Cuando incluso Noam Chomsky dice haber sido engañado, ¿en quién podemos creer? La fe en la humanidad puesta a prueba por el caso más oscuro del siglo.
Hay secretos que el poder intenta sepultar bajo capas de silencio, dinero y amenazas. El caso Epstein fue uno de ellos. Pero hay una fuerza primigenia y más potente que cualquier conspiración: la verdad, ella tiene paciencia, ella no tiene prisa, y siempre —siempre— ella encuentra la manera de salir a la luz.
Un dedal y una pequeña cuenta, muy pequeña en su interior, fue la imagen que me atravesó el pecho hace unos días. ¿De qué hablo? De mi fe en la humanidad. Alguien importante para mi omitió (para mi es mentira) además de mentir y pensó que nunca me podría enterar y eso eso lo que sentí, que mi fe en las personas cabía en un dedal. Mi fe, construida con base en que la verdad es ante todo, se hacia muy chiquita, casi que desaparecía… Y si agitaba el dedal, hacía ruido. Un ruido pequeño, casi nada. Pero aún sonaba.
Para mi hay formas de engaño como la mentira o la omisión, mientras que para otros la omisión no es mentira, para mí son lo mismo. Este hecho sucedió cuando en paralelo, vengo haciendo un seguimiento muy cercano del caso Epstein. Los archivos que se liberaban. Los nombres que se mencionaban.
Y Me preguntaba: si incluso Noam Chomsky —una autoridad para todo profesional de la comunicación— fue engañado por Epstein, ¿en quién podemos creer? Pero esa no era la pregunta real. Era solo una reacción, una explosión emocional que se disfrazaba de interrogante. La verdadera quaestio de este texto iba a aparecer más tarde, mostrándose a sí misma, porque nada queda a la sombra. Y quién diría que la vieja escolástica, con su método de preguntar para llegar a la verdad, sería la llave.
«Nada hay oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a la luz.»
— Lucas 8:17 | Marcos 4:22 | Lucas 12:2-3
Tres evangelios, una misma promesa. La verdad asoma. Sale. Se muestra. Y por más que ciertos intereses y poderes hayan tratado de enterrar el caso Epstein —incluso con su dudoso suicidio en una celda de Nueva York donde la guardia «olvidó» pasar—, todo está saliendo a la luz. Nada queda oculto.
Jeffrey Epstein murió en agosto de 2019. Oficialmente, se suicidó. Hay cuatro muertes en esta historia que merecen una pregunta incómoda: Epstein es una, su socio francés Jean-Luc Brunel otra, Robert Maxwell (el padre de Ghislaine Maxwell, la operadora principal de la red y pareja de Epstein) muerto en circunstancias realmente oscuras y… Virginia Giuffre, una de las víctimas del depredador sexual y principal activista y denunciante de los casos de abuso.
En principio, cuatro muertes de actores determinantes en el caso que ocurren en circunstancias borrosas y que me hacen un ruido para nada pequeño, un gran ruido no como la figura con la que comencé esta crónica; esa pequeña cuenta de metal en el dedal.
The New York Times reveló que Steve Bannon —el ideólogo del MAGA, el arquitecto político de Trump— asesoró a Epstein en 2018 y 2019 sobre cómo manejar las acusaciones de pedofilia según quedó revelado por este medio y por otros Bannon le dio tres recomendaciones documentadas: «refutar las acusaciones, desmantelar la narrativa» y, la más cínica, reconstruir su imagen de filántropo. Bannon le habría dicho a Epstein: «Compensa la acusación donando un cuadro al Guggenheim». Nada más ni nada menos que el uso de un supuesto «bien» o «bondad» como fachada del mal.
«Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.»
— Hebreos 11:1
Creo que muchos confunden a la fe con ingenuidad. Muy lejos de eso está la fe: es, en principio, lisa y llanamente elección. Y elegir creer cuando todo te empuja a la desesperanza requiere una solvencia espiritual que no se aprende en los libros. Se aprende cuando no hay dónde más caer, cuando el fondo se convierte en piso y las elecciones son dos: o te quedas o subes.
El caso Epstein no es solo un escándalo sexual. Es un escándalo que nos debería estar cuestionando como civilización. Los expertos de la ONU —nueve relatores consultados por Al Jazeera y UN News— calificaron los crímenes como posibles crímenes de lesa humanidad. Esclavitud sexual. Violencia reproductiva. Desaparición forzada. Tortura. Femicidios.
Si hay dudas con respecto a lo enunciado solo le pido que consulte las fuentes: la ONU lo dijo, están analizando declarar las acciones de Epstein como crímenes de lesa humanidad, y esto toca muy de cerca a todos y cada uno de los personajes que visitaron su isla, sus propiedades en EE. UU. y en Europa, y participaron de algún modo en todas las atrocidades que poco a poco salen a la luz.
En Nuevo México, hay un rancho de 4.000 hectáreas llamado Zorro Ranch. Epstein lo usó durante los 90. PBS NewsHour y KOAT documentaron que ahora finalmente se investiga. ¿Qué había ahí? Experimentos de eugenesia, según el New York Times. Epstein quería «sembrar la raza humana con su ADN». Ideología nazi pura. Un delirio; ni el más prolífico escritor de novelas oscuras llenas de entramados puede haber imaginado esto. Aquí aplica la máxima: «la realidad supera a la ficción», ¿no?
A todo esto hay que sumarle las cámaras ocultas en cajas de Kleenex (cajas de pañuelos descartables) que reveló Seattle Times, con las que filmaba a sus invitados. Todos filmados. Todos chantajeables. Todos atrapados. Y en mi eterna inocencia y curiosidad básica, me pregunto: ¿esos archivos, dónde están? será que hoy cumplen la función por la cual fueron creados? chantajear a Dios sabe que poderosos.
«La Misericordia me ha posibilitado elegir creer en esa otra parte de la humanidad que no es parte de entramados del tipo a la manera de Epstein.»
Los nombres que caen son un mapa del poder global. Thomas Pritzker, de la cadena Hyatt, fue presidente ejecutivo de la Organización Pritzker, un histórico banco mercantil. Se disculpó y se retiró.
Casey Wasserman renunció a la presidencia de LA 2028 —el comité de los próximos juegos olímpicos en EEUU— y también como director ejecutivo de Wasserman, agencia líder en deportes y entretenimiento fundada por él en 2002. El sultán Ahmed bin Sulayem, presidente de DP World y clave del crecimiento comercial de Dubái, también renunció. Peter Mandelson (embajador británico en Washington) cayó y arrastró a tres funcionarios del gabinete de Starmer.
Bill Gates canceló su discurso en la cumbre de IA en India. Leon Black, presidente del MoMA, recibió transferencias millonarias de Epstein. Les Wexner, creador y dueño de Victoria’s Secret, le entregó 20 años de poder a Epstein sin ningún tipo de reparos.
La lista continúa: Naomi Campbell. Los correos liberados muestran que solicitó volar en el avión de Epstein y reunirse en su mansión de Nueva York. The Irish Times y The Times lo documentaron. ¿Sabía? ¿No sabía? ¿Importa? El privilegio tiene una responsabilidad ética que no se evade con un «no tenía idea».
En Argentina, hay nombres que ya han sido publicados y de los que hago reserva pues no cuento con las tres fuentes que respalden pero si está confirmado que Roberto Giordano —el peluquero famoso que murió hace un tiempo— recibió transferencias de Epstein. La Nación y Clarín lo reportaron. También hubo una negociación para que Argentina le comprara un helicóptero Sikorsky a la flota de Epstein. El caso es global y a los argentinos también nos toca.
«Si incluso Chomsky —el crítico del poder por excelencia— cayó en la trama, ¿qué nos dice sobre nuestra propia vulnerabilidad?»

Noam Chomsky tiene 97 años. Sufrió un ACV masivo en 2023. Su esposa, Valeria, pidió disculpas públicas hace unas semanas. Admitieron un «grave error de juicio». Leyeron la investigación del Miami Herald en 2018 pero «no comprendieron la magnitud» hasta 2019. Chomsky le escribió a Epstein: «Lo mejor es ignorarlo» cuando el millonario lo contacto para pedirle que lo asesore ante la difusión de las acusaciones en una red de protitución infantil y tráfico de personas. El afamado lingüista describió las acusaciones como «histeria».
The Irish Times y NBC New York lo reportaron. Valeria Chomsky dijo que Epstein fue un «caballo de Troya» que se presentó como filántropo interesado en la ciencia. Asistieron a cenas en su mansión de Nueva York. Se alojaron en departamentos que Epstein tenía en París. Cenaron en Zorro Ranch. Nunca visitaron la isla, aclaró. Pero estuvieron ahí. ¿Cómo se deshacen o destienden el manto de sospechas?
Si incluso el hombre que dedicó su vida a denunciar la manipulación mediática dice o declara mediante su esposa que fue manipulado, ¿Qué nos dice sobre nosotros? ¿Qué queda para ti, para mí? Sobre nuestra vulnerabilidad ante el engaño. Aquí empezamos a separar la paja del trigo y podemos dejar en firme que la fe en la humanidad no es creer que todos son buenos, sino que pude haber «otra humanidad» que incluso reconoce errores.

El príncipe Andrés ha sido criticado desde hace muchos años por su amistad con Jeffrey Epstein. Fuente: Getty Images / Reuters
La semana pasada el ex Príncipe Andrés fue detenido, pero no por abusos sexuales —de esos está «misteriosamente libre»— sino por presunta filtración de información confidencial británica a Epstein. The Times lo ha publicado y está siguiendo muy de cerca el caso haciendo que el tema de la monarquía británica esté bajo una mayor presión existencial que se suma a la que ya viene soportando. Son Muchos los británicos que se preguntan si son un ¿símbolo de unión o una estructura obsoleta?
Entre los documentos liberados hay correos de Epstein enviados al entonces príncipe en los que le detallaba el regalo que le enviaba: «Te mando una rusa inteligente, hermosa, confiable». Así, textual. Como quien obsequia una botella de vino, como quien regala un vale de una carnicería para retirar la carne para el asado.

Por su parte un asiduo concurrente a las reuniones Epstein, cuya presencia documentada en video circula libremente por internet, Donal Trump, ahora cabeza del poder ejecutivo de EEUU se auto exonera públicamente. «Yo estoy exonerado», dijo y agrega su estado de ánimo en relación a Andrés, «Estoy muy triste por lo que ocurre en la familia real británica». Se compadeció del Rey Carlos. Mientras, Howard Lutnick —su Secretario de Comercio— ya va por el cambio de versión número 20 de su declaración con respecto a su vínculo con Epstein. Bloomberg y Forbes lo siguen pero claro, la violencia del ICE y la perspectiva inflacionaria desvía la atención de la opinión pública estadounidense.
Hay cortinas de humo. Lo sé; Se liberan los documentos del caso Epstein y al otro día, con estilo hollywoodense se captura a un dictador latinoamericano pero se deja a sus secuaces en el poder, el ICE asesina ciudadanos norteamericanos, se pretende anexar Groenlandia y como frutilla se pone de relevancia el tema de los chicos Therians que es una de esas cortinas, de la que este cronista se ha ocupado y ha dejado en claro su postura con respecto al tema. Es muy evidente que el caso Epstein se desarma lentamente no es algo simple y el entramado es monstruoso, por ello son muchos los medios que distraen con temas superficiales. El poder necesita que mires para otro lado.
Pero tú estás acá. Leyendo esto. Preguntándote.
La Misericordia —esa palabra que a veces nos da vergüenza pronunciar— me posibilitó elegir creer, ¿porqué la misericordia? tarea para ti que lees; busca el significado de esa palabra, el significado profundo vas a comprender porqué, la misericordia posibilita la posibilidad de una vuelta a la credibilidad, pero no en los poderosos, no en las instituciones que tardan décadas en actuar. No en los medios que priorizan el clic sobre la verdad. Sino en esa otra parte de la humanidad que no son parte de entramados mas pequeños o mas grande que el caso Epstein, porque hay una parte que no omite… que no miente que no engaña.
Las víctimas que hablaron. Annie Farmer, que denunció desde 1996 y fue ignorada. Virginia Giuffre, que escribió un libro. Los periodistas que siguen investigando.
«La verdad tiene paciencia, pero no tiene prisa. Y siempre llega.»
Escribo esto desde mi fe protestante, desde las 5 Solas. Desde mi lectura de lo sagrado no como anestesia intangible y mágica, sino como constancia de que hay Verdad. Y hay una certeza que me sostiene: todo lo oculto va a ser sacado a la luz.
Epstein murió. Pero los archivos salieron a luz. Maxwell está presa —aunque negocia impunidad, a cambio de silencio, con el mismísimo presidente Trump—. Los correos se liberaron, son accesibles. Zorro Ranch es ahora objeto de investigación y se anuncia que habrían enterrado en sus alrededores a víctimas de lo que en ese lugar ocurría.
La verdad tiene paciencia. No tiene prisa. Pero siempre —siempre— encuentra la manera de salir a la luz.
Mi fe en la humanidad ya no entra en un dedal. Ha retomado su dimensión verdadera. No porque el dolor se haya ido, —ese va a tardar en irse, porque profeso la religión del proceso— no porque la traición se haya reparado. Sino porque elegí creer que no «todos son así».
Hay otros que denuncian, que investigan, que no se callan, que prefiere el ruido incómodo de la verdad al silencio cómodo de la complicidad. Elijo creer en que hay alguien ahí a quien le queda lindo el vestido de la verdad.
Esa es la fe. La certeza de lo que se espera. La convicción de lo que no se ve. Y yo —con mis heridas, mis dudas— elijo creer, porque es claro que el sistema todo tiembla, es fallido, es corrupto por donde se lo mire.
El establishment, el sistema en tanto construcción humana, es altamente imperfecto. Por lo que los hombres y mujeres que hoy lo corporizan, al ser desnudados, al tiempo que caen sus máscaras, dejan ver que muchos, no todos, son monstruos: no solo horribles, sino asquerosos, detestables, vomitivos, que reducen a otras personas a mero medio para satisfacer sus más bajas perversiones.
Es la misericordia la que, ante tanta aberración, pulsa hacia la verdad, porque ella, bella en medio de tanta fealdad, siempre sale a la luz.
Siempre.
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