Juan Carlos Molina: “Mi candidatura la definió el dedo de los más pobres frente a la tumba del papa Francisco”

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Molina competirá como primer candidato a diputado nacional por Santa Cruz. Lo hará en representación del peronismo, con el sello de Fuerza Santacruceña

El último jueves Juan Carlos Molina se despertó a las 6 de la mañana para iniciar un nuevo día de campaña. Se acostó cerca de la medianoche. La intensidad de la agenda electoral es distinta a la de su trabajo pastoral, aunque no menos desgastante. Su cuerpo lo empezó a sentir. El sacerdote nacido en Chillar, Buenos Aires, hace 25 años que reside en Santa Cruz, la provincia por la que competirá como candidato a diputado nacional.

Molina ocupa el vértice de la lista de legisladores de Fuerza Santacruceña, la versión patagónica de Fuerza Patria. Abrazado al peronismo, muy cercano a Cristina y Alicia Kirchner, el sacerdote asumió el compromiso de jugar en la cancha de la política nacional y dejar su rol sacerdotal en pausa. No son compatibles las dos vidas. Es una o la otra. Y, al menos por un tiempo, le dedicará sus horas a la carrera política. Sabe, de antemano, que comenzará a caminar sobre un campo minado.

En una entrevista con Infobae, Molina, que tuvo una relación estrecha con el Papa Francisco, recordó cuál fue el momento clave en que decidió volcarse a la política por segunda vez. Porque entre el 2013 y el 2015, durante el segundo mandato presidencial de CFK, estuvo a cargo de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR). Tomó la decisión de encabezar la lista a unos cuántos kilometro del sur argentino. Fue en Roma, en la basílica Santa María la Mayor, frente a la tumba de Bergoglio.

El último miércoles Molina lanzó su campaña. Cuando llegó al lugar algunos militantes le inventaron un cántico simpático. “No tengo dudas de a quién votar, yo voto al cura porque el resto es liberal”, le gritaron. Sonrisa tatuada, poncho en el cuello y andar ligero, el sacerdote, que ahora es candidato, se subió al escenario y dejó su primer mensaje de campaña: “No me voy a olvidar nunca que mi trabajo es por los otros. Voy a estar en la Cámara de Diputados para dar pelea por los viejos, por los pibes y por los que quieren estudiar. Y viva Perón carajo!!”.

-¿Por qué decidió meterse, nuevamente, en el terreno de la política, sobre todo teniendo en cuenta que usted deja ahora su rol como sacerdote?

-Porque en algún momento, y también por exigencia del Evangelio, al menos en mi caso, hay que tomar partido. Hay que subirse al ring donde se dan las peleas. Yo siento que vengo dando una pelea, que es política indudablemente, porque el Evangelio es político, porque la visión de los curas que trabajamos con los más pobres y desprotegidos es también hacer una fuerte política, porque la Iglesia es política. Hay espacios que hay que empezar a cubrirlos porque sino es una pelea de un escarbariente con una metralleta. Hay que dar peleas, que damos desde el llano, pero no termina de alcanzar. Eso fue.

-¿Pero quién lo llama? ¿Quién le propone ser candidato a diputado nacional?

-Se ha discutido mucho el dedo. ¿Quién te puso? Todos los dedos que se imaginan que me fueron nombrando, he dicho que no. Hasta que hubo un dedo que fue el que me convenció, que fue el dedo de la gente con la que trabajo. Empecé a preguntar. ¿Quieren que sea diputado? ¿Qué les parece? Me decían que sí, que hay que meterse. El dedo que me termina definiendo como candidato es el dedo de los más pobres. No es una frase armada. Fue mi gente la que terminó de convencerme. Trabajo en hogares de chicos, con los wichis, en escuelas con pibes pobres. Y no hubo quien me dijera que no. Solamente una de las directoras de la escuela me dijo: “Cura, no te metas ahí que la política es una mierda”. Y ese fue otro punto. No puede ser que mi gente, que trabajamos de esto, que dependemos de esto, piense que la política es una mierda.

-¿Esa recomendación, en vez de alejarlo, le generó un interrogante para acercarse?

-Me metió el dedo en la llaga. En mi programa de radio yo siempre le decía a la gente que se meta, hay que militar. Bueno. Ahora me dijeron: “Tanto que nos decís, hacete cargo”. Ese combo de cosas fue. Otro elemento que tuve en Santa Cruz, donde estaba todo dividido, es que empecé a ser el punto de la unidad. Me decían “si vas vos, yo te acompaño”. Y ahí pensé que tal vez sea tiempo de esto. Todo para mi es muy evangélico. Yo soy un tipo muy jesusista, muy de Jesús. Y siempre lo digo, estaba cómodo Jesús en Galilea, en Nazaret, con sus amigos. Predicaban en la montaña, multiplicaba el pan. Y un día dijo “me voy a Jerusalén”. Porque es el núcleo del poder político, económico y religioso. Y es donde lo asesinan. Cuando empieza a hablar donde tiene que hablar. Eran los que oprimian a los más pobres y jodían a los enfermos. Ahí es donde se armaban las leyes y el otro quedaba siempre afuera, siempre descartado. Y eso me terminó de definir.

Molina mantuvo una relación estrecha con el Papa Francisco y definió su candidatura frente a su tumba

-¿Con esta decisión salió de un lugar de comodidad? Porque ahora pasó a un campo hostil y duro. Donde hay una batalla discursiva e ideológica permanente.

-Sí, absolutamente. Ya había salido de ese lugar de comodidad cuando estaba en la Sedronar. Pero era para un trabajo más ejecutivo. Ahí hicimos un montón de cosas y fueron más piadosos. Soy medio de amianto. No me importa mucho lo que dicen. Me preocupa más la gente que me acompaña, cuando lee algunas cosas. Hay que acompañarlos a ellos para que no se vuelvan locos. Dejo un lugar de comodidad y asumo hacer cosas que no estaba acostumbrado hacer y que no quería hacer. Hoy extraño el patio, el abrazo de los pibes, el mate, el chiste, el retarlos. Y recién llevo tres días.

-Tuvo una relación muy cercana con el Papa Francisco. ¿En algún momento del último tiempo de vida de Francisco le planteó la posibilidad de meterte en la política nuevamente?

-No. Porque no lo tenía ni pensado. Esto termina de surgir fuertemente cuando yo estaba frente a la tumba de Francisco. Después lo vi al Papa León XIV. Ya me habian hecho propuestas desde el Ejecutivo dos veces y lo había hablado con Francisco. Y en su momento él me dijo: “Me parece que esto no, no hagas esto”. Yo siempre le consultaba a él. Incluso cuando estuve en el Sedronar. Pero esto no lo habíamos hablado. Porque no estaba en el panorama. Yo siempre decía que jamás iba a ser diputado, ni senador. Decía que no tenía ganas de someterme al escarnio público, a una elección y a que cualquiera diga cualquier cosa.

-Dijo que se terminó de definir cuando estabas frente a la tumba de Francisco. ¿Cómo fue eso?

-Estaba en Roma porque me encontraba con el Papa y le tenía que dejar un montón de cosas que había hablado y que venía hablando con Francisco. Estaba ahí y empezaron a llegar los mensajes más serios de que me necesitaban de candidato. Mensajes en los que me preguntaban si podía ser candidato y me pedían pensarlo. Me paré ante la tumba y le dije: “¿Es necesario que me hagas esto, Francisco?”.

El sacerdote tiene una estrecha relación con Cristina Kirchner y Alicia Kirchner

-¿Lo sentió como un mensaje espiritual?

-Estoy ahí, los llamados se dan ahí. Uno va mirando los signos de las cosas. De dónde surgen y de dónde salen. No estaba en una playa de Miami. Estaba justo en Roma, en medio de una jornada de jóvenes, con todo un lío, con la cabeza puesta en lo que le tenía que decir al Papa. Era la primera vez que me iba a enfrentar a la tumba de Francisco. Estaba triste por esa partida. Para mi fue muy emocionante entrar y verlo. Y en ese contexto entran los mensajes de que necesitaban una respuesta sobre la candidatura. Son estas místicas de cura.

-Por fuera de los pedidos de la gente, ¿No era algo que usted venía elucubrando en su cabeza en el último tiempo?

-De ninguna manera. No lo busqué. Siempre pensé en que en el próximo presidente que venga, podía sumarme a algo ejecutivo. Y si era en la provincia de Santa Cruz, también en algo ejecutivo. Pero nunca pensé en esto de ser diputado. La primer persona que me dice de ser candidato, le respondo con una chicana: “Diputado no, senador”, diciéndole, en forma de chiste, que ganaba mucho más que los diputados. No lo tenía pensado. Nunca lo pensé.

-¿Cómo sigue su vida ligada a la Iglesia en términos formales? En su momento, el obispado de Río Gallegos emitió un comunicado diciendo que había sido una decisión individual suya, que no reflejaba a la institución.

-Fue así. Me llama el obispo para decirme: “Mirá tenemos la obligación de sacar un comunicado oficial para explicar esto”. Es un comunicado más allá del decreto que hace la Iglesia para darme la dispensa. Y ahí tenían que decir que era una decisión personal. Y es verdad, es una decisión personal, no es una decisión de la Iglesia. Por eso el comunicado dice que yo no voy a hablar en nombre de la Iglesia, sino en términos personales.

Molina durante su trabajo pastoral en Haití a través de la Fundación Valdocco

-Eso le dio libertad de acción

-Ahora tomo partido. Hablo también en nombre de un espacio, que es la Fuerza Santacruceña, que es una coalición de un montón de fuerzas que vienen trabajando de abajo para arriba, y que están en el territorio. Donde hay peronistas y no peronistas. Voy a hablar en nombre de esa fuerza pero, sobre todo, voy a hablar en nombre de la gente. Está muy bien hecho el comunicado. Es duro. Pareciera que la Iglesia me suelta la mano, pero en realidad no me suelta la mano. Es lo mismo que me dijo Francisco cuando agarré la Sedronar. Esta vez está expresado en un decreto.

¿Qué le dijo?

-Él me dijo, de forma irrestricta, como bautizado y como presbitero, tenes que defender el evangelio. No me cabe la menor duda. Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber. La doctrina social de la Iglesia. Y ahí él pone dos puntos. El primero es la opción preferencial por los pobres. Ya está, no tengo más nada que discutir. A eso voy al Congreso. A defender a los más pobres. Que son los jubilados, los discapacitados, los menores de edad que son criminalizados con la baja de imputabilidad, los pibes con problemas de adicciones. Y después iré por otro lado, que es defender los recursos de los lugares.

-¿Y qué es lo otro que le pide?

-Me pide la defensa de la vida desde el momento de su concepción en adelante. Defenderé la vida desde su concepción pero también toda vida vale. La del pibe de tres años que sale a laburar, la del pibe de 16 años que no puede estudiar, la del pibe de 27 años que no consigue laburo. La vida de los viejos que no tienen remedios, la vida de los enfermos oncológicos que se mueren si no tienen la medicación. La Iglesia no me suelta la mano, sino que me pone un peso más como diputado.

-La Iglesia, como institución, viene emitiendo varias criticas al gobierno nacional. Por los jubilados, por los pobres, por los comedores sociales, por la agresividad que baja desde el Presidente a los que lo cuestionan. Ha marcado cierta distancia. ¿Se siente identificado con esa Iglesia?

-Más que marcar distancia, lo que hacen es marcar el Evangelio. La gran revolución de Francisco es volver a poner al Jesús del Evangelio, el Jesús de los pobres, en el centro. Me ha sorprendido gratamente que la Iglesia argentina se haya puesto en esta vereda. Me gusta, me pone contento, me parece que hoy tiene esa voz para brindar.

Molina durante el lanzamiento de la campaña en Santa Cruz

-¿Qué ve en Milei y en su gestión?

-Veo crueldad, odio, represión, injusticia, burla, abandono y desprecio. Eso veo en la gestión y lo veo como una política de Estado.

-¿Qué es lo que más le sorprendió de los límites que Milei fue traspasando en el trato con quienes piensan diferente o lo cuestionan?

-La crueldad a los discapacitados y a los viejos. Lo otro son peleas que crean agenda. La impunidad, la burla y meterse con los más pobres de los pobres.

-¿Habló con Cristina Kirchner sobre la decisión de ser candidato a diputado? ¿Cómo jugó ella en esta determinación que usted tomó?

-Es a la que le dije que no. ¿Dónde tenes dirección?, me preguntó en su momento. “No voy a ser candidato, Cristina. No voy a ser candidato”, le dije. Bueno. Se quedó ahí. Y después empezaron los intendentes a preguntar. En la provincia me hicieron una operación para bajarme el precio. Y ahi les salió el tiro por la culata, porque todos los dirigentes viejos, toda la gente que estaba desilusionada, cansada, empezó a decirme que si yo era el candidato, me acompañaba. Soy el mismo hace 25 años. No oculto nada. Tengo relación con Néstor, Cristina y Alicia. Nunca he sacado los pies lo del plato. Nunca. Si miras mis redes sociales, soy el mismo hace 25 años. Tengo con Cristina una linda relación. Nos decimos las cosas. Nos peleamos, nos amigamos. La quiero un montón. Sé que me quiere mucho. Y eso ha construido una mirada política distinta de la vida.

-Respecto a la decisión de ser candidato,¿Qué te dijeron en su familia y en el grupo de sacerdotes del que formas parte?

-Mi papá, al principio, no lo entendió. Y después me dijo, decime que no vas a ser de estos que van y después se van. Me quiso decir que no sea testimonial. Si vas a ir, soy el primero en apoyarte. Le pedí que no escuché nada de lo que digan de mí. Mis hermanos están preocupados por lo que dicen, pero todos acompañaron. En el ámbito de los curas también encontré mucho acompañamiento. No me pasó eso cuando fui a la Sedronar. Ahí los primeros que atacaron fueron los curas. Fuego amigo. Por supuesto que hay sectores de la Iglesia que están re embolados con esto de la candidatura. Pero hay algo bueno. No me sacaron del chat de los curas. Sigo estando. Es un milagro. Después los curas de Opción por los Pobres, que es la comunidad que integro, están felices. Y después esto yo lo hablé mucho con gente muy encumbrada en la Iglesia, que nos queremos un montón, y también me apoyaron.

-¿Habló con el titular de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), Marcelo Colombo, antes de saltar al campo de la política?

-No. De la iglesia argentina, no hablé con nadie más. Mi trabajo con Francisco me ha hecho relacionar con gente muy importante de la Iglesia y todos me dijeron lo que me tienen que decir como curas, pero me animaron a que le meta para adelante. Y está bien que así sea.

-¿No le hace algún ruido estar distanciado de la iglesia durante el tiempo que esté involucrado en la política?

-No. No me hace ruido. Mi ministerio sacerdotal era ámbitos distintos. Yo no rezaba en una parroquia o acompañaba a la señora de Cáritas. Mi ministerio sacerdotal era en el medio de los pibes, en la fundación, en el medio de los wichis, en una escuela. Ahí ejercía de cura. Pero cada tanto haré trampa y tiraré alguna bendición por ahí.

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