Una pasión que cumple un siglo: los 100 años del SSC Napoli

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Una imagen histórica, el 5 de julio de 1984. La presentación oficial de Diego Armando Maradona en el estadio San Paolo, que hoy lleva su nombre

Era el 1 de agosto de 1926. Un día lluvioso, según los cuentos populares, que terminó siendo la fecha de nacimiento del único equipo de fútbol profesional de toda la ciudad: la Società Sportiva Calcio Napoli.

Nápoles es una ciudad que, incluyendo al conurbano, cuenta con casi 3 millones de habitantes. Una ciudad fundada por los griegos, que vio pasar romanos, austríacos, franceses y españoles. Una ciudad que fue reino independiente, que tiene un idioma propio y una cultura única.

En términos tangueros: una “mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas”. Tan humana, en lo bueno y en lo malo, que el escritor napolitano Luciano De Crescenzo la definió como “la última esperanza que le queda a la raza humana”. Como toda sociedad que vive en el extremo, busca afirmación social en el fútbol. En un único equipo de fútbol, el que representa a la ciudad, a un pueblo entero.

El sentimiento del pueblo napolitano por su club en la Curva B: “Ti amo”

Hoy, 1 de agosto de 2026, la SSC Napoli cumple un siglo. Fueron 100 años de alegrías y sufrimientos. Principalmente sufrimientos. En las primeras dos temporadas tras su fundación, el club sufrió dos descensos. Y así, durante más de cincuenta años, la historia del Napoli estuvo marcada por fracasos, con la única alegría representada por una Copa Italia ganada jugando en la B.

El verano de 1984 fue el parteaguas de esta historia amarga: el encuentro entre “dos Sures”, que se esperaban sin saberlo. Décadas atrás, miles de napolitanos cruzaban el océano, llegando a la Argentina, en busca de una nueva vida. Ahora, en el cuerpo de un pibe de Villa Fiorito, esa tierra les devolvía a un “hijo” de esa cultura que ellos mismos contribuyeron a formar. En 1984, Diego Armando Maradona llega a Nápoles, y la historia del club cambia definitivamente.

En la época dorada que siguió, llegó el primer campeonato de la historia del club. En 1987, el Napoli estaba en el techo de Italia. A continuación, una Copa Italia, una Supercopa y el segundo scudetto. En el medio, en 1989, la única estrella europea que Nápoles pudo colgarse jamás: la Copa UEFA.

En esos años en los que buena parte de Italia miraba al Sur con desprecio, estos títulos representaron la revancha de un pueblo entero, liderado por su capitán, el barrilete cósmico.

El rosto de Diego, omnipresente en Napoli

Esta etapa gloriosa fue la consecuencia de un proyecto más amplio del presidente Corrado Ferlaino, que rodeó al astro argentino con un plantel de nivel, formado por jugadores como Ciro Ferrara, Careca y Alemão. Todo eso creó las condiciones para que se diera la química perfecta entre Nápoles y Maradona, algo que quedará para la eternidad.

Los muros de la ciudad, en cada rincón, llevan su cara pintada. Del mismo modo, los napolitanos la llevan en su piel, como marca imborrable. En las calles y en los bares se sigue hablando de él, de sus gestas, y de ese Napoli mágico. Es algo que trasciende el tiempo: los pibes de hoy crecieron con los cuentos de los padres, con cuadros del Diego en sus cuartos, con viejas camisetas azules con el número diez estampado en las espaldas. Sin haberlo vivido contemporáneamente, lo divinizaron, incluso con más fervor que aquellos que lo vivieron. En sus imaginarios no fue un ser humano, fue un Dios. Tanto que, cuando falleció, lloraron como si hubieran perdido a un familiar cercano. ¿Cómo explicar todo esto racionalmente? Imposible.

Después de la gloria, el club volvió a su realidad. Como pasa muchas veces en las realidades más humildes, es más difícil mantener la gloria que alcanzarla. En 1991, Maradona se fue de Nápoles, con la misma intensidad con la que había llegado.

El Vesubio y el Golfo de Nápoles

La gestión fue difícil, y, poco a poco, se fue perdiendo todo lo que se había construido durante aquellos años. En 1998, el club volvió a la B, pero la historia cruenta no terminó ahí. En 2004 llegó la debacle: el Napoli se declaró en quiebra.

Quien rescató al club de ese momento oscuro fue Aurelio De Laurentiis. El empresario de origen napolitano pagó cerca de 32 millones de euros por lo que fue, en los hechos, apenas un papel: no quedaban oficinas, ni jugadores, ni siquiera un centro de entrenamiento. Aun así, tomó las riendas y arrancó desde la Serie C, logrando el milagro deportivo de devolverlo a la Serie A en apenas tres años.

Esta proeza no habría sido posible sin el apoyo incondicional de sus hinchas. Los napolitanos llenaron estadios en los rincones más remotos de Italia, en una categoría que no les pertenecía, con la misma pasión de siempre.

Todo ese amor quedó resumido en una imagen, cuando el Napoli quedó a un paso del ascenso a la máxima división. En la penúltima fecha del campeonato de Serie B, durante la victoria de local frente al Lecce, toda la Curva B desplegó una coreografía minimalista que condensaba perfectamente el sentimiento del pueblo por ese club: “Ti amo”.

Desde ese momento, el Napoli volvió al esplendor de otros tiempos. En 2023 volvió a salir campeón de Italia, después de 33 años. Y en 2025, una vez más.

Quizás el Napoli nunca fue solamente un equipo de fútbol. Hace cien años que representa la identidad de una ciudad, sus contradicciones, sus derrotas y su esperanza. En el medio de la Curva A ondea una bandera, inspirada en la célebre canción de Pino Daniele, que reza: “Amor sin fin”.

En este primer siglo de un amor eterno, feliz cumpleaños, Napoli querido.

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