De Cervantes a Thiel: cuando paranoia y poder dejan de ser locura y configuran un gobierno

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El 22 de abril de 1616 dejaba este mundo Miguel de Cervantes. La tradición sitúa la muerte de William Shakespeare un día después. El 22 de abril de 1994 marcó también la muerte de Richard Nixon. Esta misma semana, el presidente argentino Javier Milei recibió a Peter Thiel en la Casa Rosada. Cuatro siglos, un mismo hilo invisible.

Paranoia y poder no son un rasgo de carácter. Juntas configuran un estado mental que se caracteriza por la desconfianza sistemática y la sospecha institucionalizada. Es un disparador que se repite en distintas épocas, en distintos contextos y con actores muy diferentes, pero su presencia en la escena deja rastros parecidos: va desde micrófonos en sedes opositoras hasta la denuncia por espionaje contra periodistas en la Casa Rosada. Hoy, ese mismo guion se cruza con la visita de Thiel a Buenos Aires y con una pregunta que ya no admite respuestas fáciles: ¿Qué pasa cuando la desconfianza se convierte en sistema?

Paranoia y poder de eso se trata el texto de hoy, advertidos… están invitados a leer: Hace unos días, mientras revisaba el calendario, me detuve en una coincidencia que parece más literaria que casual. El 22 de abril de 1616 murió Miguel de Cervantes y, un día después de ese mismo día de ese mismo año, un 23 de abril, fallecía William Shakespeare. La UNESCO declaró el 23 de abril como el Día Internacional del Libro, pero hay un 22 de abril más cercano que el almanaque registra con menos pompa: el de 1994, cuando falleció Richard Nixon.

Ya te estoy escuchando decir: «Ya arrancaste a conectar patrones». Sí, ya arranqué, y espero que vengas conmigo porque lo que estoy viendo es fascinante y quiero compartirlo contigo, y con quienes se aventuren a seguir leyendo. Un dato más: el 23 de abril pasado, Javier Milei, el presidente argentino, recibió a Peter Thiel en la Casa Rosada. Cervantes, Shakespeare, Nixon, Thiel, Milei… ¿Qué tienen que ver? Nada… aparentemente. Y escribo «aparentemente», porque hay un hilo. Te prometo que lo que sigue no va de superstición cronológica, ni de numerología chamánica, ni nada que se le parezca. Si estás intuyendo algo, o si no ves nada aún, sígueme. El recorrido vale la pena.

Lo que Cervantes y Shakespeare llamaron locura, el poder moderno lo ha convertido en metodología. En El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, la obsesión reconfigura la realidad; en Macbeth y El rey Lear, el miedo legitima la traición y el aislamiento. Con este brevísimo acercamiento a los padres de la lengua española e inglesa, creo que coincidirás conmigo en que no es necesario más para ir reconociendo un patrón. Ven a la actualidad y observa cómo ciertos líderes transforman la desconfianza en política de Estado. Ahí es donde, detrás de la desconfianza, asoma la paranoia. Y poco a poco vas a ver cómo este liderazgo actual la conjura. Vamos despacio para no perdernos en el camino.

«Sigan el dinero. No las palabras. Ahí es donde se esconde la verdadera estructura del poder.»

Garganta Profunda (Deep Throat), informante secreto de Bob Woodward y Carl Bernstein en el caso Watergate

De lo enunciado —el «temita» de la paranoia y el poder— hay ejemplos a miles en los anales de la historia de los gobiernos. Pero para que el hilo narrativo y la continuidad de fechas nos ayuden a enfocar el fenómeno, vamos a tomar a Richard Nixon como punto de interés para desarrollar este relato. A Nixon la historia lo muestra administrando el temor como si fuera una secretaría más de su gobierno: listas de enemigos, grabaciones clandestinas, una fijación enfermiza por controlar cada susurro. O sea, una especie de método para administrar el miedo. Entonces llegamos a Watergate, que claro no fue un accidente administrativo, sino la consecuencia lógica de una forma de gobernar desde, justamente, la paranoia.

Claro que hay grandes diferencias entre el EE. UU. de Nixon y la Argentina de Milei. En aquel EE. UU., la investigación de Woodward y Bernstein terminó con la renuncia de Nixon ante, en primer lugar, el «respeto irrestricto» de la libertad de prensa y el funcionamiento de las instituciones. La diferencia, claro, está en el contexto. Nixon operaba en una democracia con instituciones que, al final, contuvieron el cimbronazo que implicó el descubrimiento de las tareas de espionaje ilegal. Milei en Argentina en 2026 gobierna en un país con fracturas históricas, donde la tensión entre orden y libertad tiene otra densidad.

«El 95% de los que portan credencial de prensa son basuras repugnantes. Espero que esto llegue hasta los máximos responsables.»

Javier Milei, en relación con el caso Geuna y Salerno

El gobierno argentino denunció a dos periodistas, Luciana Geuna e Ignacio Salerno, por grabar en los pasillos de la Casa Rosada. El jefe de la Casa Militar, el general de brigada Sebastián Ibáñez, sostuvo que la intromisión burló la seguridad presidencial y expuso secretos de Estado. La resolución 1319 de la Secretaría de Medios, aquel documento que marcó la era de Manuel Adorni como vocero, volvió a aparecer como marco regulatorio. Les propongo un ejercicio muy simple: pensar si lo que nos debe llamar la atención y ponernos en estado de alerta es la denuncia en sí, o la naturalización de este tipo de relato que lleva a la denuncia.

El gran país del norte inspira, lo sabemos, ¿no? Por lo que el relato no configura entonces un hecho aislado. Tomen nota: en Estados Unidos, el FBI investiga a Elizabeth Williamson, del New York Times, por publicar notas sobre el uso de custodia oficial para cuidar a la novia de un alto funcionario. La Primera Enmienda, ese paraguas que protegió a Woodward y Bernstein para cuando se comenzó a publicar la serie de artículos que devendrían en el caso Watergate, hoy se discute en despachos y comités en EEUU.

Pregunta, a esta altura. ¿Ves el patrón? Porque para mí el patrón se repite con otra estética. Ya no se trata de torpes agentes instalando micrófonos ocultos, no. Y poco a poco nos acercamos a lo que de verdad me tiene realmente preocupado, y escribo preocupado porque siento muy profundamente que estas letritas no alcanzan para ocuparse del tema, que es urgente. Retomo: hoy los micrófonos ocultos son obsoletos. Hoy la cuestión pasa por el software predictivo, por empresas que hacen minería de datos pagadas con contratos millonarios al servicio de algo que yo personalmente —y me hago cargo, vengan de a uno, solo eso pido— pienso que es una ideología que ha hecho de la eficiente vigilancia una especie de eslogan o máxima. Y luego de lo expuesto es que hace su ingreso a esta crónica Peter Thiel.

«Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles. El proceso democrático trabaja sistemáticamente contra la libertad.»

Peter Thiel, sobre su postura frente a los sistemas democráticos

El 23 de abril pasado, en una Casa Rosada sin periodistas acreditados, Milei recibió a Thiel durante cerca de una hora. Junto al canciller Pablo Quirno, el presidente argentino se reunió con el cofundador de PayPal y de Palantir Technologies, acompañado por sus asesores Matt Danzeisen, administrador de Thiel Capital, y Matías Van Thienen, socio de Founders Fund. No hubo anuncios de inversiones. No hubo declaraciones. Solo la foto oficial y un comunicado de un párrafo.

Thiel cerraba así una semana de reuniones con funcionarios de La Libertad Avanza, incluyendo al asesor Santiago Caputo, quien conserva el control de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). No es la primera vez que se ven: ya se habían encontrado el 8 de mayo de 2024. Pero el contexto cambió. Palantir, la empresa que Thiel cofundó tras los atentados del 11 de septiembre con respaldo de la CIA, publicó días atrás un manifiesto titulado República Tecnológica: «La capacidad de las sociedades libres y democráticas para prevalecer requiere algo más que un atractivo moral. Requiere poder duro, y el poder duro en este siglo se construirá sobre software».

Francesca Bria, una de las voces más lúcidas de la Unión Europea en materia digital, lo definió con una precisión que quiero transcribir para todos ustedes: «Lo que nació como una evasión libertaria se ha transformado en una apropiación autoritaria». Palantir y Anduril, sus compañías, ya no venden software. Venden infraestructura estatal. ¿Cómo es eso? Pues, por ejemplo, sus ejecutivos ocupan cargos en la Casa Blanca y en el Pentágono. Sus fondos de inversión cruzan fronteras y se entrelazan con familias presidenciales u ocupantes del poder. Así de simple, así de claro y, por lo menos a mí, me parece: peligroso. No quiero que te abrumes, no me gusta cuando eso pasa, pero voy a parafrasear una reflexión que circuló en X de Lilita Carrió: «Hay que buscar qué es Palantir». Si es que no lo sabes aún, te pido este simple ejercicio democrático: hazlo, busca y averigua qué es Palantir.

«La democracia persiste como una interfaz heredada, mantenida solo por motivos de estabilidad, mientras es sistemáticamente vaciada y reemplazada.»

Guillem Blasi, analista y consultor especializado en tecnología y política

Yo veo hilos, conexiones… ¿los ves? Veo un guion que se actualiza ¿lo ves? . En Watergate, la prensa expuso al poder. Hoy, el poder intenta criminalizar a la prensa para blindar sus contratos. Thiel no necesita dar un golpe de Estado. Le basta con volverse indispensable. La paranoia de Nixon buscaba enemigos en los pasillos. La paranoia de hoy los busca en los servidores, en las bases de datos, en los algoritmos que deciden quién es leal y quién es riesgo.

Y mientras tanto, el presidente argentino recibe a ese personaje, a Peter Thiel, un hombre que no solo tiene convicciones de élite tecnocrática, sino que cree abiertamente que la democracia es un obstáculo, y tiene herramientas poderosas para traspasarla y, quizás, dañarla de muerte.

Nixon cayó porque las instituciones estadounidenses, aunque heridas, resistieron. La pregunta que queda flotando es: ¿resistirán las nuestras?

No he tratado de llevar adelante un ejercicio esotérico que genere la idea de profecías basadas en coincidencias (pero vaya que llaman la atención), lo que he tratado de hacer es un ejercicio de memoria. Cervantes escribió sobre la locura del poder; Shakespeare, sobre la traición que nace del miedo. Hoy, esos ecos a mí me interpelan… ¿a ti?
    

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