Entre el plan Inca y el malestar en la cultura: qué leer en el verano argentino

0
26

En una entrevista en Libertad de Expresión por Rock & Pop, el librero Juan Manuel Frangoulis traza un mapa de libros recomendados verano 2026 —desde la psicología popular hasta la reedición crítica del pensamiento clásico— que revela más sobre el momento que vivimos que cualquier encuesta de opinión.

En pleno verano 2026, los libros recomendados por el librero Juan Manuel Frangoulis —titular de El Griego de San Miguel de Tucumán— revelan más sobre el momento que vivimos que cualquier encuesta: ficción, no ficción, clásicos y novedades se entrelazan en un diagnóstico editorial que no evita lo político, pero tampoco cae en la consigna, todo esto en una amena entrevista con el titular de librería el Griego de San Miguel de Tucumán.

El verano, en la Argentina lectora, no es estación de descanso intelectual, sino de reencuentro diferido. En los estudios de Libertad de Expresión por Rock & Pop, el librero Juan Manuel Frangoulis —con la voz pausada— despliega una taxonomía del lector veraniego: el curioso, el voraz y el pospuesto nombrando los  libros recomendados verano 2026.

«No es lo mismo quien ha leído todo el año que quien llega a diciembre con una lista intacta y el corazón culpable.»

La Navidad, según Frangoulis, sigue siendo el epicentro comercial del libro en el país, pero enero es cuando la lectura se vuelve íntima, casi clandestina: mientras unos comparten con la «familia política», otros buscan en las páginas una forma de reconciliarse con el tiempo perdido.

Entre las recomendaciones de no ficción, tres títulos emergen con fuerza desigual pero complementaria. El primero, La soledad, de Gabriel Rolón, continúa su andar como bestseller indiscutido —una obra que, sin renunciar al lenguaje accesible, se erige en puente entre la clínica y la calle.

«Rolón no escribe para intelectuales de gabinete, sino para quienes han aprendido que la introspección también puede tener subtítulos.»

La segunda apuesta es Un destino común, de Lucrecia Martel: no una biografía, sino una arqueología del pensamiento fílmico y ético de la directora. Conferencias, notas marginales, borradores de guion —todo converge en un volumen que muestra cómo se piensa con las manos antes que con las ideas.

Y la tercera, contundente y sorpresiva: El plan Inca, de Ulises Bocia, editado por Futurock Editorial. Aquí Frangoulis no sólo recomienda: testifica. Cuenta cómo investigadores del Museo Casa Histórica de la Independencia —en Tucumán— fueron de los primeros en validar su rigor y su gracia narrativa.

«Parece una novela, sí —pero no se traiciona ni un dato. Ese es el arte del historiador contemporáneo: hacer que la verdad suene como una historia que no quieres que termine.»

La conversación, entonces, se bifurca: hacia la juventud. Frangoulis subraya un fenómeno poco celebrado y menos aún entendido: el retorno masivo de los jóvenes a la lectura, no por mandato escolar, sino por un impulso casi fisiológico frente a la sobreestimulación digital.

Así nace la recomendación de Nuestro lugar en el mundo, de Inma Rubiales: un libro que no explica la juventud desde fuera, sino que la habita con sus amores truncos, sus proyectos que se diluyen como humo y su arte como modo de supervivencia.

En contrapunto, dos textos para quienes no buscan consuelo, sino diagnóstico: La sociedad paliativa, de Byung-Chul Han, y —con un guiño cómplice— El malestar en la cultura, de Freud, «reeditado en el inconsciente colectivo argentino, donde hay más psicoanalistas por metro cuadrado que en cualquier otra latitud del planeta».

Frangoulis no lo dice así, pero se insinúa: Argentina piensa con Freud, pero gobierna como si nunca lo hubiera leído.

Y en ficción, dos polos: por un lado, las novelas de Viviana Rivero, recuperadas gracias a su adaptación en plataformas, donde el culebrón histórico se vuelve vehículo de memoria social; por otro, la reafirmación monumental de Cien años de soledad —no como reliquia, sino como brújula.

«García Márquez no es un clásico porque lo enseñan: es un clásico porque sigue anticipando cómo se rompe, se repara y se olvida un país.»

La entrevista termina con un saludo cruzado y una despedida cálida, pero queda latente una pregunta no formulada: ¿qué dice de una sociedad el hecho de que, en tiempos de colapso narrativo, siga eligiendo libros que hablan de planes fallidos, soledades compartidas y realismo mágico como estrategia de resistencia?

Quizá la respuesta esté en los estantes. O en el silencio que viene después de cerrar una página.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí