Jugó 29 Grand Slams, fue Top 50 y atravesó el lado más brutal del tenis: “Dormía en trenes para ahorrar noches de hotel”

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Mariana Díaz Oliva hoy tiene 50 años y dirige la academia de tenis que lleva su nombre (Crédito: Partner Channel)

Hubo una época en la que ser tenista profesional implicaba mucho más que entrenar, competir y ganar partidos. Mucho antes de los equipos multidisciplinarios, de los calendarios digitalizados y de los premios depositados automáticamente, construir una carrera en el circuito significaba sobrevivir. Mariana Díaz Oliva lo sabe muy bien.

Fue una de las mejores jugadoras argentinas de su generación: alcanzó el puesto 42° del ranking mundial, disputó 29 Grand Slams, representó a la Selección Argentina en más de 30 ocasiones y conquistó un título WTA. Pero detrás de esos números hubo una historia hecha a base de un esfuerzo artesanal, de un culto a la templanza y, también, de experiencias límite.

“Yo maduré de golpe. Equivocándome, pasándola mal y sufriendo”, recuerda hoy, con 50 años, al frente de su academia de tenis en Parque Sarmiento.

En los años 90 y principios de los 2000, sostenerse en el circuito para una jugadora sudamericana muchas veces implicaba calcular cada punto del ranking, elegir torneos por conveniencia económica y elegir destinos alejados para favorecer las chances de sumar. Díaz Oliva invertía buena parte de su tiempo y sus energías en trazar el mejor camino posible.

Varias de sus compañeras del circuito le preguntaban sobre los puntos que cada una debía defender. Mariana era tan metódica y detallista que, incluso, sabía todo sobre ellas.

“Todo era a pulmón. Terminaba un partido y muchas veces no me alcanzaba la plata. Veía cómo ir de un torneo a otro y he viajado un día y medio en tren porque era mucho más barato que un avión. Además dormía en el asiento y me ahorraba noches de hotel”, cuenta en una charla con Infobae.

Mariana Díaz Oliva jugando dobles para la Selección Argentina (Fuente: archivo AAT)

La logística también era otro deporte. Cobrar premios podía transformarse en una pesadilla burocrática. “En algunos torneos te pagaban en efectivo, pero en otros con cheque. Me pasó en Bulgaria: tenía que mandarlo a Estados Unidos para cambiarlo a dólares y podían tardar hasta seis semanas en acreditar el dinero. Y vos necesitabas esa plata para seguir viajando”, rememora.

“Si ganás, te mato”

Sin embargo, hubo experiencias mucho más extremas. A fines del año 2000, mientras intentaba recuperar ranking tras una operación de rodilla, viajó a Georgia para disputar una serie de certámenes. “Estaba 190° en el ranking y necesitaba sumar puntos para entrar al Australian Open. El primer torneo fue en Tiflis, en la capital. Llegamos y la ciudad estaba destruida por los bombardeos. Las casas estaban quebradas. La gente andaba triste y amargada por la calle, se vendía cualquier cosa. Era complicado. Yo tenía muy claro que iba a buscar los puntos”, relata.

Y continúa: “Gané el primer torneo en singles (superó a la rusa Maria Goloviznina por 3-6, 6-2 y 6-2 en la final) y en dobles. De ahí tenía que ir a Batumi, que era una ciudad que quedaba en la costa, a 7 horas en tren. Yo tenía la data que ahí se jugaba en césped sintético y me había comprado unas zapatillas especiales para no resbalar”.

Díaz Oliva, campeona de 16 torneos ITF, recuerda una escena cargada de tensión durante el partido de cuartos de final ante Margalita Chakhnashvili Ranzinger, jugadora local: “Me robaban puntos, me tiraban botellas, monedas. Yo me mantuve enfocada. Cuando me puse match point, una persona con una ametralladora se acercó al alambrado y me amenazó. ‘Si ganás, te mato’, me dijo”.

La tenista argentina se acercó a la umpire. “Ella y la jueza general me dijeron que siguiera jugando, que no me iba a pasar nada, que ellos me iban a cuidar. Pasé a semis y me quedé seis horas encerrada en un túnel del club. Tenía miedo de salir”, cuenta.

Mariana Díaz Oliva fue 42° del mundo y ganó un título WTA (Fuente: archivo AAT)

Mucho antes, cuando tenía 17 años, Mariana había atravesado otro momento traumático en Croacia, en plena guerra. Su equipaje se demoró en el aeropuerto de Split y la tenista perdió un micro que iniciaba el traslado hacia la sede del torneo. La ciudad estaba sitiada y Díaz Oliva fue subida a un camión militar.

“Varios soldados armados me preguntaron, en croata, qué hacía ahí en el aeropuerto, que ya estaba cerrado. Traté de explicar en inglés y me llevaron con ellos. En el camión se me tiraban encima, me querían besar. Me puse a llorar. Sinceramente creí que me iban a violar. Fueron 40 minutos eternos hasta que llegamos al puerto”, describe.

Y continúa: “Una vez allí, me subí al barco que me llevaba al torneo. Todo el viaje lo hice llorando. No podía parar. Estaba muy nerviosa”.

Mariana Díaz Oliva conquistó un título en el circuito principal. El 14 de julio de 2002, en Palermo (Italia), venció a la rusa Vera Zvonareva -futura número 2 del mundo y todavía en actividad- por 6-7 (6), 6-1 y 6-3 en la final. “No llegué bien al torneo y sabía que debía hacer semifinales para entrar directo al US Open. Al final, lo gané. Fue el momento más importante de mi carrera”, evoca.

“Zvonareva venía de hacer octavos en Roland Garros. Arranqué 5-2 arriba, pero perdí muchos sets points y ella se llevó el parcial. Me fui a cambiar en el vestuario y estaba muy enojada conmigo. Pensé ‘lo salgo a buscar o pierdo el partido’. Por suerte, me salió bien”, resume quien hoy es madre de dos hijos: Franco (18) y Guadalupe (14), que también juega al tenis.

En su paso por el circuito WTA, Díaz Oliva venció a seis Top 25: la australiana Alicia Molik (14°), la belga Kim Clijsters (15° por entonces y ex número 1), la francesa Sandrine Testud (18°), la croata Silvija Talaja (21°), la luxemburguesa Anne Kremer (23°) y la actual capitana de la Selección Argentina en la Billie Jean King Cup, Paola Suárez (24°).

Hoy mira hacia atrás y cierra con una reflexión sobre el camino recorrido: “Si pudiera vivir mi carrera otra vez, buscaría desde más chica a alguien con experiencia que me guiara mejor. Con un calendario más adecuado y afinando algunas cosas técnicas creo que habría llegado más lejos. Hice lo mejor que pude. Lo intenté y me sacrifiqué muchísimo”.

Mariana Díaz Oliva jugando para Ferro en los Interclubes 2024

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