A 35 años del regreso de Ramón Díaz a River Plate: marcó por duplicado en el debut y terminó siendo goleador y campeón

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Ramón Díaz, abrazado por la

“Yo no vengo a robar”. Corrían los últimos días de agosto de 1991 y faltaba una semana para comenzar el torneo Apertura. Esas palabras salieron de la boca de un jugador que regresaba al fútbol argentino luego de casi 10 años. Y en esa respuesta, no dejó lugar a ninguna duda sobre su actualidad, que sería refrendada con una deslumbrante performance en ese campeonato. Ramón Ángel Díaz estaba de vuelta para lucir la camiseta de su amado River Plate y darse el gusto, no solo de ser campeón, sino también, el goleador de una competencia, que tuvo un inicio muy particular, dentro y fuera de la cancha.

La parábola del hijo pródigo. Con tintes futboleros. Ese retorno anhelado por la religión riverplatense se haría realidad cuando el Pelado cumpliera con los mandamientos de la biblia de los Millonarios, proclives a respetar el mandato de la tres g: ganar, gustar y golear.

Atrás habían quedado casi 10 años de éxitos en Europa: aquellos goles en el modesto Avellino, la consagración en el Inter y el reinado, casi compartido con Rainiero, en las refinadas tierras monegascas. Fue allí cuando se instaló la polémica por su no convocatoria a una selección con anemia ofensiva, que se preparaba para defender en el Mundial de Italia lo conseguido en el de México. Que incluso motivó una cumbre en la quinta de Olivos, tras los pedidos públicos del presidente Carlos Menem a Carlos Bilardo por su citación.

Se había ido muy joven, luego de ser campeón juvenil, conformado la dupla letal con Maradona en Tokio, vistiendo de alegría nuestras madrugadas. Pese a la enorme cantidad de goles que marcaba, le costó afirmarse como titular en River, por la presencia de Leopoldo Luque, quien era inamovible para Ángel Labruna. La llegada de Alfredo di Stéfano le dio confianza y continuidad. El último partido oficial con los Millonarios, tuvo su sello: autor del único gol de la victoria frente a Boca en Mar del Plata, el 6 de febrero de 1982, para ganar el torneo de verano.

Enrique Macaya Márquez y Marcelo Araujo en la apertura de la primera transmisión de la historia de Televisión Satelital Codificada

En aquel agosto del ‘91, también eran tiempos de novedades fuera de la cancha, más precisamente en el plano televisivo. Fútbol de Primera había comenzado casi tímidamente por ATC en agosto del ‘85. Luego de cuatro años, donde no paró de crecer, partió al 9. A principios de 1990, el viejo canal 11 fue privatizado (al igual que el 13), convirtiéndose en Telefe. Entre sus primeras ideas, estaba la de ser la pantalla más deportiva de la TV abierta, transmitiendo la Copa Libertadores, torneos de tenis y la Fórmula 1. En esa misma dirección fue la aparición de un noticiero deportivo todos los días a la medianoche, que tuvo un cambio de conductor a dos días del debut, creando una enorme incertidumbre. Finalmente, Videomatch salió al aire con la conducción de Marcelo Tinelli, levantando el telón de un liderazgo sin precedentes en nuestra televisión a lo largo de varias décadas.

Por eso no llamó la atención cuando hacia fines de 1990, se anunció que Fútbol de Primera pasaría a Telefe para la temporada 1991/92. El tema era que, para su inicio, aún faltaba más de medio año y muchas cosas iban a pasar en el medio, algunas insospechadas, que desembocaron en una enorme polémica que tuvo en vilo al inicio del campeonato.

Tras el muy buen arranque de Daniel Passarella como entrenador, consagrándose campeón del torneo 1989/90, apenas a cinco meses de asumir, River tuvo una irregular temporada posterior. No logró ninguno de los dos títulos locales y quedó eliminado en la fase de grupos de la Copa Libertadores, al finalizar en el último puesto de la zona que compartió con Boca, Bolívar y Oriente Petrolero.

La tapa de El Gráfico con los festejos de Ramón Díaz de sus goles que le sirvieron a River para dar vuelta el partido y vencer a Rosario Central

El Kaiser sabía que tenía que hacer cambios para volver a motivar a sus jugadores y al público. Le bastaron un par de retoques, para agregar al muy buen plantel con el que contaba. En el mercado de pases llegaron Julio César Toresani para aportar dinámica al medio campo, Guillermo Rivarola, una grata sorpresa en el fondo, ya que se entendió muy bien con Jorge Higuaín desde el comienzo, en la composición de una sólida defensa y el regreso de Ramón Ángel Díaz, para sumar experiencia y la necesaria cuota de gol.

Para el verano de 1991, Telefe se encontró con un espacio vacante en su programación los domingos por la noche, ese que a lo largo del ‘90 fue de La noche del domingo con Gerardo Sofovich, quien se tomó vacaciones. Su lugar fue ocupado por una apuesta estival: Ritmo de la noche. Nadie podía sospechar el éxito impresionante que lo acompañó desde el primer día, superando holgadamente los 30 puntos de rating. Al volver del descanso, Sofovich se marchó a ATC con sus mascotas, pulseadas y campeonatos de balero.

Cuando llegó el momento de concretar el pase de Fútbol de Primera a Telefe, las autoridades de la emisora ofrecieron dos posibles horarios: de 19 a 21 o de 23 a 1, ya que no pensaban mover de la franja establecida al programa de Marcelo Tinelli. Por su parte, quienes tenían a su cargo el clásico envío futbolero, querían comenzar a las 21 o las 22. En el medio, además, estaba por iniciarse un nuevo sistema para la transmisión de partidos –la televisión codificada-, que sumó más polémicas. Por más que hubo infinidad de reuniones y se apeló al ingenio y las más variadas posibilidades, finalmente, todo quedó como estaba y Fútbol de Primera se mantuvo un año más en canal 9.

El anuncio de lo que finalmente nunca sucedió: el pase de

El torneo Apertura tenía fecha de inicio para el domingo 25 de agosto. A partir de esa primera fecha, se daba inicio a una nueva era en las transmisiones de fútbol en nuestro país, con un partido adelantado a los días viernes para ser emitido por sistema codificado por cable, a partir de los 60 kilómetros de la Capital Federal. El encuentro elegido fue Racing vs Deportivo Mandiyú, pero el conflicto antes citado, llevó a la intervención de la justicia, que demoró una semana el comienzo.

El viernes 30 de agosto, en el estadio Monumental, River Plate y Rosario Central animaron el cotejo fundacional de esta nueva era, bajo el nombre de Televisión Satelital Codificada, con la dupla Araujo – Macaya y, en el campo de juego, Alejandro Fabbri y Walter Nelson quien, en diálogo con Infobae, evocó ese momento: “Recuerdo perfectamente ese partido, con Passarella de técnico y el regreso de Ramón Díaz, con una impresionante trayectoria en Europa. Para nosotros fue muy importante estar en el comienzo de una nueva era tecnológica en la televisión. Nos dábamos cuenta que podía llegar a ser algo trascendente como efectivamente lo fue con el correr de los años, pero lógicamente, al principio, no tomé la dimensión del suceso. Un par de años más tarde, junto a Julio Ernesto Vila y Osvaldo Príncipi, arrancamos con Boxeo de Primera con el mismo formato”.

Las condiciones climáticas no ayudaron y el estadio estuvo lejos de completarse, pero los hinchas se dieron cita allí, ofreciéndole una gran ovación a Ramón en su regreso. Como detalle curioso vale mencionar que el contrato por dos años que River había firmado con la empresa Sevel para lucir esa marca en la espalda y Peugeot en el pecho, vencía el 31 de agosto. Por eso los utilizó por última vez y, a partir de la fecha siguiente, el sponsor fue Carta Credencial. El cuadro local fue el claro dominador desde el comienzo, pero en su primera llegada, Central se puso en ventaja con un golazo de David Bisconti, su muy buen número 10. Apenas dos minutos más tarde, el arquero visitante Protti, derribó en el área a Sergio Berti. El penal lo tomó Ramón, ante una gran expectativa, pero su débil zurdazo, fue contenido sin problemas por el guardavalla.

¿Y entonces? Los plateístas murmuraban y en la popular se miraban contrariados, como lo harían los pocos hinchas de River que se habían adherido al novel sistema codificado frente al televisor. ¿Sería verdad la frase de Ramón con respecto a su actualidad? Demasiadas dudas para una noche destemplada, fría y lluviosa, que se refrendaba en un equipo que parecían empantanarse en el verde césped.

Pero la parábola del hijo pródigo futbolero debía tener un final feliz. El reloj marcaba 84 minutos y el resultado no se movía. Entonces llegó el momento. Borrelli inició un contragolpe con su habitual velocidad, habilitó a Ramón y éste a Berti, quien, de primera, se la devolvió al Pelado. La dejó correr, con enorme sabiduría, para empalmarla de zurda, a la altura del punto penal, tocándola con suavidad por el costado del arquero.

El alivio de los hinchas, prontamente se iba a convertir en fiesta. Faltaban apenas 120 segundos en el reloj del árbitro Ricardo Calabria. Rosario Central se fue al ataque en busca del segundo y allí lo sorprendió River. Otra vez Borrelli, encabezando la contra, para habilitar a Díaz, quien, con toda la experiencia, supo salir a tiempo del intento de achique de la defensa. Desde el borde del área grande, la dejó picar, arqueó el cuerpo y sacó un remate impecable, que se coló junto al poste derecho de Protti.

Los dos goles de Ramón Díaz en la histórica noche de su regreso a River en los minutos finales del partido ante Rosario Central

La locura se desató en el Monumental, con la imagen de esa noche, que se perpetuó a lo largo de todo el torneo Apertura: Ramón Díaz con los brazos abiertos, ofrendando la felicidad del gol, para compartirlo con el pueblo Millonario. La carrera alborozada, seguido por sus compañeros, que deseaban abrazarlo como todo el estadio.

No hubo tiempo para más. Nadie quería más. Fue el principio del camino de un River imparable, que ganó ese campeonato de punta a punta, que terminó con siete puntos de ventaja sobre Boca. Y Ramón, como la figura y el goleador de la competición, con 14 tantos en 17 partidos disputados.

Era la jornada del regreso, la que seguramente, tantas veces soñó Ramón en sus noches europeas, cuando era uno de los mejores delanteros del mundo, pero en él habitaba ese deseo de volver a vestir la camiseta de sus amores. Y celebrar su merecida misa, llena de fieles, con la mejor religión riverplatense, en la parábola del hijo pródigo, versión 1991 y plena de fútbol.

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