Esta es la guerra que corporiza la redefinición del orden mundial (Resumen y posibilidades de un conflicto milenario)

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Thomas Friedman lo resumió con seis palabras y dos comas: «Todo, y su contrario, es posible». Mientras Irán responde con drones a pesar de tener descabezado su régimen, mientras el petróleo se dispara y China advierte sobre soberanía, asistimos al momento más impredecible de Medio Oriente en medio siglo. Esta es la crónica de una semana de guerra que busca la redefinición del orden mundial.

«Todo, y su contrario, es posible»

— Thomas Friedman, The New York Times

El sábado por la mañana, a las 9:40 hora de Teherán, una reunión de altos mandos iraníes fue detectada por la inteligencia estadounidense e israelí. No tomaron los recaudos necesarios. Dos horas después, misiles Arrow disparados desde aviones F-15 norteamericanos impactaban con precisión quirúrgica. El ayatolá Ali Jamenei, quien gobernó Irán durante 37 años, murió junto a parte de su familia y casi 50 autoridades del régimen. Parecía el final. Pero en Medio Oriente, nada es lo que parece… nada.

Thomas Friedman, el columnista del New York Times, es una de las personas en el mundo que mejor conoce los pliegues de la región, lo había advertido en su artículo publicado el 2 de marzo de 2026: «Este es el momento más impredecible de Medio Oriente en medio siglo». Friedman no es cualquier analista. Es el periodista que mas ha recorrido la región durante décadas, que entiende que allí la religión, el petróleo, la política tribal y las grandes potencias se entrelazan en cada historia importante. Si buscas una narrativa en blanco y negro, te conviene jugar a las damas y dejar aquí la lectura, nos vemos en otra crónica, gracias… porque lo que sigue es ajedrez tridimensional.

«En Medio Oriente, lo opuesto a la autocracia no es la democracia: es el caos»

— Thomas Friedman

Y el caos es exactamente lo que estamos viendo, voy a tratar de describir el caos, tratar; mientras Estados Unidos e Israel celebraban lo que parecía una victoria estratégica, Irán respondía con una capacidad que nadie esperaba. Drones Shahed-136, esos aparatos que los ucranianos llaman «ciclomotores» por el ruido que hacen, impactaron contra la embajada norteamericana en Riad. Atacaron refinerías de Aramco, la compañía petrolera más grande del mundo, en Arabia Saudita. Golpearon bases en Bahréin, Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos. Incluso alcanzaron Chipre, donde hay bases británicas. La Hidra de Lerna, ese monstruo mitológico al que Hércules cortaba cabezas y le crecían otras, parecía haberse corporizado para darnos una idea de como es en realidad el régimen que aún gobierna Irán.

Pero hay algo más profundo ocurriendo aquí, algo que trasciende los misiles y los drones. Friedman lo entiende perfectamente: Irán ha sido el principal obstáculo para la normalización de las relaciones entre el mundo árabe e Israel durante 47 años. El ataque del 7 de octubre de 2023, ejecutado por Hamás con respaldo iraní, tenía un propósito claro: dinamitar los Acuerdos de Abraham impulsados por Trump para normalizar relaciones entre Israel y Arabia Saudita. Irán no solo exportaba petróleo a China; exportaba violencia a través de milicias como Hezbolá en el Líbano, los hutíes en Yemen y grupos paramilitares en Irak. Era el antiguo Medio Oriente atacando al nuevo Medio Oriente, como muy bien explica en uno de sus ultimas publicaciones en la prensa de medio oriente el periodista libanés-emiratí Nadim Koteich.

Sin embargo, la ecuación no es tan simple como derrocar una dictadura y esperar que florezca la democracia. Friedman lo dice sin ambages: «En Medio Oriente, lo opuesto a la autocracia no es la democracia: es el caos», ¿pruebas de esta temeraria afirmación? cuatro recientes, muy recientes: lo vimos en Libia, lo vimos en Siria, lo vimos en Irak y lo vimos en Afganistán. Cuando las dictaduras de la región son decapitadas, implosionan o explotan.

Una variable a tener en cuenta para creer aún mas en la aplicabilidad de la afirmación de Friedman «Todo, y su contrario, es posible», es que Irán es un mosaico étnico donde los persas representan solo el 60% de la población, esto hay que reiterarlo, a riesgo de que nuevamente me achaquen mi redundancia, esta distinción es mas que importante para comprender la región, entonces, para quien quiera profundizar en comprender el conflicto y se aventure a bucear en esas profundidades, parta de la realidad de un 60% de población iraní persa algo distinto a un árabe, investigue, averigüe, lea: queda en Ud. como dicen en muchas facultades como una especie de lavamanos intelectual: Ud. busque la bibliografía, lea y profundice, lo espero en la clase de consulta.

Tenemos entonces un 60% persa, El 40% restante son azeríes, kurdos, lures, árabes y baluchis, cada uno con vínculos territoriales fuera de Irán. Un caos prolongado en Teherán podría provocar la escisión de cualquiera de ellos y la desintegración de Irán como entidad geográfica única.

«El momento del fin de esta guerra estará determinado tanto por los mercados petroleros y financieros como por la situación militar en Irán»

— Thomas Friedman

La afirmación es al mismo tiempo descripción, con lo que queda claro que la guerra deja de ser solo militar para convertirse en económica. El estrecho de Ormuz, ese cuello de botella marítimo que separa a Irán de los países del Golfo, es por donde transita el 20% del comercio mundial de petróleo. Irán anunció su cierre y atacó el buque petrolero Athens Nova, descripto como aliado de Estados Unidos. Cientos de barcos quedaron varados en standby. El precio del gas en Europa subió 40% en un día y otro 30% a la mañana siguiente. El petróleo, que cotizaba a 72 dólares el barril el viernes, superó los 82 dólares. Friedman advierte que si esto se desmadra del todo, no es inimaginable un petróleo a 150 dólares el barril. Un caos mundial para la economía global.

China es el gran perjudicado, y esto humilde cronista se niega a creer que esto es mera casualidad, yo me aventuro a decir que es el fondo y motivo de la cuestión. Marcelo Cantelmi, en un artículo publicado en Clarín, fue el primero en señalarlo hace semanas: un ataque norteamericano sobre Irán es también un ataque sobre China, decía en aquella publicación. Irán le vende a China cerca del 25% de su producción petrolera. Cuando el canciller chino Wang Yi pidió el cese inmediato de los ataques y aseguró al gobierno iraní su apoyo en defensa de su soberanía, el mundo contuvo la respiración. ¿Está China dispuesta a intervenir? Nadie lo sabe. Pero cuando Friedman dice «todo y su contrario es posible», hay que escucharle, y les aseguro que cuando escribo esto me pasa algo en el pecho y no se siente nada bien.

Mientras tanto, Trump, como para no desentonar con su papel como ingeniero del caos que hoy reina en el mundo, se contradice a sí mismo. Primero dijo que ordenó matar a Jamenei porque él lo quiso matar primero. Luego que era por el programa nuclear iraní. Después que esto terminaría en cuatro semanas. Ahora dice que tomará el tiempo que sea necesario. Dice que el escenario perfecto es el de Venezuela, como si Venezuela fuese un escenario perfecto y no un desastre donde simplemente reemplazó un dictador por una dictadora mas amigable y obediente para con el. Las encuestas no lo acompañan: solo el 27% de los norteamericanos apoya la intervención. Y si el precio de los combustibles sigue disparándose, ese número caerá aún más, mucho mas y no es que al estadounidense promedio le importe la guerra, solo le importa el precio del galón de su «gasolina».

«Si la República Islámica de Irán es derrocada o debilitada, Arabia Saudita, Líbano, Siria, Omán, Qatar, Kuwait y tal vez incluso Irak se sentirían mucho más cómodos normalizando sus relaciones con Israel»

— Thomas Friedman

En medio de todo este verdadero lio emerge una oportunidad histórica, y Friedman la ve con claridad: si el régimen iraní cae o se debilita significativamente, se abriría la posibilidad de una normalización regional sin precedentes. Arabia Saudita, Líbano, Siria, Omán, Qatar, Kuwait y tal vez incluso Irak se sentirían mucho más cómodos normalizando sus relaciones con Israel. El problema es que eso requeriría que Netanyahu acepte la teoría de dos estados para dos pueblos, algo que el primer ministro israelí jamás ha mostrado disposición a hacer. Netanyahu ha logrado derrotas militares a corto plazo contra Hamás, la Jihad Islámica, Hezbolá e Irán, pero no ha traducido ninguna de ellas en ganancias diplomáticas o políticas a largo plazo.

Veamos el tablero, despejemos un poco el escombro de los misiles que caen y los ataques quirúrgicos, así que aquí estamos, en este momento plástico e impredecible donde tres obstáculos se interponen en el camino de la paz: el propio Irán, que ha sido y es un obstáculo para la pacificación regional; Netanyahu, que jamás aceptaría la noción de dos estados; y el propio Trump, cuyo comportamiento errático y contradictorio (y eso que no nos metemos con lo que su policía inmigratoria hace en su propio territorio) no ayuda a nadie. Friedman termina su artículo con esa frase de seis palabras y dos comas que debería estar grabada a fuego en nuestra mente: «Todo, y su contrario, es posible».

Y mientras lees esto, la dinámica caótica de lo que sucede en medio oriente seguramente haga que todo lo escrito quede desvencijado y obsoleto, todo se mueve a velocidad de partículas cuánticas y desdeñando toda ley física mecánica. Irán puede implosionar y desintegrarse en un caos de facciones armadas, o puede surgir una República Islámica 2.0 menos amenazante. El petróleo puede dispararse a 150 dólares o puede estabilizarse. China puede intervenir o puede quedarse mirando. Los jóvenes iraníes, ese 48% de la población menor de 30 años que protagonizó las protestas de «Mujer, Vida, Libertad» tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, pueden finalmente derrocar el régimen o pueden ser masacrados como las 32.000 personas que ya cayeron bajo la represión de la Guardia Revolucionaria.

Nadie sabe. Todo es puro caos. Y en ese vértigo, solo nos queda recordar las palabras de Nila, esa joven iraní anónima que escribió un e-mail que se publicó en El Grand Continent en enero de 2026: «Espero que suceda lo que tiene que suceder: ese gran deseo de Irán que se llama libertad».

Me permito un deseo personal y la expresión de una creencia, porque la revisión de la semana de esta guerra me ha producido emociones muy fuertes y estoy convencido que a veces, en la historia, lo que tiene que suceder… simplemente sucede.

Aunque el camino hacia allí, hasta eso que va a suceder, esté pavimentado con contradicciones, incertidumbres y la posibilidad constante de que todo, y su contrario, sea posible.

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