Depresión sin estigma: Funcionar no es vivir… El cansancio de fingir que todo está bien

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El pasado 13 de enero se conmemoró nuevamente El Día Mundial de la Depresión. No se trata de generar una etiqueta, mas bien de recordar que nadie debería atravesar en soledad ese estado en el que hasta respirar se vuelve un esfuerzo.

La depresión no siempre se muestra con lágrimas. A veces se viste de traje, llega puntual al trabajo, responde todos los mensajes y sonríe en las fotos. Pero por dentro, el mundo ha perdido color. En este texto, comparto lo que he escuchado, lo que he leído y lo que he aprendido: que sanar no es “curarse”, sino volver a sentirse digno de compañía; sin tener que arreglarse antes.

Hace unas semanas, un amigo me escribió un mensaje que aún guardo en mis notas: “No entiendo por qué sigo trabajando tanto si ya no siento nada. Ni alegría, ni tristeza. Solo cansancio con traje”. No tenía insomnio, no lloraba en público, no encajaba en la imagen clásica de la depresión. Pero llevaba meses viendo a su hija jugar en el patio… y le daba lo mismo. Esa frase —“le daba lo mismo”— me heló. Porque no es un estado de indiferencia, mas bien me animo a decir que es agotamiento del alma.

“La depresión no siempre llora. A veces ordena la cocina a las 3 a.m.”

Ese mismo mes, una conocida me contó que pasó una noche entera ordenando su cocina. No porque le guste limpiar, sino porque, al menos por un rato, ese cajón de trastos le dio algo que controlar en un mundo que se le deshacía. Otra persona me relataba cómo ese estado de vacío la había llevado a una dependencia emocional de tal magnitud que no estar cerca de su actual pareja la hacía sentir vacía, sin propósito, sin rumbo, sin camino propio: inundándola una tristeza y ansiedad que no le dejaban hacer nada. Estas historias no son excepciones. Son testimonios silenciosos de un fenómeno mucho más amplio: el sufrimiento que no se ve porque no encuentra vías para expresarse, para emerger tal cual es y lo único que sabe hacer es callar eficientemente, muy eficientemente.

Si te preguntás si esto tiene respaldo científico, la respuesta es sí. Un estudio de la Universidad de Michigan mostró que, cuando dejamos de mirar solo la tristeza y consideramos irritabilidad, sobre-trabajo o aislamiento, hombres y mujeres atraviesan la depresión con la misma frecuencia. Solo que muchos no lo reconocen… porque se han acostumbrado a la incómoda comodidad y «solo» en algunos casos se animan a afirmar que estan exhaustos de existir. Como escribió Andrew Solomon en El demonio del mediodía, uno de los libros más honestos sobre el tema: “La depresión no es tristeza. Es la imposibilidad de sentir cualquier cosa”.

“Sanar no es forzar al río a correr. Es abrir los manantiales.”

Imaginate conmigo en un mirador de la quebrada, en la pre-puna. Respirá ese aire, sentí cómo te acaricia el sol y el viento insistente. Mientras tanto, te cuento que en la cosmovisión andina hay una enseñanza que uso a menudo cuando siento y percibo esa tristeza sin nombre propio que tiene raíces profundas, este pensamiento que transmiten los ancianos, dice algo asi como: «El río no se seca porque quiera, sino porque la montaña dejó de darle agua”. Pensalo un ratito, un momentito… dale… yo te espero aquí y retoma la lectura.

Pasa que muchas veces creemos que el problema está en nosotros: “¿Por qué no puedo alegrarme?”. Pero quizás no es que el río haya perdido su esencia, sino que las fuentes se han bloqueado, los manantiales de donde tu río se alimenta han sido bloqueados, han sido obturados y hasta ahí me animo con las afirmaciones de mi parte y sostenido en la cosmovisión andina, en este punto deberían emerger en ti algunas preguntas.

Mientras eso ocurre quiero criticar con firmeza la filosofía Nike, si la de las zapatillas, cuya manufactura es impecable, que cumplen su función de manera excelente y lo digo como usuario, pero su Claim publicitario ha arraigado una especie de filosofía popular que te impone el «Dale!!!» «Hacelo!!!» me refiero al famoso Just Do It: «Solo Hazlo». No hay contemplación de la diversidad de contextos ni mucho menos de la diversidad anímica que los diversos contextos contribuyen a crear, las exigencias sociales que no se alcanzan o apenas se arañan, lo que importa es «Solo Hazlo», ahí no hay espacio para el sufrimiento emocional, es como exigirle a un árbol seco que dé frutos… Sin regarlo.

Lo que sí ayuda son los gestos mínimos: encender una vela sin pedir nada a cambio, verte en esa pequeña llama que a pesar de… sigue siendo. Caminar sin destino; estirar las piernas hacer que tu sangre circule y tu cerebro oxigene. Preparar un mate y dejar que el vapor bese tu rostro y el aroma te abrace; fuerte muy lindo. Son actos pequeños, casi invisibles, pero cargados de presencia. No exigen entusiasmo. Solo atención. Y en esa atención, poco a poco, el deseo vuelve. Mi madre, en ese hebreo tan bonito en su voz que aún resuena en mi corazón sobre todo en mi memoria, lentamente lo decía cuando me veía algo desorientado: «Lashuv, Theshuvá»: Volverse, retomar el “camino”. Así es la sanación: no un salto, sino un retorno u buscar y encontrar y encontrarse nuevamente en el camino.

“Buscar ayuda profesional no es rendirse. Es honrar tu propia humanidad.”

Hay algo que debo decir con claridad, porque lo he visto demasiadas veces: ni los rituales más antiguos, ni la voluntad más firme a veces bastan. Hay momentos en los que el dolor es tan profundo que necesitamos manos entrenadas que nos ayuden a descifrar lo que nuestro cuerpo y nuestra mente no pueden denominar, y si eso pasa no quisiera que pienses que has fallado, quisiera que pienses que reconocer que no podes solo, que no podes sola; es valor.

Y cada vez que la cuestión en esta columna venga de la mano de la Salud Mental te voy a recomendar lo siguiente: En Argentina, el sistema público de salud ofrece atención en salud mental en hospitales, centros comunitarios y programas especializados. Hay profesionales brillantes ahí. Acudir a ellos es buscar herramientas y recursos para seguir.

Y esto va de mi parte y me hago cargo: Si buscás sostén espiritual, no subestimes el poder de una comunidad de sana doctrina. No hablo de lugares donde te exijan certezas, sino de espacios donde te reciban con tus preguntas. No tenés que tenerlo todo claro.

“El Creador no espera que te arregles. Te encuentra en el desorden.”

Porque la verdadera fe no es una fórmula mágica. Es un camino en comunidad. Y el Creador —ese que conoce el peso de cada silencio— no espera que te compongas antes de acercarte. Está a la puerta y llama y quiere entrar y cenar contigo, asi como estas; Despeinada, desarreglado, rebosante de dudas con el corazón latiendo desordenadamente, asi te busca; dejate encontrar.

Si esta historia te tocó… si en algún momento te viste en ese hombre que trabaja sin sentir, en esa mujer que ordena para no desmoronarse, o esa otra chica que habiendo perdido su identidad se entrega a una relación de dependencia ante la posibilidad de deshacer su yo por la tristeza de la falta de propósito o simplemente te viste en ese río que, privado de sus manantiales, casi se seca por completo… entonces este texto no es solo para leer. Es para compartir. Porque acá no te voy a vender certezas, siempre vas a encontrar una que otra pregunta que ojalá te muestren el camino para lograr encausarte hacia tu mejor versión sin traicionar tu identidad.

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