
El tren pasa solo una vez. Esa frase se repite hasta el hartazgo para identificar momentos o instancias que le pueden cambiar la vida a una persona. Y el 9 de mayo de 2009 se enfrentaron dos arqueros que amagaban con ser el futuro de sus selecciones. La final se la llevó Luis Guilherme ante un joven Emiliano Martínez en la definición por penales del Sudamericano Sub 17 entre Brasil y Argentina en Chile. Una de las joyas del Botafogo sonaba para reforzar al Arsenal, pero su rechazo a la oferta de los Gunners redirigió la mirada hacia el diamante en bruto que despuntaba en las Inferiores de Independiente. La determinación del brasileño lo hizo retirarse muy joven de este deporte, pero sigue vinculado a la disciplina en su trabajo como psicólogo, mientras que Dibu trascendió hasta ser campeón del mundo.
Este interés del club inglés se desprendió de una información anterior de ESPN y la singular historia de Guilherme cobró otro sentido, ya que dejó a un lado el ofrecimiento porque consideró que no iba a tener oportunidades en el plantel profesional. Finalmente, nunca llegó a Europa y colgó los botines a los 27 años.
Arribó al Botafogo de Futebol e Regatas en enero de 2003, con 11 años, desde el Pavunense Futebol Clube, un equipo de barrio en Pavuna, zona norte de Río de Janeiro. En su primera prueba para el fútbol sala del club, era el último de seis porteros. Lo recordó él mismo en la carta de despedida que publicó en Globo Esporte el 7 de junio de 2015. El 4 de ese mes alcanzó doce años en el Fogao y también fue el día que cumplió 23 años y su contrato fue rescindido sin oferta de renovación.
“Cuando llegué, me encontré entre seis porteros. Yo era el último, lo que a menudo me hacía pensar en abandonar, porque las sesiones de entrenamiento eran en la sede del General Severiano y, como vivíamos muy lejos, el costo de las actividades era alto», escribió. Su madre, doña Elisa, trabajaba en dos empleos de limpieza; uno de ellos, exclusivamente para pagar el almuerzo, el pasaje y el material de entrenamiento de su hijo. Sus hermanas, Anastácia y Tailize, cosían los calcetines y las rodilleras que se rompían después de cada práctica.

En 2006, un fax llegó al Botafogo con el nombre de Luis Guilherme en la lista de convocados de la selección brasileña sub-14. Fue la primera de 77 convocatorias que recibió a lo largo de cuatro años, entre 2006 y 2010. “Yo, con 13 o 14 años, todavía en octavo de primaria, no sabía qué hacer. Un chico de los suburbios, que solía jugar descalzo en las calles con sus amigos, estaba a punto de viajar en avión a otro país”, confesó.
Un año después, en 2007, llegó al club una carta diferente: tenía el logo del Arsenal FC de Inglaterra. Gracias a su actuación en una competición en Barcelona, el club londinense lo invitó a pasar 15 días en Londres para entrenarse en las instalaciones. Llevó a su madre como acompañante. Visitaron el Parlamento Británico, el Big Ben y el London Eye: “La felicidad se duplicó porque ella estaba conmigo. Después de tantos momentos difíciles que habíamos pasado juntos, esto fue un gran consuelo para ella”. Ese año, Brasil ganó el Campeonato Sudamericano Sub-15.
Ese viaje, sin embargo, no se convirtió en un fichaje. Según recogió Globo Esporte, su familia consideró que era demasiado joven para dar ese paso. De igual forma, el Arsenal siguió observándolo.
El futbolista perteneció a una generación que con el tiempo produciría algunas de las promesas más cotizadas del planeta: Neymar, Philippe Coutinho, Casemiro, Alex Sandro, Oscar, Danilo y Alisson Becker, entre otros. Todos compañeros suyos en las selecciones juveniles de Brasil.

“Siempre he sido más bien solitario, y esos chicos han alcanzado un nivel difícil de lograr. Fíjate en Neymar. Llama mucho la atención allá donde va. Lo mismo ocurre con Coutinho. Jugábamos al fútbol sala en Madureira, pero luego perdimos el contacto», contó en declaraciones recogidas por UOL Esporte en septiembre de 2025.
Con Alisson compartió algo más que los entrenamientos. “Éramos compañeros de piso y siempre pasábamos tiempo juntos. Jugábamos mucho a videojuegos. Era genial estar con él. Siempre le encantó la música y, cuando encontraba una guitarra, le encantaba tocar. Era un apasionado del rock y la música country. Le gustaba tocar música gaucha y siempre defendía su estado con uñas y dientes. Pero era un tipo tranquilo al que no le gustaba ser el centro de atención. Le tengo mucho cariño”, recordó.
En aquel momento, Guilherme fue ascendido al plantel profesional del Botafogo a los 15 años y era el titular a nivel juvenil con la Verdeamarela. Alisson era el suplente. “Lo fui hasta el Campeonato Sudamericano de 2009, pero luego Alisson me arrolló“, admitió con franqueza.
A propósito de esto, esa cita desarrollada íntegramente en la ciudad chilena de Iquique lo encontró con tendinitis en ambos hombros, pero el protagonista de esta historia viajó igual al Campeonato Sudamericano Sub-17. Brasil ganó el torneo al vencer a Argentina en la final por 6-5 en penales tras empatar 2-2. Fue en ese torneo donde el Arsenal también observó a Emiliano Martínez y donde comenzó la historia paralela de los dos porteros.

Después llegó el Mundial Sub-17 en Nigeria, un viaje que Luis Guilherme describió como el más importante de su vida. “Aprendí a sonreír incluso en las grandes dificultades, aprendí a no quejarme tanto y a exigirme más, porque sé que hay problemas mucho mayores que los míos”, escribió.
Un año después, comenzó su martirio con las lesiones con su paso por el quirófano en 2010: una fractura del quinto metatarsiano lo dejó cuatro meses fuera de los terrenos. Con esa lesión perdió también su puesto en la selección nacional para el Campeonato Sudamericano Sub-20 de 2011. Fue durante esa rehabilitación, sin poder entrenar, cuando tomó una decisión que cambiaría el resto de su vida: estudiar psicología.
“Tomé la decisión y fue difícil de asimilar. Pero lo he estado haciendo poco a poco, con calma, para hacer todo bien. Mi elección es un poco sorprendente. La psicología no se valora mucho en el fútbol“, explicó en declaraciones recogidas por O Globo.
En septiembre de 2010, Luis Guilherme presentó el examen de ingreso a la universidad. En enero de 2011 se matriculó en el programa de Psicología del Centro Universitario IBMR, en Río de Janeiro. Era el primero de su familia en cursar estudios superiores. La psicóloga del Botafogo, Maíra Ruas lo acompañó en este nuevo proceso de su vida. Ese mismo calendario volvió a Inglaterra para realizar una prueba en el Manchester City y se trasladó a Francia para hacer lo propio en el Lyon, aunque no prosperó en ninguna institución.
“Entré en la universidad y allí no solo aprendí la profesión de psicólogo, sino que también abrí mi mente a nuevos conceptos. Aprendí sobre política, filosofía, inglés, sociología, medicina. ¡Freud lo explicaba todo! Y ahora los periódicos deportivos se entrelazaban con libros de Nietzsche, Bandura, Freud, Lacan, Platón, Lipovetsky, Bauman, Hegel, Skinner, Sartre, Kant y tantos otros grandes pensadores que cambiaron y siguen cambiando mi forma de ver el mundo», señaló sobre esa experiencia académica.

Los años siguientes fueron una carrera de obstáculos con préstamos sin éxito al Boavista, al Bangu y al Bonsucesso, conjuntos menores del fútbol brasileño, hasta que finalizó su ciclo en el Botafogo el 4 de junio de 2015: “Siento tristeza, tal vez porque no pude jugar. Pero nunca resentimiento. El fútbol es muy difícil y tenemos que ser resilientes al respecto. Hay cosas que escapan a nuestro control”.
En la carta publicada por Globo Esporte, Luis Guilherme describía la gratitud como el único sentimiento posible tras doce años de formación. “El principal motivo de esta carta es agradecer al club todo lo que viví defendiéndolo. Todos los momentos vividos y todas las oportunidades que tuve en la vida fueron fruto de mi esfuerzo, pero sin duda, Botafogo de Futebol e Regatas fue un gran catalizador para que todo esto fuera posible».
Y cerró con una advertencia dirigida a los futbolistas jóvenes que llegarían después: “A mis compañeros de profesión, especialmente a los más jóvenes, les digo que el fútbol es un gran sueño; disfrútenlo al máximo. Piensen en él y vívanlo intensamente. Pero, sobre todo, piensen más allá de las cuatro líneas del campo. Como en todo en la vida, estar preparados para los buenos y malos momentos del fútbol es la clave para una vida exitosa”.
Tras dejar el Botafogo, jugó para el Villa Nova de Minas Gerais en 2016, mientras terminaba la carrera. En 2017, ya graduado, volvió a centrarse en el fútbol con el São Gonçalo EC, donde fue elegido mejor portero de la Copa Rio y uno de los jugadores más destacados de la Serie B1 del Campeonato Estatal. El preparador de porteros del club, Júnior Farias, fue quien le dio esa oportunidad cuando nadie más lo llamaba.
Según documentó O Globo en abril de 2018, Luis Guilherme recorría entonces 120 kilómetros diarios —60 de ida y 60 de vuelta— desde Pavuna, en la zona norte de Río, hasta São Gonçalo, solo para mantener vivo su sueño. Una vez por semana, salía corriendo del entrenamiento para atender pacientes en una clínica de Botafogo. Algunos de sus pacientes eran atletas que sabían que era futbolista. Lo veían con empatía, porque entendía desde adentro las dificultades de esa carrera.
“He pensado en dejarlo muchas veces. Estaba desanimado con el fútbol. Pero el deporte me acompañó, fui puliendo mi técnica. En cuanto a la psicología, la aprendí desde cero. Esta es mi vocación, y mi carrera en el fútbol es corta”, admitió al medio carioca.
En 2018, sin equipo tras su paso por el São Gonçalo y el América-RJ, el ex arquero ejerció como psicólogo en la zona sur de Río de Janeiro. “Inicialmente, es un proyecto a largo plazo que comencé cuando era más joven. No me arrepiento, sobre todo viendo lo difícil que es mantenerse en el mercado y vivir únicamente del fútbol. Pero el fútbol es mi prioridad. Siempre lo ha sido y solo dejará de serlo cuando ya no tenga la motivación o la aptitud para este deporte”, afirmó.
Disputó su último partido profesional en 2019, con el São Gonçalo. Después, colgó los guantes.

En 2023, Luis Guilherme volvió al fútbol. No como portero, sino como psicólogo contratado por las categorías inferiores del Fluminense. A sus 33 años, trabaja a diario en el club: elabora informes, realiza evaluaciones y brinda apoyo individual y grupal a jugadores y cuerpo técnico. Fuera del horario del club, atiende en privado a personas del mundo del deporte y de otros ámbitos.
“La psicología siempre es la base. Es fundamental, pero intento combinar ambos mundos. El hecho de haber sido jugador no significa que pueda basar todo en mi experiencia. Hay que leer mucho, mantenerse al día, para combinar estas dos áreas de especialización. Tener un lenguaje futbolístico y una base científica ayuda. El atleta es el centro del proceso. No puedo ser demasiado académico ni centrarme demasiado en el fútbol. Así no funcionan las cosas“, explicó en declaraciones recogidas por UOL Esporte.
“Mucha gente se queja de que los atletas no se interesan por los estudios, pero es muy difícil compaginarlo todo. No diría que es imposible, pero exige mucho. Y antes era aún más difícil porque todo era presencial al 100%. Vivía en Pavuna, la universidad estaba en Botafogo y luego me mudé a Barra da Tijuca. Estudiaba, entrenaba y aún así pasaba más de tres horas en el tráfico», recordó.
La experiencia acumulada en años de fútbol a distintos niveles —desde la élite de las selecciones juveniles hasta clubes semiprofesionales de Río de Janeiro— le da una perspectiva que pocos psicólogos deportivos pueden ofrecer.
“El fútbol me ha dado muchísimo. He conocido muchos lugares del mundo, he jugado en la selección nacional y he vivido el lado más lujoso del fútbol. Pero también he visto su lado más oscuro, con infraestructuras deficientes y clubes pequeños. Estas condiciones más difíciles me ayudaron a comprender el fútbol. Es bueno hablar de los aspectos exitosos del fútbol, pero este deporte tiene muchos matices. He aprendido de todos los niveles, desde el más alto hasta el más bajo. Escribiré sobre todo eso en mi libro”, anticipó.
“Siempre pienso que podría haber estado en la selección nacional. Todo aquel que juega al fútbol sueña con eso. Pienso en cómo podría haber sido y cómo habría sido mi vida como jugador. Pero estoy agradecido por lo que viví. Hoy trabajo con jóvenes atletas y sé lo difícil que es esa etapa. Y hoy también puedo volver a soñar en grande. Sueño con ser el psicólogo de la selección brasileña, sueño con ser profesor universitario y escribir un libro. Estudiar me ha abierto muchas puertas de nuevo“, concluyó.






