El presente se impuso sobre la leyenda. Jannik Sinner, número 1 del mundo, avanzó a la final de Wimbledon por segundo año consecutivo al vencer a Novak Djokovic en una de las semifinales: lo superó por por un triple 6-4 en 2 horas y 21 minutos de acción. El domingo enfrentará a Alexander Zverev, ganador de la otra llave ante Arthur Fery, para definir al campeón del tercer Grand Slam del año.
El italiano buscará repetir la corona obtenida el año pasado en la definición frente a Carlos Alcaraz. De lograrlo, será su quinto título Major y el primero de la temporada. El serbio, campeón siete veces de este certamen, se quedó con las ganas de alcanzar el récord de títulos de Roger Federer -8- en la Catedral del Tenis.
Había una sensación compartida antes de que comenzara el partido. Más allá de que Sinner llegaba como el mejor tenista del planeta en la actualidad y como campeón defensor en el All England Club, enfrentar a Djokovic representaba un examen diferente para él. El serbio construyó buena parte de su leyenda en el césped londinense y, con 39 años, volvió a demostrar durante estas dos semanas que sigue perteneciendo al círculo de élite.
En cuanto al desarrollo del encuentro, el italiano fue superior en los momentos decisivos de cada set. En el primero, la paridad se mantuvo hasta el noveno juego, cuando Sinner encontró el quiebre que para luego cerrar la manga por 6-4 con autoridad.
El segundo parcial volvió a transitar por carriles similares. Ninguno de los dos cedía terreno, pero otra vez apareció la precisión del número uno del mundo en el momento clave. Un nuevo break en el séptimo game le permitió marcar diferencias. El nacido en San Cándido mostró solidez en sus siguientes turnos de saque para quedarse nuevamente con el set por 6-4.
A partir de allí, el partido quedó definitivamente bajo el control del italiano, que logró un quiebre en la apertura de la tercera manga y abortó los intentos de Djokovic por revertir el desarrollo. Sinner construyó un triunfo nítido, con el nivel que lo convirtió en el jugador más dominante del circuito en la actualidad.
El número 1 fue de menor a mayor en el torneo. En el debut necesitó cinco sets para superar al serbio Miomir Kecmanovic, en un encuentro marcado por una fuerte caída y un corte en el pie que reavivó los recuerdos del colapso físico que había sufrido semanas atrás frente al argentino Juan Manuel Cerúndolo, en Roland Garros.
Aquel susto, sin embargo, quedó atrás rápidamente. Desde entonces, Sinner encadenó cuatro victorias consecutivas sin perder un solo set frente al portugués Nuno Borges, el estadounidense Jenson Brooksby, el japonés Shintaro Mochizuki y el alemán Jan-Lennard Struff, antes de volver a derrotar a Djokovic en un escenario donde el balcánico construyó buena parte de su leyenda.
El triunfo también confirma el dominio que Sinner ejerce actualmente sobre el circuito. Con Alcaraz ausente por la lesión en la muñeca derecha que también le impidió disputar Roland Garros, el italiano aprovechó la oportunidad para consolidarse todavía más en la cima del ranking mundial y volver a instalarse en una final de Grand Slam.
Del otro lado quedó un Djokovic que volvió a desafiar el paso del tiempo. El serbio había llegado a Londres con el objetivo de conquistar su octavo título en Wimbledon e igualar el récord histórico de Federer. Buscaba además repetir el triunfo conseguido sobre Sinner a comienzos de temporada en las semifinales del Australian Open.
Su recorrido volvió a demostrar que sigue siendo competitivo al máximo nivel. Antes de la semifinal había eliminado sucesivamente al chino Wu Yibing, al griego Stefanos Tsitsipas, al francés Arthur Rinderknech, al ruso Roman Safiullin y protagonizó una batalla de más de cinco horas frente a Felix Auger-Aliassime para alcanzar una nueva semifinal en el All England Club.
Esta vez no alcanzó.
El domingo, Sinner buscará convertirse en bicampeón de Wimbledon y sumar el quinto Grand Slam de su carrera, lo cual le permitiría afianzar su reinado en el tenis mundial. Enfrente estará Zverev, que buscará su segunda corona grande tras su bautismo el mes pasado en Roland Garros.






