El sacerdote Carlos Gustavo Pedro, párroco de la Inmaculada Concepción de Tafí Viejo, compartió una reflexión sobre el verdadero sentido de ayunar durante la Cuaresma.
En el marco del tiempo litúrgico de la Cuaresma, el sacerdote compartió una reflexión dirigida a la comunidad sobre el verdadero sentido del ayuno y la convivencia cotidiana.
El párroco de la invitó a vivir este tiempo como una oportunidad para revisar no solo las prácticas religiosas, sino también las palabras y actitudes con las que las personas se relacionan entre sí.
Ayunar también de las palabras que hieren
Durante su mensaje pastoral, el sacerdote explicó que el ayuno propuesto durante la Cuaresma no se limita únicamente a la abstinencia de alimentos.
“El Papa León nos ha invitado en este tiempo de la cuaresma a poder ayunar, pero no solamente del ayuno en orden a no comer algunos alimentos, sino sobre todo de las palabras, de aquellas cosas que nos hieren, que nos hacen mal”.
Según expresó, muchas veces las tensiones de la vida cotidiana generan un clima de malestar que termina reflejándose en la manera en que las personas se hablan o se tratan entre sí.
“Últimamente en nuestras sociedades nos sentimos agobiados, sentimos que las cosas parecerían no estar muy bien, y lo vemos mundialmente también con tantas dificultades”.
En ese sentido, señaló que ese agobio puede trasladarse a la vida familiar y social.
“Este agobio que se traslada a veces a nuestra familia, a nuestros vecinos, a nuestros conocidos, nos hace también muchas veces tener que decir algunas palabras que quizás no son con la tolerancia que el Señor también nos pide”.
Un tiempo para crecer y aprender
El sacerdote también subrayó que el tiempo de Cuaresma es una oportunidad para revisar actitudes y fortalecer los vínculos.
“Esto es un tiempo para crecer, para que todos crezcamos, para que todos aprendamos”.
En esa línea, advirtió que el sentido del ayuno pierde su valor cuando no está acompañado por un cambio en la manera de tratar a los demás.
“Ayunar no es solamente privarme de un alimento para después ladrar o insultar a un hermano”.
Los gestos cotidianos que construyen convivencia
Durante su reflexión, el sacerdote enumeró distintas acciones simples que pueden formar parte del espíritu de la Cuaresma.
“Ayunar es también reflexionar sobre lo mejor que puedo tratar al otro, sobre perdonar, sobre cuidar a nuestros mayores, a nuestros niños, sobre respetar la ley de tránsito, sobre respetar a las personas, dar lugares, dar el asiento”.
El párroco remarcó que muchos de esos gestos tienen que ver con la convivencia diaria.
“Tantas cosas que podemos hacer el bien que comienza con lo urbano, con lo cotidiano”.
No perder los valores de respeto y solidaridad
El sacerdote también invitó a cuidar los vínculos sociales y la calidad humana en la convivencia.
“No perdamos la calidad de personas que somos, no perdamos nuestro vínculo urbano respetándonos, saludándonos”.
En ese sentido, señaló que el desarrollo o la modernización de las ciudades no debería implicar perder esos valores.
“Ser modernos, ser una ciudad moderna no nos tiene que hacer olvidar lo buenos que somos entre unos con otros, solidarios, buenos, ayudados con aquellos que más necesitan”.
Una invitación a renovar la vida interior
Finalmente, el párroco invitó a vivir la Cuaresma como un tiempo de transformación personal.
“Que este tiempo de la cuaresma sea un tiempo de aprendizaje, un tiempo para volvernos a recrear interiormente, dando lo mejor de cada uno de nosotros”.
El mensaje concluyó con una bendición dirigida a la comunidad.
“Que el Señor Dios Todopoderoso te bendiga y juntos podamos ayunar de aquellas cosas que nos hacen mal para hacer el bien a los demás”.







