“No disfruté mi paso por River. No creo que haya sido por la presión de ponerme esa camiseta pesada, sino porque no entendí lo que es el Mundo River”. De esta manera, se presenta Claudio Spontón, delantero que integró el plantel campeón en la temporada 1991/92 de la mano del entrenador Daniel Alberto Passarella.
Siendo un adolescente, Spontón llegó a Buenos Aires desde su lugar de nacimiento, Malabrigo (Santa Fe), el pueblo vecino a Reconquista, la tierra de Gabriel Batistuta. “Fuimos a la misma secundaria, una escuela técnica. Yo soy un año más grande, pero en un torneo intercolegial jugamos juntos. Hicimos la dupla de ataque, ¡y perdimos en la semifinal!”, recuerda el santafesino.
Instalado en Buenos Aires, hizo las Divisiones Inferiores en Platense, donde debutó en Primera División en 1988. Estuvo tres años antes de pegar el salto a River, donde fue dirigido por el Kaiser. “Creo que fui muy obediente. No tuve la personalidad para patear el tablero. Pero viví momentos increíbles y tuve muchas enseñanzas. Me faltó enojarme un poco, solamente me enojé una vez cuando hice un gol en Reserva y me sacaron a los 15 minutos para que la gente no me pidiera”, reconoce el exfutbolista de 57 años.
Tras sus dos temporadas en Núñez, tuvo su pico máximo en Platense -se convirtió en un ícono del fútbol de los 90 con su cabellera rubia- durante tres etapas diferentes. La primera entre 1988 y 1990, la segunda en la temporada 1993/4, y la última entre 1997 y 1999, que le valió el llamado de Alfio Basile a la Selección Argentina para disputar tres partidos: dos contra México y uno ante Brasil.
“Una vez escuché a Diego Maradona defender a la Selección como si fuera al país. Maradona se identificaba con los soldados argentinos que fueron a las Islas Malvinas. Cuando me puse esa camiseta, me di cuenta de que es algo único. No se compara con nada. Yo defiendo a la Selección y a la Argentina a morir. Ser jugador de la Selección no es para cualquiera”, sentencia el exatacante.
Tras deambular por San Martín de Tucumán, Lanús, Deportivo Español, Gimnasia y Tiro de Salta, Instituto, Olimpo de Bahía Blanca y Acassuso en el fútbol argentino, tuvo tres experiencias en el exterior: Toluca de México, Unión Española de Chile y Alianza Lima de Perú, antes de retirarse con 36 años en Estudiantes de Río Cuarto. “No me costó el retiro, porque siempre soñé con jugar uno o dos partidos en Primera y llevaba más de 15 años haciendo lo que me gusta. Cuando se terminó, volví a ser una persona normal”, revela en diálogo con Infobae.
– ¿Qué es de tu vida?
– Hoy estoy en Lincoln, dirigiendo un equipo del Federal A. Estamos preparándonos para el inicio del torneo el próximo fin de semana.
– ¿Cómo estás viviendo esta nueva experiencia como entrenador?
– Bien, muy contento. Siempre estuve ligado a una pelota durante toda mi vida, así que mientras pueda seguir en el fútbol, soy feliz. Es lo que amo.
– ¿Siempre quisiste ser entrenador?
– No, la verdad que no lo tenía en mente. Fue Marcelo Espina quien me insistió para hacer el curso. Después, me llamó para ser su ayudante en Colo Colo de Chile y también en Everton de Viña del Mar. Más tarde, trabajé con Juan Amador Sánchez en Boca Unidos y Huracán, que ascendió a Primera. Con el tiempo, me fui metiendo y, cuando trabajé con Gabriel Schurrer, me terminó de picar el bicho. Desde 2010 no paré.
– ¿Cumpliste el sueño de dirigir a Platense?
– Sí, sin dudas. Llegué en 2017 a la Reserva. Después del ascenso subí a Primera y, tras la pandemia, volví al club y en 2021 me tocó dirigir la Primera. Fue cumplir un sueño porque pasé por casi todas las etapas en Platense.
– ¿Qué sueños te quedan por cumplir?
– Ser campeón como entrenador en el fútbol profesional. A nivel amateur ya lo logré, pero quiero hacerlo en una liga importante.
El paso por River: aprendizaje más que disfrute
– ¿Cómo fue ser campeón con River en el 91/92?
– Fue algo increíble. Salir campeón con River fue tocar el cielo con las manos. Yo soñaba con jugar aunque sea un partido en Primera, y terminé siendo campeón con River. Pero no lo disfruté como debía. Todo pasó muy rápido.
– ¿Por qué sentís que no lo disfrutaste?
– No entendí lo que significa el “mundo River”. Venía de ser titular indiscutido en Platense y en River eso no alcanza. Tenés que estar al 100% todo el tiempo. Me costó adaptarme.
– ¿Te afectaba no tener continuidad?
– Sí. Me pasó de jugar bien, hacer un gol y al partido siguiente, no estar ni en el banco. Eso me descolocaba. Otros compañeros lo entendían mejor: sabían que había que estar siempre listos. El entrenador era Daniel Passarella, que es mi ídolo.
– ¿Sentís que te faltó confianza?
– Sí, sobre todo confianza en mí mismo. También es cierto que el técnico no siempre te la da, pero creo que pasaba más por mí.
– ¿Qué significó jugar en la Selección Argentina?
– Es algo único. Defender la camiseta de tu país es incomparable. Te queda para toda la vida.
– ¿También sentís que no aprovechaste ese momento?
– Sí. Recuerdo una frase de Alfio Basile que nos dijo en el vestuario, que estábamos entre los 100 mejores jugadores del mundo, porque las cuatro mejores selecciones del mundo son Argentina, Brasil, Italia, Alemania, con 25 jugadores por plantel. Yo no la supe capitalizar. Ahí está la diferencia entre un jugador de alto nivel y un crack: el crack aprovecha esos momentos, yo no lo pude aprovechar.
– ¿Por qué crees que te pasó eso?
– Porque cuando llegué a cumplir un sueño, luego me relajé. Sentía que ya había logrado más de lo que esperaba. En lugar de ir por más, me quedaba y no buscaba ir por más. Son enseñanzas que tuve que ahora puedo manifestarlas.
– ¿Te retiraste en Estudiantes de Río Cuarto?
– Sí, me retiré en Estudiantes de Río Cuarto. Yo debuté en 1988 y en Río Cuarto me retiré en el 2004. Tuve una carrera como profesional de más de 16 años.
– ¿Por qué decidiste retirarte?
– Porque no podía pasar a los defensores. Físicamente ya no marcaba la diferencia. Entrenaba igual que siempre, pero no respondía como antes. Me di cuenta de que era el momento a los 36 años. Mi mujer y mis hijos siempre me acompañaron en mi carrera como jugador, cuando fuimos a Perú llevamos hasta a los perros; pero ahora, como entrenador, me dijo que no se mueve, que capaz que en dos meses me echan y no se quiere mudar todo el tiempo.
– ¿Te costó el retiro?
– No. Siempre soñé con jugar en Primera y lo hice durante 16 años. Cuando terminó, sentí que había cumplido. Siempre el fútbol fue el sueño de mi vida. Y en algún momento se terminó y volví a ser una persona normal. Di todo por cumplir mi sueño de futbolista. Me llevó a límites inesperados.
– ¿Cómo fue tu vida después del fútbol?
– Dejé Buenos Aires, vendí todo luego del lío del 2001 y tres años más tarde me fui a vivir a Villa Carlos Paz, donde sigo hoy. Tuve un negocio durante unos años. Puse un polirrubro durante tres años. Era un kiosco con quiniela. Lo atendí durante un tiempo y después volví al fútbol como ayudante de Amador Sánchez para ir a Boca Unidos y más tarde como entrenador.
– ¿Cómo llevas hoy la vida de entrenador?
– Es sacrificada. Mi familia se quedó en Carlos Paz y yo voy moviéndome según el trabajo. Pero lo hago porque amo el fútbol.






