Argentina sobrevivió a Cabo Verde: un triunfo que clasifica, pero también deja preguntas

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Lionel Scaloni, pensativo durante el sufrido partido contra Cabo Verde (Foto REUTERS/Paul Childs)

Lo había anticipado Lionel Scaloni en la conferencia de prensa previa. En un Mundial ya no existen los rivales accesibles. La teoría encontró su mejor demostración en el campo de juego: Argentina sufrió más de la cuenta para derrotar 3-2 a Cabo Verde, la gran revelación del torneo, en un partido que dejó al campeón del mundo en la siguiente instancia, aunque también encendió algunas luces de alarma.

El resultado terminó siendo un llamado de atención. Argentina sigue ganando y continúa firme en su objetivo de defender el título, pero cada vez son más frecuentes esos tramos de los partidos en los que pierde el control, se parte y termina dependiendo de individualidades para salir adelante.

La principal conclusión vuelve a tener nombre y apellido: Lionel Messi. El capitán volvió a ser el faro ofensivo, el futbolista que resolvió cuando el equipo más lo necesitaba. Pero la sensación empieza a repetirse. Sin Messi, Argentina parece no encontrar el camino. Y con Messi solo, muchas veces tampoco alcanza. La dependencia del número diez es cada vez más evidente y obliga a pensar variantes para que el funcionamiento colectivo vuelva a sostener al equipo.

Lisandro Martínez, uno de los puntos altos del equipo argentino (Foto REUTERS/Amanda Perobelli)

Dentro de un contexto irregular, hubo nombres propios que dejaron señales positivas. Lisandro Martínez respondió de la mejor manera. Ya venía mostrando un gran nivel y frente a Cabo Verde terminó de consolidarlo: primero asistió con una habilitación exquisita a Messi y luego marcó un gol determinante para encaminar una victoria que se había complicado más de la cuenta.

Cuando el partido entró en su tramo más delicado apareció otro de los futbolistas que suele responder en las grandes citas. Emiliano Martínez volvió a demostrar por qué es uno de los arqueros más determinantes del mundo. En los minutos finales sostuvo el triunfo con dos intervenciones decisivas, esas atajadas que ya forman parte de su repertorio y que tantas veces terminaron salvando a la Selección.

Pero si hubo certezas individuales, también quedaron interrogantes colectivos.

Uno de ellos está en el lateral derecho. Nahuel Molina y Gonzalo Montiel continúan alternando la titularidad, aunque ninguno logra adueñarse definitivamente del puesto. Ambos ofrecen virtudes diferentes, pero ninguno transmite hoy la seguridad que supieron mostrar durante el ciclo campeón del mundo.

La mitad de la cancha también necesita una vuelta de tuerca. Argentina mantiene su identidad: monopoliza la pelota, controla la posesión y suele jugar en campo rival. Sin embargo, esa circulación muchas veces resulta estéril. Falta profundidad, agresividad para romper líneas y sorprender. Cuando la pelota no pasa por Messi, el equipo genera poco peligro y le cuesta traducir el dominio en situaciones claras de gol.

Messi volvió a convertir, pero todo parece pasar por el capitán argentino (Foto Reuters/Sam Navarro)

La otra deuda pendiente sigue siendo encontrar al socio ideal del capitán. Lautaro Martínez no logró aprovechar la oportunidad. Se lo vio incómodo, lejos del área y con escasa participación en el juego. Julián Álvarez ingresó para cambiar la historia, pero tampoco consiguió desequilibrar. El debate vuelve a instalarse: ¿pueden jugar juntos? ¿Es momento de modificar el esquema? ¿Llegó la hora de patear el tablero y darle una oportunidad al Flaco López?

El próximo compromiso frente a Egipto puede ofrecer algunas respuestas. Argentina sigue en carrera. Cumplió el objetivo de avanzar. Pero el sufrido triunfo sobre Cabo Verde dejó en claro que, si quiere volver a levantar la Copa del Mundo, todavía tiene aspectos importantes por corregir. Probablemente se vengan cambios porque Argentina necesita recuperar su fútbol, la mitad de la cancha es la más necesitada de un cambio de aire ante un partido que ya se viene y hay poco descanso. Egipto es mucho más que Cabo Verde.

Lo que salva siempre a la Argentina es su entrega y corazón pero con eso no será suficiente para llegar a cuartos de final.

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