Dolor en Boca Juniors por la muerte de Carlos el Loco Salinas, autor de un gol clave para ganar la primera Copa Intercontinental

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Murió Carlos El Loco Salinas, campeón de la Libertadores e Intercontinental con Boca Juniors

El fútbol argentino está de luto por la muerte de Carlos Horacio El Loco Salinas, campeón de la Copa Libertadores y de la Copa Intercontinental con Boca Juniors en 1978, una de las figuras de aquel equipo dirigido por Juan Carlos Lorenzo. El ex futbolista tucumano tenía 70 años y falleció este martes 1 de septiembre.

Salinas dejó una marca particular en la historia de Boca por su aporte en los títulos internacionales, su talento como volante ofensivo y una personalidad que le dio el apodo que lo acompañó durante toda su carrera. También quedó asociado a otros episodios del fútbol argentino: pasó por River Plate, fue figura de Chacarita Juniors y convirtió el penal de Argentinos Juniors que confirmó el descenso de San Lorenzo en 1981.

Nacido el 20 de febrero de 1956 en San Miguel de Tucumán, creció en el barrio Ciudadela, a pocas cuadras del estadio de San Martín. Era el menor de siete hermanos de una familia humilde.

Su recorrido profesional comenzó en las divisiones inferiores de Gimnasia y Esgrima de Jujuy. Con apenas 15 años integró los planteles juveniles de la institución y, en 1973, participó de un amistoso de la llamada Selección Fantasma, el grupo que se preparaba para disputar un encuentro de Eliminatorias ante Bolivia en La Paz.

Aquella actuación atrajo la atención de clubes de Buenos Aires. River Plate y San Lorenzo le enviaron telegramas para probarse. Finalmente, el Millonario lo incorporó y Salinas debutó en Primera División en 1974. Su paso por el club de Núñez fue breve: disputó pocos partidos y luego continuó su carrera en Chacarita Juniors.

En el eequipo de San Martín encontró continuidad. Entre 1976 y 1977 jugó 96 encuentros y anotó 19 goles con la camiseta de Chacarita. Esa etapa lo instaló entre los futbolistas más observados del mercado local y abrió la puerta para su llegada a Boca Juniors a comienzos de 1978.

El entrenador consideraba que Salinas podía aportar desequilibrio, manejo de pelota y llegada al área rival. El tucumano respondió en una temporada que quedó entre las más recordadas de la historia xeneize. Según el sitio Historia de Boca, jugó 83 partidos oficiales y convirtió 13 goles entre 1978 y 1980. En la Copa Libertadores 78, Salinas participó de seis encuentros y marcó tres tantos. El Xeneize se consagró campeón tras superar al Deportivo Cali de Colombia en la definición. El volante también tuvo incidencia en la Copa Interamericana, torneo en el que anotó dos goles.

Juan Carlos Lorenzo junto a Carlos Horacio Salinas en los festejos tras ganar la Intercontinental (Grosby)

La imagen más recordada de Salinas con la camiseta azul y oro quedó registrada en Alemania. Boca disputó la revancha de la Copa Intercontinental de 1977 ante Borussia Mönchengladbach el 1 de agosto de 1978, en Karlsruhe, luego del empate en Buenos Aires. El conjunto argentino se impuso por 3 a 0. Darío Felman y Ernesto Mastrángelo marcaron los primeros dos goles y fue Salinas quien selló la victoria con una jugada individual: avanzó entre defensores rivales y definió con un remate cruzado ante el arquero Wolfgang Kneib.

El tercer gol de Salinas confirmó la conquista de la Copa Intercontinental para Boca, que alcanzó uno de los mayores logros de su historia. El rival alemán contaba con varios futbolistas que habían formado parte de la selección de Alemania Federal campeona del Mundial de 1974.

Su temperamento también tuvo consecuencias deportivas. En noviembre de 1978, durante un partido ante Huracán, agredió al árbitro Abel Gnecco después de recibir una expulsión. La Asociación del Fútbol Argentino le aplicó una suspensión de 25 fechas.

Carlos Horacio Salinas llevado en andas tras su gol en la final de la Intercontinental (Grosby)

“Ese fue Abel Gnecco, que era un hijo de puta. Entraba a la cancha y te insultaba. Ese día, apenas entró a la cancha, ya me dijo: ‘Escuchame, Salinas, no me transmitas el partido, ¿entendés?’. Tenía ganas de echarme antes de empezar. Me cobró foul por una amarilla y enseguida la roja por tirarme a los pies y me puse loco. Menos mal que estaban Brindisi y Babington, que me sacaron…“, comenzó su relato durante una entrevista con El Grafico. Y luego, añadió: “Cuando fui a declarar al Tribunal de Disciplina dije que no lo había agarrado, pero ahí me sacaron del cajón la foto de El Gráfico. Me mataron. ‘Bueno, es que le quería tomar el talle de la camisa, les dije. Listo: 25 fechas, 6 meses sin jugar. Al menos pude estar en la Libertadores. Encima, al poco tiempo me echó Nitti y me dieron 11 fechas más, me tenían alquilado. ‘Escuchame, tucumano, vamos a tener que hacer un contrato por partidos jugados’, me dijo Armando”.

A fines de 1980 dejó Boca como parte de la operación que llevó a Diego Armando Maradona desde Argentinos Juniors al club de la Ribera. Salinas pasó al equipo de La Paternal junto con otros jugadores y tuvo allí otro capítulo determinante. El 15 de agosto de 1981, el Bicho enfrentó a San Lorenzo en la cancha de Ferro Carril Oeste. El conjunto de la Paternal necesitaba un resultado favorable para evitar el descenso. Salinas se hizo cargo de ejecutar un penal cuando varios compañeros no querían asumir la responsabilidad.

El mediocampista convirtió el penal que salvó a Argentinos Juniors y confirmó el descenso de San Lorenzo, que se convirtió en el primer club considerado grande del fútbol argentino en perder la categoría.

Después de su etapa en Argentinos, Salinas jugó en Independiente entre 1981 y 1982. Más tarde tuvo pasos por Independiente Medellín y Deportivo Pereira, en Colombia; también jugó fútbol de salón en Miami, Estados Unidos. En la Argentina volvió a vestir las camisetas de Alumni de Villa María y Racing de Córdoba. Cerró su carrera en Deportivo Junín de Perú, en 1987.

Su vida posterior al retiro atravesó dificultades económicas y judiciales: fue encarcelado por tenencia de drogas y acusado de comercializarla. “Me empecé a encontrar con gente que no correspondía, que me llevó por un mal camino. Te empiezan a meter en jodas en las que uno no tiene nada que ver y la pasé mal”. En Devoto me trataron bien. Trabajaba en la cocina, repartía la comida por los pabellones y desde que llegué, todas las tardes armábamos picados. Aunque igualmente la pasé feo, porque la cárcel siempre es un infierno”, recordó.

Padre de dos hijas y abuelo de tres nietas, pasó sus últimos años en el barrio porteño de Caballito y recibió asistencia de la Mutual de ex jugadores de Boca.

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