El Gobierno cree que la oposición usará las derrotas en el Congreso para imponer sus nombres en la AGN

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El diputado del peronismo disidente y titular de la comisión bicameral Mixta Revisora de Cuentas, Miguel Pichetto. Es el principal nexo con la Auditoría General de la Nación (Prensa Senado)

En medio de los embrollos de las últimas semanas, en el plano legislativo pasó desapercibida la grave situación en la Auditoría General de la Nación (AGN), el principal órgano de control externo de los gastos del Estado, que desde hace meses está casi acéfalo salvo la presidencia del legislador porteño electo Juan Manuel Olmos (PJ). Con tres butacas sin definir por cada Cámara del Congreso, La Libertad Avanza cree que la oposición aprovechará la oleada de derrotas al oficialismo de los últimos días para imponer nombres y dejar aún más aislado al Gobierno.

“Una vez que se abre la ventana y te entran las piñas, pasa lo de la última sesión o la que se vendrá prontamente. Teníamos un principio de acuerdo meses atrás sobre la AGN, pero se perdió tiempo y, ahora, los kirchneristas podrían pactar dos para ellos, dejan uno a los radicales y fuiste. El temor principal es que antes se acercaban a consultar o hablar. Esto ya no pasa y, cuando ello ocurre, es esperable cualquier cosa”, sentenciaron desde un despacho oficialista de peso a Infobae.

Para nosotros, dos o nada, como debió ser siempre. Quisieron la fórmula de uno para cada sector y se equivocaron”, sentenciaron a este medio desde el Frente de Todos en la Cámara alta, que espera el momento para accionar. Además, hoy tiene el control total de la AGN a través de Olmos. De hecho, en la última sesión en la Cámara alta, un respetado legislador radical se cruzó a dos periodistas acreditados en una escalera y, al mencionar el tema, deslizó: “Es muy curioso que el Gobierno arme tanto lío por las jubilaciones, el Garrahan o discapacidad y pida controles a gritos. Pero, ¿cómo puede ser que nadie esté interesado en esto? ¿Por qué casi nadie habla? ¿A quién le favorece todo esto? Muy extraño”.

El titular de la Auditoría General de la Nación (AGN) y legislador porteño electo del peronismo, Juan Manuel Olmos (Fotos: Maximiliano Luna)

El inconveniente que se suma a todo esto es que los otrora aliados ahora se encuentran con la cara pintada y están dispuestos a disparar más dardos contra la Casa Rosada desde el recinto de la Cámara alta. No obstante, se encuentran con algunos inconvenientes. Es caso más concreto es la Unión Cívica Radical (UCR) que, para variar, está dividida.

“Algunos no vienen a las reuniones de bloque; otros, están cada vez más opositores. Incluso hay uno que ya parece una filial del kirchnerismo. Y quienes mantienen lazos con el Gobierno libertario o respetan los acuerdos gobernador-Ejecutivo quedaron atrapados. Presentemos a quien presentemos, será para la sospecha de algún bando. Quizá sea mejor que sigamos así”, reflexionaron desde el centenario partido.

Proyectos en stand by

Son dos las iniciativas discutidas tiempo atrás -ahora en siesta, en la comisión de Asuntos Constitucionales- e involucran a dos experimentados: la del jefe del Frente de Todos, José Mayans; y una segunda, del peronista disidente Juan Carlos Romero (Provincias Unidas). Ambas comparten la disminución de los mandatos, que pasarían de ocho a cuatro años, con posibilidad de reelección. Es decir, actualizados a la realidad de los gobiernos y renovaciones parlamentarias, en general.

El jefe del Frente de Todos en el Senado y principal autoridad del PJ a nivel nacional, José Mayans

Un ítem con leves diferencias apunta a la remuneración de los auditores: el del formoseño habla de ser “equivalente” al de legisladores -sin aclarar cuáles y genera una duda, dada la diferencia entre las dietas de Diputados y Senadores en la actualidad-, mientras que el segundo impone que no perciban “un monto mayor a la dieta percibida” por los integrantes de la Cámara alta, que a partir de noviembre próximo pasará los $10,2 millones en bruto.

Sobre el último punto, varios senadores se quejaron -e intentaron operar, con resultado penoso- para desdramatizar la polémica por las dietas. Más allá de que siempre se aclara que, con los descuentos, disminuyen dichos haberes -entre seis y siete millones en mano de mínima, en la actualidad y en general-, todos los bloques tienen amnesia sobre la sesión del año pasado, cuando en modo ninja metieron un proyecto por la ventana y lo votaron sin chistar en minutos. Ahí es donde se ataron a las paritarias de los empleados del Congreso. El famoso y pícaro “si pasa, pasa”.

El único oasis de institucionalidad y que equilibra -como puede- el desmadre vigente relacionado con la AGN es la comisión bicameral Mixta Revisora de Cuentas -nexo principal del Congreso con el organismo-, que comanda el diputado peronista Miguel Pichetto. Es la última barrera de contención e intenta, al mismo tiempo, saldar asuntos demorados hace largos años.

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