a un rival que nunca dejó de creer. Entonces apareció el movimiento que cambió la semifinal: el triple cambio de Scaloni. Sacó a Leandro Paredes, que estaba teniendo un buen partido, retrasó definitivamente a Enzo Fernández para darle mayor claridad desde el inicio de la jugada y devolvió a De Paul a la cancha para atacar por afuera, ensanchar el campo, cargar de centros el área y sumar remates de media distancia.

Con Inglaterra defendiendo con una multitud de camisetas blancas dentro del área, el entrenador detectó otra necesidad. Faltaba presencia en el área. Entonces quitó a Tagliafico (siempre a la altura del partido) y ubicó a Nicolás González para recorrer toda la banda izquierda. Esa modificación liberó un espacio más para la aparición de Lautaro Martínez. El delantero hizo lo que hacen los grandes goleadores: atacar el lugar exacto. Su cabezazo quedará para siempre en la memoria del fútbol argentino.

Enzo Fernández, autor de un golazo para el 1 a 1 transitorio (Foto REUTERS/Dylan Martinez)

Pero quizás la imagen que mejor resume esta Selección llegó después. Nicolás González terminó jugando como lateral derecho. Julián Álvarez cerró como volante por izquierda. Todos defendían un objetivo. Esa flexibilidad táctica refleja algo mucho más profundo que un dibujo. Habla de un grupo que entiende que el sistema está por encima de los nombres, que cada futbolista puede sacrificar protagonismo si el partido lo exige. Cuando hay que jugar, juega. Cuando hay que correr, corre. Cuando hay que sufrir, sufre. Y cuando hay que ir a buscar la historia, la va a buscar.

Por eso este equipo ya trasciende cualquier análisis individual. Messi sigue escribiendo capítulos irrepetibles. Enzo volvió a aparecer cuando más se lo necesitaba. Lautaro marcó el gol más importante de su carrera con la Selección. Scaloni volvió a ganar el partido desde el banco. Pero nada de eso alcanza para explicar completamente lo que representa este grupo.

Hay una frase de la filosofía que parece escrita para esta Selección: el todo es más que la suma de las partes. Argentina ya no depende de un futbolista. Ni siquiera de Messi. Funciona como una totalidad.

Por eso esta puede ser recordada como la Selección total. La que volvió a eliminar a Inglaterra en un Mundial cuarenta años después de aquella tarde inolvidable de México. La que se clasificó a otra final del mundo. Y la que, quizás, nos regaló la actuación más extraordinaria que haya ofrecido la camiseta argentina en la historia de las Copas del Mundo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí