
¿Tiene retorno la relación entre Axel Kicillof y la familia Kirchner? En el peronismo hay cada vez más dirigentes que creen que no. Algunos piensan que sí. Es política, no es amor. Eso ya se rompió. Pero en la política, sobre todo en la Argentina, nada es para siempre. Suele haber espacio para volver a empezar. Hay testigos vivos del pragmatismo peronista y de que las sentencias se pueden diluir en el tiempo. Sin embargo, a esta altura del calendario y del juego de poder, lo que estaba roto aparece más roto. Y, entonces, no hay perspectivas positivas de futuro.
El problema que ven en el peronismo, afuera del círculo K donde se disputa la interna interminable, es la condición en la que va a llegar la fuerza política al proceso electoral. El mensaje de Máximo Kirchner en Parque Lezama expuso, con una claridad rotunda, que Axel Kicillof no es el candidato de los Kirchner. Ni de Máximo ni de Cristina. No hay tregua, no hay acuerdo y no hay una mirada común sobre la construcción de la alternativa electoral.
El líder de La Cámpora advirtió sobre los errores del pasado, haciendo hincapié en la última versión peronista en el poder con Alberto Fernández en la Casa Rosada. “No sea que lleguemos otra vez al gobierno y alguien se coma los mocos y otra vez vayamos todo para atrás y terminemos con un presidente aún peor que el actual”, precisó. Un intendente del conurbano que estuvo presente asumió con resignación: “Lo del sábado no ayudó para construir un diálogo. Hay que hablar. Es todo muy complicado. Pero falta mucho”.
“¿Puede ser Kicillof un peor presidente que Milei?“, se preguntó un kicillofista de la primera hora, que tiene diálogo fluido con el Gobernador. Y agregó, sin sutilezas y con la lengua filosa: ”Háganlo más fácil. Confiésen, de cara a la sociedad, que no quieren que Axel sea candidato. Debe ser porque tienen miedo de no poder dominarlo o de que no les dé lugar si llega al Gobierno». Kirchner dijo también que querían tener “una candidata y no candidatos por default”, en referencia al Gobernador. Las referencias dejan a la luz una grieta enorme e indisimulable.

En el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) todos decodificaron el mensaje del líder de La Cámpora en la misma sintonía. Consideran que Máximo Kirchner decidió exponer la fractura del kirchnerismo, marcar su conducción sobre un cristinismo sin Cristina libre y mantener flotando la idea de una eventual candidatura de su madre, como un escudo protector para los dirigentes del espacio. “Usaron una causa justa, como la inocencia de Cristina, para putear a Axel y legitimar a Máximo como conductor del espacio. Fue una estafa”, precisaron bien cerca del mandatario bonaerense. Todo picante.
Si en algún momento existió alguna posibilidad de que haya una reunión entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner, después del discurso del sábado, ya no la hay. El Gobernador no tiene ningún tipo de intención de reunirse con el líder de La Cámpora, pero está dispuesto a un encuentro con la ex presidenta para discutir temas importantes que tengan que ver con el futuro.
En La Plata sostienen que hay muchos puntos para conversar sobre el futuro. La reelección de los intendentes, la posibilidad de unas PASO, la opción del desdoblamiento, el impacto de la deuda en un eventual gobierno justicialista, la construcción de una opción peronista en las distintas provincias y la articulación con sectores que están fuera del PJ. Kicillof está para discutir futuro, pero no para embarrarse en las rencillas del pasado. Ese es el mensaje que ve la luz en el círculo más chico del Gobernador.

En esa vocación, con marcos bien dispuestos, el Gobernador confirma que, dentro del esquema político que tiene en su cabeza, figura Cristina Kirchner. Es con ella. Aportando desde su lugar. Pero no es siendo un delegado de su poder. No quiere ser Alberto Fernández. No quiere que lo señalen con el dedo. “Si es para adelante, hay un montón de temas para hablar. Pero no hay diálogo posible si lo único que se busca hacer es una autopsia, si solo importa repartir culpas”, explicó a Infobae un alto funcionario del gobierno bonaerense.
En el cristinismo acusan a Kicillof de no ir a ver a CFK a San José 1111. En La Plata responden que ya fue en octubre del año pasado y la reunión no fue buena. Ni siquiera hay una foto de aquel mitín lleno de reproches y acusaciones. El Gobernador no se siente presionado por ir a verla. Y tampoco acepta exigencias del sector que ella lidera. En el espacio ultra K consideran que Kicillof no es solidario ni agradecido con quien fue su gran impulsora. No aceptan que no vaya. No lo toleran. Y ahí está todo trabado.
En ese escenario de disputas y recelos, el gobernador bonaerense advierte con claridad que el peronismo no está en condiciones de sostener un candidato de consenso. Entonces, considera que el mejor camino a seguir es ir a unas gran PASO. En esa competencia se imagina siendo contrincante de un candidato avalado por la ex presidenta. Porque las señales que provienen de ese territorio lo obligan a pensar en una disputa de ese estilo.
Uno de los argumentos que más remarcan en el cristinismo es que Kicillof no tiene peso electoral sin los votos de CFK. Y que en el caso de que ella le quite su apoyo y se lo dé a otro dirigente, su candidatura no tiene ningún futuro. En La Plata ese no es un tema que preocupe. Incluso redoblan la apuesta sin subir el tono. “Si Cristina pone otro candidato, no hay problema. Vamos todos a una PASO a competir. Con su candidato, con Massa, Moreno o Grabois. Con el que sea”, afirmó un funcionario de la primera línea del gobierno provincial, de los que tiene luz verde para hablar en nombre del Gobernador.
Si el gobierno nacional logra derogar las PASO, en La Plata visualizan una fragmentación del peronismo similar a la del 2003, en la que hubo tres propuestas de índole justicialista. Una encabezada por Carlos Menem, otra por Néstor Kirchner y una tercera por Alberto Rodríguez Saá. Sin internas y sin capacidad de acuerdo, utilizaron la elección general como una suerte de PASO actual.
Ese mismo esquema se imaginan en el kicillofismo por estas horas. No creen que pueda organizarse una interna partidaria abierta como la que propuso el sanjuanino Sergio Uñac. Tampoco advierten la posibilidad de un acuerdo de unidad. Entonces, las PASO o las elecciones generales, como un instrumento similar a las primarias, aparecen como salida que divisan para el tamaño del conflicto que tiene encerrado al peronismo. Todo está roto. Si todo esta roto, la única forma de dirimir las diferencias es en la cancha electoral y con los votos de la gente.






