La prestigiosa psicóloga tucumana desarma mitos sobre evaluación psicológica, advierte sobre los riesgos de importar teorías ajenas a nuestra realidad y propone una mirada situada, contextual y profundamente humana para acompañar a los adolescentes en tiempos de pantallas y fragmentación cognitiva.
La Dra. Norma Contini no vino a confirmar nada. No vino a validar los artículos que hemos publicado anteriormente sobre la desigualdad cognitiva, el Efecto Flynn inverso o la paradoja de la abundancia dopaminérgica. Vino a desbordarlos. A ponerlos en tensión. A recordarme, con la paciencia de quien lleva décadas mirando adolescentes sin reducirlos a números, que la teoría sin contexto bien puede llegar a convertirse en violencia simbólica.
Y así, sin preámbulos académicos, con la naturalidad de quien habla desde la experiencia clínica y no desde el pedestal de la academia, la Dra. Norma Contini —psicóloga, investigadora, formadora de generaciones en el Norte Grande argentino— me suelta la frase que debería titular editoriales completas: «Yo creo que tenemos que quemar la mitad de la biblioteca».
Por supuesto que no es un llamado a la ignorancia. Ni tampoco es un arranque de soberbia; totalmente lejos de ahí la Dra. Contini. Es una invitación a la humildad científica. Porque varias teorías —Piaget, los tests de lápiz y papel, los baremos diseñados en Estados Unidos en los años 50— fueron pensadas para un mundo analógico. Para niños que crecían con tiempos de espera, con juego simbólico, con figuras de apego presentes. Nuestros adolescentes, en cambio, son nativos digitales. Criados en un entorno 100% digital, con una velocidad de estimulación que desafía cualquier categoría que tengamos.
«A los jóvenes les va a tocar revisar todas las teorías. Yo ya no tengo 20 años», me dice la Dra. Norma Contini, con la honestidad de quien sabe que el conocimiento es provisional.
«Evaluar no es etiquetar. Es acompañar el despliegue de un sujeto en su tiempo.» — Dra. Norma Contini
EVALUAR SIN ETIQUETAR: EL ARTE DE MIRAR SIN REDUCIR
La Dra. Norma Contini comienza recordándome algo que a veces olvido en mi entusiasmo por los datos duros: la evaluación psicológica nació con una intención que a menudo traicionamos. No se trata de medir para clasificar. Se trata de comprender para acompañar.
«Me he dedicado toda mi vida al diagnóstico y a la evaluación psicológica. En ese terreno, dedicarse a ‘medir’ —un término que ya no utilizamos más— adscribimos al concepto del ‘assessment’ en inglés: de evaluar. No existe la intención, y muchísimo menos en la infancia y en la adolescencia, cuando usted tiene un aparato psíquico en un proceso de configuración, de etiquetar. Pero desgraciadamente algunos colegas de mis mismos campos no han hecho un buen papel», reconoce con franqueza.
Es muy interesante su postura: la Dra. Norma Contini no se pone a la defensiva. Reconoce que el riesgo existe. Que tiene colegas que etiquetan. Que hay informes que se convierten en sentencias de las que un sujeto no sale más. Y tiene razón. Porque la psicología, cuando se vuelve mecánica, cuando se queda solo con el número, traiciona su propósito humanista.
«Si usted se queda solo con eso, lo evalúa y saca un resultado… primero que es una cosa mecánica, la evaluación psicológica está muy por encima de ese procedimiento tan básico. Pero fundamentalmente, si no se tienen en cuenta las características de la población, se corren riesgos de sobre-diagnosticar o de sub-diagnosticar», advierte la Dra. Norma Contini.
Y entonces, ¿cómo hacer para que la evaluación no sea una sentencia, sino una puerta? La respuesta está en el contexto. En la cultura. En la vida concreta del sujeto que tenemos enfrente.
«Mirar los déficits, dificultades, pero en el marco del contexto ecológico y cultural en el que ese sujeto ha nacido y vive. Porque lo que plantea la psicología cultural es que gran parte de lo que se aprende está en la cultura, está producido por el hombre. Entonces sería el mayor modelador de la personalidad», explica.
BAREMOS AJENOS, CRISIS AJENAS
En Tucumán, en el Norte Grande argentino, durante años se aplicaron pruebas con normas ajenas.
«Las pruebas psicológicas, en términos generales, han surgido en contextos anglosajones, o sea, en países desarrollados que tienen dinero para investigar. Entonces han generado baremos o normas. Pero si usted se queda solo con eso… si no se tienen en cuenta las características de la población, se corren riesgos de sobre-diagnosticar o de sub-diagnosticar», señala la Dra. Norma Contini.
La Dra. Norma Contini me cuenta la historia de Elizabeth Koppitz, una investigadora que en los años 50 desarrolló un protocolo para, mediante el test de Bender, detectar maduración visomotora. Koppitz generó un baremo único, partiendo de un universal psicológico: «los niños maduran». Es verdad, los niños maduran. Pero cuando la Dra. Norma Contini y su equipo aplicaron esa prueba con esos baremos en Tucumán, los niños aparecían inmaduros. Y no se correspondía con la observación clínica que ellos veían.
«Con esos baremos los niños aparecían inmaduros, y no se correspondía con la observación clínica que nosotros veíamos. Porque cuando usted hace baremos, no toma población clínica, toma población normal, la que está en la escuela. Eso es una discrepancia, esa es la investigación: la capacidad de dudar, y no dar como un dogma de que eso que está publicado es cierto», reflexiona.
Y entonces, ¿qué hicieron? Investigar. Dudar. Generar baremos locales. No por capricho. Por ética.
«La doctora Casullo hace la misma investigación en los años 80, cuando ya vuelve la democracia, con investigadores del CONICET de todo el país, y genera un baremo. Lo usamos, y nos daban —era generoso— nos daban muy maduros. Entonces yo hago una supervisión con ella, y me dicen: ‘De eso se trata, profesora, usted tiene que hacer su investigación’. Y así es como hicimos una investigación, tomando población urbana y rural», recuerda la Dra. Norma Contini.
LA BRECHA COGNITIVA: MIRAR TRES GENERACIONES
Hasta acá, la Dra. Norma Contini me habló de método. De cómo mirar. Ahora, me habla de lo que ve. En los artículos previos en Libertad de Expresión, hablábamos de brecha cognitiva. De desigualdad. La Dra. Norma Contini no niega esa brecha. Pero la sitúa. La contextualiza. Y me recuerda algo que todos deberíamos saber: la inteligencia no es una. Son muchas. Y se manifiestan de modos distintos según el contexto.
«Lo que usted señala, las variables que componen ese constructo de inteligencia, hay una cuestión central, que es la capacidad que tiene un sujeto de establecer relaciones entre las cosas. Es decir, no solo usted dice: ‘bueno, él es bueno porque memoriza mucho’. En realidad, la memoria mecánica es un componente pequeño de la inteligencia, pero sí suma. Nosotros no memorizamos la dirección de la calle donde vivimos, eso está alojado. Entonces hay un espacio mental para otros temas más complejos», describe.
En este punto de la conversación me habla de la teoría CHC —Cattell, Horn, Carroll— la teoría más nueva de la inteligencia fluida y cristalizada. Todos tenemos ambas. Pero la sociedad valora más una que otra, afirma ella.
«La inteligencia fluida. Por ejemplo, Einstein, cuando descubre la teoría de la relatividad, él tiene un proceso creativo, descubre algo. En cambio, cuando usted resuelve un problema matemático de multiplicación está usando la inteligencia cristalizada, a usted le han enseñado cómo se combina, de cómo se llega a una división, una igualdad», ejemplifica la Dra. Norma Contini.
Inteligencia fluida: la que crea, la que relaciona, la que descubre. Inteligencia cristalizada: la que memoriza, la que aplica, la que repite. Y acá viene lo inquietante: nuestro sistema escolar, lamentablemente, ha ido por la cristalizada. Y mientras el mundo exige fluida… la brecha se profundiza.
«Hay instituciones escolares que son más proclives a desarrollar la fluida, pero para ser sinceros, la mayoría, lamentablemente, ha ido por la cristalizada. Es una de las críticas que se le ha hecho a la escuela: que no ha creado pensamiento crítico», señala.
La charla fluye y es un placer escuchar a la Dra. Norma Contini, sobre todo cuando señala un punto a la vista, que el ojo no entrenado pasa por alto, se trata de algo que los artículos anteriores no tomaron en cuenta: la brecha no empieza en el adolescente. Empieza tres generaciones antes.
«La brecha es diferente según el ambiente donde el sujeto se ha criado. Y empieza con el tipo de alimentación que tuvo. Nosotros, para pensar un problema, hablamos de tres generaciones: abuelos, padres e hijos. Usted puede encontrar el síntoma en la tercera, pero si tiene una mirada que se queda corta, solo ahí, no va a hacer un diagnóstico certero. Hay que mirar tres generaciones.»
«para pensar un problema, hablamos de tres generaciones: abuelos, padres e hijos. Hay que mirar tres generaciones.» — Dra. Norma Contini
VYGOTSKY Y LOS NO ALFABETIZADOS QUE RAZONABAN DISTINTO
Tal como me gusta, parecería que la Dra. Norma Contini me conociera, propone hacer un viaje al pasado, al siglo pasado, me lleva a Vygotsky, uno de los pioneros de la Psicología Cultural. El psicólogo ruso que a mediados de los años 20 trabajó en el Asia Central, en comunidades pequeñas. Comparó analfabetos y alfabetizados. Y descubrió algo que, por cuestiones ideológicas, tardó décadas en traducirse al inglés.
«El primero que empieza a dar el puntapié científico con esto es Vygotsky, un psicólogo ruso muy destacado. En los años 20, 30, trabajando en Rusia, en el Asia Central, en comunidades pequeñas, él compara —hace el primer estudio comparativo— entre analfabetos y alfabetizados. Y descubre —lo que pasó con Vygotsky por cuestiones ideológicas es que sus escritos se tradujeron al inglés tardíamente, en los 70 del siglo pasado— que ambos grupos tienen capacidades. Porque la inteligencia resuelve problemas, son problemas que plantea la vida, pero los resuelven de una manera diferente», relata la Dra. Norma Contini.
Los alfabetizados tenían lo que la ciencia llama pensamiento hipotético deductivo: manejar inferencias. Los analfabetos, no hablaban de lo que no veían.
«Los que estaban alfabetizados tenían lo que la ciencia llama el pensamiento hipotético deductivo, manejar inferencias. Los sujetos analfabetos están muy adheridos a lo concreto», detalla.
Y esto, me dice la Dra. Norma Contini, permite pensar claramente cómo los procesos de alfabetización van transformando los modos de pensar. Pero ojo: no hay que confundir diversidad con déficit.
«Lo cierto es, si usted quiere que un alumno que ha salido del secundario pueda estar en la universidad —en términos generales, las carreras universitarias hoy manejan pensamiento hipotético deductivo—, pero a lo mejor este sujeto puede ser muy exitoso en otro tipo de tareas. Ahora bien, no hay que confundir diversidad con déficit», aclara.
«Usted tiene comunidades que viven bajo privación cultural, que cada vez son más, o si usted tiene tres generaciones de padres que tienen una escuela primaria incompleta, que no están calificados, que han tenido escasos estímulos durante el proceso de crecimiento, sí puede tener un déficit en cómo pensar, y son esos chicos que al ingresar al sistema escolar están con dificultades», observa la Dra. Norma Contini.
LA CIENCIA: CONOCIMIENTO PROVISORIO
Para afirmar su postura, entonces, la Dra. Norma Contini me habla de Piaget. El biólogo —no psicólogo, biólogo— que se preguntó cómo el sujeto llega al conocimiento.
«Jean Piaget no era psicólogo, era un biólogo. Él se preguntaba cómo el sujeto llega al conocimiento y termina haciendo una teoría de la inteligencia. Y él tiene estadios. Dice: primero el bebé es sensorial. Después, cuando entra a la escuela primaria, cuando cumplió los seis años, tiene pensamiento lógico, concreto. Y dice Piaget: en la adolescencia se llega al pensamiento abstracto. Esa es su teoría. Es una tesis», explica.
Pero los psicólogos culturales replicaron las pruebas de Piaget. Y no encontraron los mismos resultados. Hay comunidades que no llegan nunca al pensamiento abstracto. Y no están en déficit.
«Usted tiene comunidades que no llegan nunca al pensamiento abstracto y no están en déficit. Eso es lo interesante. Sin embargo, en muchas cátedras se sigue enseñando como una verdad total y absoluta», cuestiona la Dra. Norma Contini.
Y entonces, ¿qué hacemos con todo esto? La Dra. Norma Contini no tiene todas las respuestas. Lo dice y tanta sinceridad sí que es un obsequio.
«La ciencia es eso: un conocimiento provisional. Entonces a veces yo observo posturas como dogmáticas, como que desde la teoría uno tiene todas las respuestas, y eso no es así… no es así», sentencia.
LA BRECHA DIGITAL: NO SON NEUTRALES, NO SON INOCENTES
Parece que por fin vamos a tocar el tema que en principio era motivo de la charla: la brecha digital. La Dra. Norma Contini me dice que, en el nivel socioeconómico bajo, tiene más clara la respuesta. Porque ha habido privación cultural. Alumnos que llegan al primer año del secundario sin leer con fluidez.
«Hace 15 años que yo observaba —15— en los alumnos que llegaban al primer año en la universidad, que esa inteligencia fluida —que para un psicólogo es importante, la capacidad de establecer relaciones entre las cosas— no estaba consolidada. Mi pregunta: ¿cómo aprobó el secundario? Netamente por inteligencia cristalizada», cuenta.
¿Y en el nivel socioeconómico alto? pregunto.
«En el nivel socioeconómico alto, también tengo más preguntas que respuestas. Porque una de las características de la adolescencia hoy es el precoz acceso a las tecnologías. Gran punto hoy día. Que ha estallado todo lo que se venía escribiendo», reconoce la Dra. Norma Contini.
Y entonces, me suelta la frase que ya conocemos: «Yo creo que tenemos que quemar la mitad de la biblioteca».
«Yo creo que tenemos que quemar la mitad de la biblioteca. Pero eso va a ser el pase. Eso le va a tocar a ustedes. Yo ya no tengo 20 años. Es decir, a los jóvenes les va a tocar revisar todas las teorías», afirma.
«Todas las pruebas de inteligencia hasta ayer han estado formuladas lápiz y papel, para una cultura que era analógica. Entonces, los niños y adolescentes que nosotros tenemos están criados en un sistema digital. Un entorno 100% digital. Un entorno digital y en un tipo de estimulación que tiene una gran velocidad en cuanto al color, al movimiento, al tamaño. No sé si estará inaugurando otros circuitos cerebrales u otros modos de inteligencia que las pruebas que tenemos no la estén captando», se pregunta la Dra. Norma Contini.
LA AUTORIDAD QUE SE CAE A PEDAZOS
Sin anuncio previo ni indicios con los que pueda adivinar la llegada del tema, la Dra. Norma Contini me habla de algo que no habíamos explorado en los artículos pasados, ni siquiera se nos había ocurrido: la caída de la autoridad no solo en el microsistema familiar, sino en cada uno del resto de los sistemas.
«Yo me ponía a pensar en la caída de la autoridad. En el microsistema familiar ha caído, lo que se llama el patriarcado —no vamos a hablar de eso ahora— pero ha caído la autoridad», analiza, para luego agregar una observación:
«Sí es cierto que los alumnos —porque a veces uno conversa con los adolescentes— no son iguales con todos los profesores. No. Entonces, ¿qué es lo que hace el alumno? Hace una investigación de cada profesor. La autoridad del profesor llega por su conocimiento. Es decir, que el profesor tiene un saber, la cuestión que yo me pregunto y no sé cómo hará para ver si conquista a estos chicos», describe. Para cerrar afirmando categóricamente: «Y hay un abismo, una galaxia, entre el tipo de estímulos del celular —que es una adicción, el fenómeno más grande que ha ocurrido en la cultura hasta hoy— y lo que la escuela le ofrece.»
LA PALABRA SUSTITUIDA POR LA IMAGEN
La Dra. Norma Contini tiene un don, parece que está contando una anécdota, pero en realidad lo que hace todo el tiempo es introducirlo a uno en alguna teoría de manera altamente crítica o lo que a mí me fascinó de la charla, introducirlo en una observación que debería ser objeto de una investigación, en ese tono cuenta:
«Su cerebro, el de usted y el de todas las personas está estructurado en términos de imágenes más que de texto. Los niños, los adolescentes y los adultos. Por ejemplo, yo lo observo en la consulta. Antes, la madre decía: ‘El padre no ha venido porque dice tal o cual cosa’, me contaba, relataba lo que el padre decía, pero ahora me dice: ‘Espéreme, yo le voy a hacer escuchar el audio de él’. Entonces, no hay un esfuerzo, un esfuerzo para traducir en palabras», compara.
«Cuando a una abuela le preguntaban por un nieto decía: ‘Ha crecido’. Y te explicaba con palabras. Ahora, te muestro una foto. ¿Usted ha visto que todas las personas sacan fotos? Yo lo miro desde mi perspectiva analógica. ¿Cómo puede ser que necesite una foto para todo? Donde la palabra está sustituida por la imagen. Y ese es un fenómeno. No sé qué vamos a hacer con eso. A lo mejor da paso a otra organización psicológica. No lo sé», se cuestiona la Dra. Norma Contini.
«¿Cómo puede ser que necesite una foto para todo? Donde la palabra está sustituida por la imagen»— Dra. Norma Contini
BRONFENBRENNER Y LOS CÍRCULOS QUE NOS ATRAPAN
Y entonces, la Dra. Norma Contini me habla de Bronfenbrenner. El teórico de los círculos concéntricos. El microsistema. El mesosistema. El exosistema. El macrosistema.
«Si hemos tomado nosotros el modelo de Urie Bronfenbrenner, él plantea círculos concéntricos, pero en el fondo apunta a lo mismo. Él habla de un microsistema. Es decir, el sujeto está en un microsistema que es el sistema familiar. Y ese sistema familiar, que también está en crisis —por eso que los que trabajamos en salud mental estamos en un mal momento—, usted ha visto que la noción de familia está absolutamente transformada», contextualiza.
Y el microsistema familiar necesita una figura de apego. Una figura sensata. Como decía Maude Mannoni.
«Bronfenbrenner plantea ese microclima donde el niño nace. Es fundante de lo que va a ser el aparato psíquico. Necesita una figura, una figura de apego. Eso lo plantea una psicoanalista, Maude Mannoni. Ella es de los años 50 del siglo pasado y tiene frases así que tienen mucha validez. Como un universal psicológico, decía. Ella ni siquiera dice el padre o la madre. Ella dice que el niño pequeño necesita de una figura sensata a edad temprana, que le permita encontrar respuestas a las preguntas que se presentan», cita.
Y la Dra. Norma Contini, adherente a Winnicott, me habla de la zona virtual que se establece entre la madre y el bebé. Donde se producen múltiples interacciones como, por ejemplo, el juego simbólico.
«Yo soy adherente a Winnicott. Él viene del campo de la pediatría, era un pediatra. A través de tanto mirar chicos que llegaban por patologías orgánicas, después hace un giro y hace contribuciones muy sustanciales. Él habla de una zona virtual que se establece entre la madre y el bebé. En ese lugar es donde se producen múltiples interacciones. El juego, por ejemplo, el juego simbólico. Y él es muy categórico. Él dice: si no se funda esa zona, ese niño va a tener problemas de salud luego», fundamenta.
MCLUHAN Y EL MEDIO QUE ES EL MENSAJE
La charla es como una montaña rusa, lo afirmo desde el gusto que tengo por esa atracción mecánica. En un principio parece como si nada estuviera en conexión pero todo es tan dependiente y conectado con cada uno de los temas que cuando me detengo a reescuchar la charla cada palabra cobra una nueva dimensión, porque pasamos de Winnicott a McLuhan, de la pediatría a la comunicación, y si parece que nada que ver, pero cuando ella afirma:
«Marshall McLuhan ya lo planteó. Esto de que el medio es el mensaje. Ya no interesa qué contenido has puesto en las redes, el medio en sí es el mensaje. Creo que ese es el mayor problema», advierte la Dra. Norma Contini.
Y las redes sociales, me dice, no son neutrales.
«Las redes sociales han permitido muchas posibilidades de hacer cosas o de progreso de la ciencia, pero depende de cómo se las utilice. Y yo, provisionalmente, adhiero más a la posición de que no son neutrales», concluye.
Yo me arriesgo un poco más al comprender que ese espacio de la autoridad en el microsistema, esa zona virtual entre las figuras parentales y el niño o la niña y el declive de la palabra ante la imagen ha sido ocupado por elementos que se constituyen como el mensaje en sí mismo, me animo no solo a descartar la neutralidad de las redes sino que afirmo que no son inocentes. Para muestra citemos el caso de Cambridge Analytica. 
EPÍLOGO: ELEGIR, HOY, PENSAR
La Dra. Norma Contini no me dio recetas. Me dio preguntas, y quienes algo me conocen saben el amor que tengo por ellas; las preguntas mis fieles y amadas compañeras, y ellas, las interrogantes, en tiempos de certezas tóxicas, son un regalo. Porque si algo aprendí en esta conversación —y en los artículos que desembocaron en esta charla con la Dra. Norma Contini— es que no hay soluciones individuales para problemas sistémicos.
Pero sí hay gestos. Pequeñas resistencias. Como escribir a mano cuando todo empuja al copy-paste. Como mirar a los ojos cuando todo invita al scroll infinito. Como sostener un vínculo cuando todo fragmenta.
Y sobre todo, como recordar que evaluar —en el consultorio, en el aula, en la vida— no es etiquetar. Es acompañar. Es dar tiempo. Es creer que, incluso en la fragmentación, hay un sujeto que se despliega.
Porque pensar no es un lujo. Es un derecho. Y recuperar la capacidad de pensar en profundidad, de escuchar sin distraerse, de vincularse sin fragmentarse… es un acto de dignidad.
Que sea lo que sea que nos esté pasando o vaya a pasar como comunidad no es unicausal; su devenir, su desenlace es el resultado de múltiples variables de las que, aunque no quieras, o te niegues, eres responsable y tienes parte. Lo que vivimos y lo que va a acontecer depende de qué tan atentos estemos al todo, en tanto sistema, donde… ¡oh paradoja! todos estamos inmersos, donde el otro no es simplemente un límite para mi libertad. Es la condición de mi propia identidad y la fuente de mi responsabilidad.
Hasta entonces: elegí, hoy, pensar… por favor; antes de hacer: pensar.
Escucha el podcast AQUÍ
📱 También puedes seguirme en:
▶️ YouTube: @PabloHGerez
📷 Instagram: @pablohgerez
🟢 Spotify: @Conectando
🐦 X (Twitter): @phgerez






