Malvinas argentinas: el combate, la bandera y los 649 que no pueden caer en el olvido

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El Coronel (R) Marcelo Anadón en los estudios de Radio del Plata, ofreciendo su testimonio en combate y como activo impulsor y difusor de «La Causa Malvinas»

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El coronel retirado Marcelo Anadón relató en Radio del Plata Tucumán su experiencia en combate y analizó el impacto de ver la bandera argentina en el Mundial. «Está en el ADN de todos los argentinos», afirmó.

A 44 años de la guerra, el testimonio de un veterano de la Compañía de Comandos 601 expone la crudeza del combate en el río Murrell y reflexiona sobre la campaña de desmalvinización. La aparición de la bandera en el estadio rompió décadas de silencio impuesto.

El reconocimiento permanente a los 649 argentinos que dieron lo más sagrado que tenían en defensa de la patria en Malvinas argentinas constituye la base fundamental para que ese sacrificio no caiga en el vacío. Esta premisa guía cada testimonio, cada relato, cada intento por mantener viva la memoria de quienes combatieron en las islas. Porque recordar no es un acto banal ni una simple conmemoración calendarizada: es una obligación moral con aquellos que entregaron su vida por un territorio que forma parte inseparable del ADN argentino. Con esas palabras comienza la participación del Coronel (R) Marcelo Anadón en el programa Libertad de Expresión en Radio del Plata.

La aparición de la bandera argentina en el estadio durante el final del partido contra Inglaterra marcó un quiebre histórico. Lo que parecía un gesto simple, incluso banal para algunos, tocó la fibra íntima de una nación. Ese acto trascendió lo deportivo para convertirse en un símbolo de soberanía que resonó en todo el planeta. Las redes sociales destaparon lo que durante décadas se había intentado ocultar: Malvinas argentinas y eso está grabado en la identidad nacional.

«Mostrar la bandera tocó la fibra íntima del ADN argentino. En el ADN argentino está Malvinas.»

Hasta que aparecieron las redes, la cuestión malvinense había sido sistemáticamente tapada. Se prohibía entrar a las canchas con remeras que mencionaran Malvinas, se intentaba separar artificialmente a oficiales, suboficiales y soldados cuando las Fuerzas Armadas son una entidad única que trabaja en equipo. Como la Selección Argentina, como cualquier unidad de combate efectiva, el éxito depende del trabajo coordinado donde cada miembro cumple un rol esencial, señala Anadón en esta charla que nos llevó por aristas fundamentales de «La Causa Malvinas».

Selección argentina con bandera de Malvinas
Los jugadores del seleccionado argentino de fútbol con la bandera «Las Malvinas Son Argentinas». El gesto contraviene las normas de la FIFA sobre mensajes de carácter político. Foto AFP

El coronel retirado Marcelo Anadón, promoción 109 del Colegio Militar de la Nación, conoce de primera mano lo que significa el combate. Integrante de la Compañía de Comandos 601, una de las especialidades de fuerzas especiales del Ejército Argentino más reconocidas mundialmente, participó en múltiples operaciones durante la guerra. El curso de comandos que realizó en 1980 ejemplifica la exigencia de esta especialidad: de 290 hombres presentados, solo 22 terminaron el curso.

El combate en el río Murrell, ocurrido el 6 de junio, quedó grabado en su memoria como un ejemplo de la incertidumbre que caracteriza a la guerra. La patrulla de 14 hombres —12 de la Compañía de Comandos más 2 de Gendarmería— debía realizar una emboscada contra fuerzas de tareas inglesas que supuestamente hostigaban las primeras líneas argentinas. Pero la guerra rara vez se comporta según los planes.

«La guerra es incertidumbre. Llegamos y estaban los ingleses a 30 metros de nosotros.»

Anadón formaba parte de la punta de infantería junto a Guillén y Vergara. Su función era avanzar primero, detectar obstáculos y amenazas antes de que el resto de la patrulla se expusiera. Esa noche de luna llena, inusualmente clara para el clima habitual de las islas, avanzaron por el costado este del río Murrell. A 70 metros del puente, el coronel divisó unas piedras del otro lado del curso de agua. Usando el visor nocturno, no detectó nada anormal. Lo que no sabía era que entre 7 y 9 soldados ingleses lo estaban apuntando desde esas mismas piedras, ocultos bajo ponchos que neutralizaban la detección del visor.

Batalla de Monte Longdon
La mañana después de la terrible batalla de Monte Longdon y la atención de los heridos. Foto AFP

Guillén, al recibir el visor, tampoco detectó nada: solo veía «como agua flotando arriba de las piedras». Anadón avisó a García Pinasco, quien comandaba el grueso de la patrulla, y recibió la orden de continuar. Faltaban dos horas para el amanecer y debían llegar a la posición. Cuando alcanzó el puente, Figueroa, capitán y segundo jefe de la compañía, tomó el mando directo de la operación. La táctica era clara: algunos se posicionarían en altura como escalón de apoyo, mientras otros quedarían cuerpo a tierra para emboscar a los ingleses cuando se aproximaran.

Pero los ingleses ya estaban allí. Mientras Anadón pensaba cómo esquivar un charco de agua antes de tomar su posición, los soldados británicos abrieron fuego. Las primeras ráfagas de cuatro o cinco disparos por arma no acertaron completamente, aunque un soldado recibió un impacto no grave. La munición trazante que usaban los ingleses permitía corregir el tiro con precisión: podían ver exactamente dónde caían los proyectiles y ajustar en consecuencia.

En ese momento crítico, Guillén reaccionó con la rapidez que solo el entrenamiento intensivo puede proporcionar. Durante los cinco segundos de la primera ráfaga, vació un cargador completo en modo automático sobre las piedras donde se ocultaban los ingleses. Ese acto desvió todo el fuego enemigo hacia su posición, dando a sus compañeros los segundos necesarios para salir del lugar expuesto y alcanzar un talud de tierra que les brindó cobertura.

«Eso nos salva la vida. Si los ingleses hubiesen tenido quince segundos más, probablemente nos habrían alcanzado.»

Una vez protegidos, los comandos argentinos pasaron a la ofensiva. Especialistas en el uso del PDF (proyectil doble efecto antitanque y antipersonal), saturaron la posición inglesa con un volumen de fuego enorme. La ametralladora MAG a cargo de Sireno Díaz y su auxiliar Vallejos, sumada a las seis bocas de fuego restantes, creó una cortina impenetrable. Los ingleses, superados, abandonaron todo su equipo y huyeron dejando sangre en el terreno. Dos radios prendidas permitieron interceptar comunicaciones: solicitaban evacuación en helicóptero para muertos y heridos que no podían replegar por sus propios medios.

Monte Longdon vista a Puerto Argentino
En Monte Longdon, desde donde se divisa Puerto Argentino, sucedió la batalla más sangrienta de la guerra. Foto AFP

Al día siguiente, el capitán Llano, médico de la compañía, confirmó que los ingleses habían pedido evacuación urgente. Todo el equipo británico quedó en manos argentinas: bolsas de dormir, ponchos, equipos completos. Incluso encontraron una cámara fotográfica con 12 fotos que documentaron la presencia argentina en las islas. Esas imágenes, junto con documentos, el número de prisionero de guerra 431 y hasta el sueldo correspondiente, se conservan como testimonio histórico del combate.

Más allá del relato bélico, Anadón hace una reflexión profunda sobre el término «chicos de la guerra». Para los veteranos, esta denominación constituye una ofensa que degrada su condición de soldados profesionales. «La peor ofensa que podés hacer es decir ‘chicos de la guerra'», explica, «porque en realidad le estás diciendo que es alguien que no está preparado, que lo llevaron a la guerra». Si bien muchos combatientes tenían 18 o 19 años —edad determinada por el Congreso—, eso no los convierte en niños. Cuando vas a la guerra, ya sos un hombre.

«Desmalvinizar es mentir, es no contar la verdad de lo que pasó en Malvinas.»

Los propios militares ingleses reconocen la profesionalidad de sus adversarios. En el combate de Monte Longdon, ocurrido el 11 de junio por la noche, los británicos sufrieron 35 muertos, incluyendo 6 menores de 18 años. En su unidad, exhiben una placa con el combate de Monte Longdon y las fotos de esos jóvenes caídos, donde honran su sacrificio como «hombres». La denominación «chicos de la guerra» forma parte de acciones de inteligencia como parte de una campaña sistemática de desmalvinización que busca minimizar el conflicto y separar artificialmente a los combatientes según su jerarquía.

Bandera Malvinas Son Argentinas
La bandera con la leyenda «Las Malvinas Son Argentinas» no es solo un acto de rebeldía y desobediencia, es una manifestación de un profundo sentir de todo el pueblo argentino. Foto Reuters

La desmalvinización, define Anadón, «es mentir, es no contar la verdad de lo que pasó». Es una campaña que lleva 40 años intentando borrar de la conciencia colectiva la importancia de las islas. Por eso la aparición de la bandera en el Mundial generó tanta reacción. El establishment había prohibido símbolos malvinenses, pero el equipo argentino, ese que trabajó como una unidad militar coordinada, mostró la bandera ante el mundo entero.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Argentina está siendo acusada de racista, una estrategia para desviar la atención del verdadero tema: la soberanía. «Esto no va a ser gratis», advierte el coronel. «Haber desobedecido y haber mostrado la bandera no va a ser gratuito para la Argentina». Pero vale la pena. El territorio lo vale. Las 649 vidas entregadas lo valen. La historia lo exige.

Inglaterra movilizó la flota más importante de su historia después de la Segunda Guerra Mundial y regresó con el 50% de sus buques averiados. No fue una victoria fácil ni barata. Fue una guerra entre la primera (EE.UU.) y tercera potencia mundial (Inglaterra) militar de ese momento, con Estados Unidos apoyando a Gran Bretaña contra lo que algunos voceros presidenciales actuales llegaron a calificar como «país bananero». Esa calificación, publicada en Twitter por un vocero presidencial, revela la persistencia de una mentalidad colonial que niega la legitimidad argentina sobre sus propias islas.

Malvinas argentinas está a 600 kilómetros de la costa argentina y a 15.000 kilómetros de Inglaterra. La plataforma continental se extiende hasta las islas y recién después desciende al océano profundo. No hay duda científica, histórica ni geográfica sobre la soberanía argentina. Sin embargo, durante décadas intentaron tapar esta realidad. Las redes sociales y la bandera en el estadio destaparon lo que no se puede borrar: Malvinas es Argentina, reflexiona Anadón.

El desafío ahora es educativo. No se puede esperar a abril o junio para hablar de Malvinas. Hay que «malvinizar» constantemente, contar la verdad, educar a las nuevas generaciones. Cada veterano que testimonia, cada relato que se comparte, cada foto que se muestra es un acto de resistencia contra el olvido impuesto.

Coronel Anadón en estudio de radio
La desmalvinización, define Anadón, «es mentir, es no contar la verdad de lo que pasó». Es una campaña que lleva 40 años intentando borrar de la conciencia colectiva la importancia de las islas, afirma el Coronel (R) Marcelo Anadón en los estudios.

Anadón, quien se desempeñó como agregado militar de los cuerpos diplomáticos argentinos en Egipto, Cuba, Arabia Saudita y Bolivia, tiene clara la misión: «Tenemos que estar preparados para lo que se viene. Estas cosas no son gratis». Argentina mostró la bandera ante el mundo. El fútbol funcionó como una gran embajada que explotó la visibilidad de la causa. Ahora corresponde mantener ese impulso, seguir contando la verdad, honrar a los 649 que dieron todo por la patria.

Y finalmente cierra el coronel: «Gloria a esos que han quedado en eterna guardia».

Su testimonio, transmitido desde la experiencia directa del combate, es un recordatorio de que Malvinas argentinas no es solo una fecha en el calendario ni un tema político: es parte constitutiva de la identidad argentina. Y como tal, no puede ni debe ser silenciada.

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