En la Bombonera se detuvo el tiempo tras el pitazo de Wilmar Roldán que decretó la eliminación de Boca Juniors de la Copa Libertadores. Frustración, desazón e impotencia. La de un equipo que no dio la talla en la fase de grupos y exhibió su peor versión en el partido más definitorio de este semestre. La Bombonera habló, una vez más, antes, durante y después del cimbronazo que significó esta derrota contra la Universidad Católica.
El habitual clima copero se hizo sentir desde los minutos previos con un griterío ensordecedor desde todas las populares, incluida la nutrida Sur alta en la que se ubicaron los fanáticos de la U que llegaron en gran número. “Solo le pido a Dios, que se mueran todos los chilenos… Soy bostero y de Argentina, no se olvida la traición a las Malvinas”, cantó La 12 causando un clima hostil para los trasandinos, en el mismo momento en que en las dos pantallas de los extremos de los palcos se fijó el cartel “El respeto es titular” por pedido de la Conmebol (habitualmente allí se muestra el tiempo de juego).
Ni el más pesimista de los bosteros hubiera imaginado en la Bombonera, cuando salieron los equipos al campo bajo el grito local de “Boca, mi buen amigo”, la noche terrorífica que estaba a punto de presenciar. De los insultos a la Conmebol por el pedido expreso de respeto evocado por las voces del estadio al respetuoso minuto de silencio seguido por aplausos en memoria de Fernando Gayoso, ex entrenador de arqueros del club de la Ribera que falleció en los últimos días. Imagen del colaborador en pantalla y bandera: “Siempre en nuestros corazones”.
La primera jugada que hizo vibrar la cancha fue el zurdazo de Zeballos luego de un control dentro del área. Sería de las pocas aproximaciones, por contexto y tanteador, que harían exaltar a los locales. En las tribunas lo lamentaron varios futbolistas hinchas de Boca: Edinson Cavani, ubicado en su habitual palco, Alan Varela, ex xeneize, y Nicolás Paz, flamante convocado a la selección argentina para el Mundial. Instantes después, el Changuito entró en el área y sufrió un agarrón que pudo haber sido considerado penal, pero la terna arbitral dejó seguir el juego. Absolutamente todos en Boca le recriminaron a Wilmar Roldán, que imantó reclamos por esta jugada y también las del partido anterior ante Cruzeiro.
Luego del insólito parate para rehidratarse, los hinchas empezaron a refunfuñar contra un Milton Giménez que a esta altura es completamente resistido. Transcurrida media hora de juego, la Católica no sufre y sus simpatizantes se hacen sentir: “Vamos Cato, vamos, ponga huevos, que ganamos”. Responden los dueños de casa: “Vamos Xeneize, con huevo vaya al frente, que te lo pide toda la gente”.
Minuto 34. Boca queda desarticulado en defensa y la Católica avanza en el campo con pases milimétricos y con sentido. Clemente Montes recibe en tres cuartos de cancha, deja desairado a Ander Herrera y ejecuta un remate que se transforma en el gol de su vida. Su trenza en el pelo hace recordar a Rodrigo Palacio; su definición también. La Bombonera transita un segundo de un silencio sepulcral que se corta con el grito de gol de fondo de los miles de chilenos que saborean por primera vez, de verdad, la clasificación a octavos de final. Es un golpe al mentón de esos que dejan groggy a cualquier boxeador. Entre el jolgorio en la popular visitante, la respuesta de los locales es inmediata: “Movete, Xeneize movete; movete, dejá de joder; que esta hinchada está loca; hoy no podemos perder”.
No hay tiempo ni paciencia, pero Boca no da pie con bola y le cuesta horrores hallar grietas en el cerrojo defensivo propuesto por Daniel Garnero. Tanto es así que la gente se exaspera con Ander Herrera que decide dar un pase hacia atrás para asegurarlo en vez de optar por la verticalidad. Por los parates, Roldán adiciona cuatro minutos más, pero es en vano. Boca no genera situaciones, peligro, aproximaciones. La etapa final se cierra y los silbidos son generalizados.
Claudio Úbeda manda a la cancha a Alan Velasco en reemplazo del español Herrera. “Hay que gritar, señor hay que gritar, y vamos, vamos Boca que tenemos que ganar”, entonan los hinchas de arranque. Recién a los 12 del complemento, Milton Giménez baja de pecho un lateral al área de Lautaro Blanco y ensaya una chilena que no se va lejos. El público aprueba a medias su intento. Otra vez se levanta la parcialidad local: “Y vamos Boca, no podemos perder, y vamos Boca que tenés que ganar, daría la vida por un campeonato y una vuelta más”. El DT realiza el segundo cambio y rompe definitivamente el esquema inicial: Ángel Romero por Marco Pellegrino, que se retira dándole un golpe con su mano derecha a un cartel publicitario. Es contenido por Javi García en el banco.
En pocos minutos, Boca tiene dos chances con Zeballos y Velasco, al que se la sacan casi sobre la línea. El ex Independiente es rezongando por todos cuando falla en un pase en profundidad. Empiezan a faltar piernas y sobrar los nervios. “Hay que poner un poquito más de huevo, y todos juntos la vuelta vamos a dar”, arengan desde las populares Sur y las plateas. A falta de poco más de 10 minutos, Miguel Merentiel sustituye a Milton Giménez, que se retira nuevamente entre silbidos e insultos en lo que parece ser un final de ciclo. Enseguida Paredes ejecuta uno de sus pases con tres dedos y habilita a Ángel Romero, que busca de cabeza y encuentra bien parado al arquero. El 5 se desvanece y deja caer el peso de su cuerpo flexionando desde la cintura. La Bombonera también, minuto a minuto, empieza a desvanecerse. Y más aún cuando al paraguayo le anulan el tanto del empate por un offside mínimo tras la habilitación de cabeza del Changuito Zeballos.
Cuando el cartel electrónico marca 7 minutos, la suerte de Boca igualmente parece estar echada. Juan Román Riquelme que observó el partido en su palco junto al entrenador de la Reserva, Mariano Herrón, y el secretario general, Ricardo Rosica, lo sabe. Por eso el presidente boquense se retira y camina para reunirse con Marcelo Delgado, director deportivo, que estaba ubicado en otro palco junto a Raúl Cascini, ex integrante del Consejo de Fútbol, y Cristian Riquelme. Debate, conclusiones y resoluciones, en ese orden. A Román se lo notó apesadumbrado desde que el equipo recibió el gol que lo eliminó de la Libertadores y lo llevó a los playoffs de Sudamericana (que jugará contra O’Higgins de Chile).
Cuando el árbitro caminó hasta la posición del arquero chileno Vicente Bernedo para pedirle la pelota y pitar el final, los hinchas de Boca tomaron carrera para insultar. “La comisión, la comisión, se va la puta, que lo parió”, fue uno de los hits cantados por un sector, pero no todo el público. Hasta acá solamente se había entonado en la previa a la tanda de penales contra Lanús por el Torneo Apertura 2025. Enseguida, “que se vayan todos, que no quede, ni uno solo”. Y, a pesar de que varios jugadores, entre ellos Paredes y Merentiel, levantaron las manos y unieron sus palmas en señal de “perdón” de cara a La 12, los silbidos se hicieron sentir desde los cuatro costados. La barra de Boca no insultó: “Aunque ganes o pierdas, no me importa una mierda, sigo siendo Bostero, porque a Boca lo quiero”.
Boca concluyó su semestre con una nueva frustración luego de lo que había sido eliminación ante Huracán en los octavos de final del Apertura. El único dulce en esta primera mitad de año fue el triunfo en el Superclásico, con el aliciente de que River perdió la final con Belgrano de Córdoba, algo que atenuó este delicado presente. Será tiempo de una profunda evaluación y definir un futuro que, por ahora, tiene varios interrogantes.






