Las lesiones de rodilla y muñeca son las más comunes entre los deportistas de élite que participan en los Juegos Olímpicos de Invierno, donde la exigencia física y la velocidad de las disciplinas imponen riesgos elevados.
De acuerdo con el Dr. Michael Maier, profesor asistente en el Departamento de Cirugía Ortopédica del Baylor College of Medicine, la preparación de estos atletas combina perfeccionamiento técnico y estrategias específicas de prevención para afrontar fracturas, desgarros ligamentarios y contusiones cerebrales, que figuran entre los cuadros más habituales.
Panorama de lesiones según cada disciplina
El perfil de lesiones refleja la intensidad y el tipo de movimientos característicos de los deportes de invierno.
En el patinaje artístico, las caídas sobre la mano extendida suelen provocar fracturas del hueso radio distal y del escafóides, además de lesiones en el codo, como fracturas de cabeza del radio. Los impactos directos en la rodilla pueden generar fracturas de rótula, mientras que los aterrizajes defectuosos incrementan el riesgo de esguinces o desgarros del ligamento cruzado anterior.
En el caso del hockey sobre hielo, los contactos y choques contra las barreras exponen a los atletas a separaciones de la articulación acromioclavicular, que pueden desplazar el extremo distal de la clavícula y, según la gravedad, requerir cirugía.
Las caídas también provocan fracturas de clavícula, y la dinámica del juego aumenta el riesgo de lesiones meniscales y desgarros ligamentarios en la rodilla, según detalló el Dr. Maier.
En el esquí, predominan las lesiones de rodilla, en especial los desgarros del ligamento cruzado anterior, por la torsión y la fuerza ejercida en maniobras técnicas.
Los movimientos bruscos con el brazo atrapado en el bastón pueden causar luxaciones de hombro o lesiones del labrum, mientras que el conocido “pulgar del esquiador” aparece cuando el bastón fuerza el dedo más allá de su rango normal, lesionando el ligamento colateral cubital.
El snowboard presenta un perfil de riesgo levemente distinto. La fijación de ambos pies a la tabla predispone a fracturas del proceso lateral del astrágalo, una lesión específica de tobillo poco frecuente en otros deportes. Al no utilizar bastones, los snowboardistas tienden a amortiguar las caídas con la mano, transmitiendo la fuerza desde la muñeca hasta el codo y favoreciendo fracturas en esas áreas.
Prevención basada en evidencia médica

Para disminuir la incidencia de lesiones, los deportistas olímpicos implementan planes de prevención sustentados en la investigación médica. El Dr. Maier subrayó: “Los músculos ofrecen protección frente a lesiones ligamentarias, por lo que fortalecerlos en pretemporada resulta esencial para evitar daños en la rodilla”.
El trabajo se orienta al fortalecimiento de grupos musculares clave, especialmente los isquiotibiales, con el objetivo de mantener la estabilidad articular y reducir el riesgo de lesiones.
El entrenamiento del equilibrio constituye otra herramienta fundamental. Una mayor capacidad de reacción ante caídas ayuda a minimizar esguinces y roturas ligamentarias. La preparación específica de la zona media del cuerpo optimiza la transmisión de fuerzas y aporta estabilidad general, un aspecto crítico tanto en el patinaje artístico como en el hockey y el esquí, donde la vulnerabilidad ligamentaria es alta.
Hábitos saludables y preparación integral
El cuidado diario complementa la prevención física. El descanso nocturno adecuado, la alimentación balanceada, la hidratación constante y los estiramientos periódicos forman parte del protocolo de autocuidado.
Según el especialista, “Dormir bien, mantener una buena alimentación, hidratarse, hacer estiramientos y fortalecer la zona media del cuerpo son esenciales para prevenir lesiones”. Estos hábitos permiten que los atletas mantengan condiciones físicas y mentales óptimas antes y durante la competencia.
Ignorar las rutinas preventivas puede tener consecuencias severas: la pérdida de estabilidad articular impide competir con seguridad, y intentar esquiar con un ligamento cruzado anterior debilitado incrementa la probabilidad de lesiones complejas. En casos graves, la cirugía o una rehabilitación extensa pueden ser necesarias para recuperar la funcionalidad y evitar recaídas.
El alto rendimiento requiere que el cuerpo funcione como un sistema integrado. La preparación abarca desde la fuerza muscular hasta el bienestar general, lo que permite a los deportistas sostener su nivel competitivo y proteger su salud a lo largo de su carrera.







