
Fue mucho más que un traspié parlamentario lo que sufrió el Gobierno la semana pasada. La caída de la Ley de Tierras provocó una oleada de críticas internas por los responsables. En la polémica todos tienen razón y lo que hay, más allá de los gritos y los dedos que apuntan, es una culpa compartida.
¿En qué sentido? Al jefe de gabinete Diego Santilli lo acusan de no haber apuntalado las negociaciones con los gobernadores. A Federico Sturzenegger, de no haber estudiado la realidad más allá del dogma por desregularizar todo lo que pueda en tiempo récord. Y a la jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, de haber jugado sola más de la cuenta para cosechar un triunfo y despotricar contra compañeros en la derrota.
Con el paso de los días quedó claro que el primero evitó tensar la cuerda con algunos mandatarios, que “el Coloso” insistió con un proyecto que no tenía los votos y que la ex candidata a presidenta nunca supo manejar la situación y la oposición se quedó con un triunfo categórico. Entre todo eso, algo clave: la demora de los hermanos Milei para sacarse de encima a Manuel Adorni detuvo a la gestión durante más de 70 días, que eran cruciales por el envión electoral. Ahora, ante el problema, la necesidad de salir hacia delante. O al menos no retroceder.

También es cierto que Santilli llegó y convive con el ajuste permanente y la interna abierta por espacios de poder. El ministro, que no tenía en sus planes ser jefe de Gabinete, sino que aspiraba a mantener el ministerio del Interior -con influencia clave en áreas como ANSES y RENAPER para la campaña-, estará hoy en Misiones ante los gobernadores del norte. La fama de “mal pagador” que tiene hoy el Gobierno hace que esos mandatarios aliados quieran cobrar antes de aprobar. Nos referimos a la Ley de Zona Fría. El Gobierno busca terminar con la ola de subsidios. A cambio, desde el norte los gobernadores piden un resarcimiento por Zona Cálida. Literal. “Cada vez que jugaron bien, después se sintieron traicionados. Y ahora con el viento a favor, valdrá el doble”, reconoció un senador libertario a Infobae.
En cuanto a Sturzenegger, vale decir que sus proyectos nunca fueron secretos. Fueron muchos los domingos en los cuales el ministro subía una foto para contar que estaba en Olivos con el presidente Javier Milei trabajando en esas iniciativas. Ahora es el principal apuntado. Su diálogo directo con el Presidente, sin intermediarios, generó ruido y celos de ministros. Ayer tuvo que pasar por Casa Rosada para ¿rendir cuentas? ante Karina Milei y los Menem. Explicó, una vez más, la idea de los proyectos. Pero no se pusieron fecha para esas presentaciones.
Hay una noticia en desarrollo que es la configuración del ritmo de gestión para los próximos seis meses. La idea de quienes enfrentan a Sturzenegger para que ya no tenga tanta incidencia en Milei no será sencilla. El ministro y el Presidente hablaron durante todo el fin de semana, aun tras la derrota en el Senado.
Por último, hay que reconocer que Bullrich intenta sacar leyes en clara minoría. Hay algo en común entre todos los que rodean al Presidente y es que la crítica no le puede llegar a él. Lógico. Por eso las miradas se las llevan los ministros. Por eso el ruido tras la decisión de la Secretaría General de la Presidencia de bajar la línea para que todo proyecto deba pasar por la mesa política. Hubo una sobreactuación al respecto. La pregunta que flota es si hay una intención de bloquear la línea directa con Milei.
El 4 de junio Sturzenegger estuvo en Infobae a las Nueve y afirmó: “Este semestre, el primero del 2026, será el semestre con más reformas estructurales desde el año 1989. Será el semestre con el éxito más grande con la gestión del gobierno”. No sucedió. Es más, el proyecto que sobrevivió en el Senado la semana pasada -dos capítulos de Inviolabilidad de la propiedad privada- ya no será prioridad. “No los freezamos, pero no son prioritarios”, afirmaron a este medio. Todo indica que quedarán guardados en un cajón por un largo tiempo legislativo.
Un poco más atrás en el tiempo, en diciembre del 2025, Milei fue al streaming militante Carajo. Allí sentenció: “La política monetaria tiene un rezago (…) para mitad del año que viene o agosto, la inflación va a converger a 0, y algo. Seguro va a empezar con 0”. El conductor del espacio, Daniel Parisini, se maravilló ante su líder: “Me asombra la seguridad, lo carteado, científicamente hablando, desde la economía, que tenés que estar para asegurar eso. La inflación en agosto del año que viene va a empezar con 0”. El dato de agosto será comunicado el jueves. Se espera, como mínimo, que comience con el 2 adelante.
La consultora PxQ, que encabeza Emanuel Álvarez Agis, adelantó ese pronóstico. El dato de la Ciudad de Buenos Aires fue una pésima noticia en la previa: marcó 2,9%. Cuando la inflación esté otra vez hacia arriba, será el mensaje letal para quienes aspiran, internamente, a que Luis Caputo busque una mejora en la actividad a costa de soltar algunos décimos la subida de precios. En Hacienda, además, saben que la idea de flexibilizar a los bancos para prestar dólares inmovilizados en plazos fijos será casi imposible por una simple razón. No dependen de un decreto del Presidente, sino de una ley. Y no está en carpeta.

La cuestión electoral sigue siendo la gran obsesión del Gobierno. De ahí la reflotada obsesión por la reforma electoral. Suspender las PASO. “El Congreso del primer semestre no existe más. Lo vamos a entender por las buenas o por las malas”, relató una fuente parlamentaria del oficialismo. Todos miran esa jugada que aún no termina de confirmarse. Los votos, si llegaran a estar, aparecerán para el cierre del año parlamentario, no antes. ¿La razón? La negociación se dilatará producto de la especulación opositora. Nadie sabe a ciencia cierta qué puede convenir y qué no.
Por estos días siguen apareciendo candidatos y dirigentes que amagan con “jugar” en una elección de cuartos, como anticipó Cristina Kirchner en abril del 2024, cuando estaba aún en libertad. “Todos saben: Menem salió primero con el 24% de los votos, Néstor segundo con el 22%. Fíjense qué cosa… si la elección, ésta que pasamos, fue una elección de tercios, aquella fue una elección de cuartos. Ninguno llegaba ni al 25% y el pelotón de atrás ni siquiera llegaba al quinto. Fue una elección de cuartos y quintos”, afirmó en su momento la ex mandataria.
Jugar un pleno para llegar al balotaje ilusiona a muchos. Con esa premisa, dentro del PRO hay quienes tensionan para competir contra el Gobierno. El último en lanzarse de manera dubitativa fue Hernán Lacunza, que reconoció su intención de ser candidato ante la insistencia del periodista Eduardo Feinmann. Ese lanzamiento cayó muy mal en la interna del partido. Es que hoy conviven allí los que gestionan (gobernadores e intendentes) con legisladores más sueltos y dirigentes que no tienen nada que perder. “La candidatura fue de las peores decisiones que tomamos. No hay una organización y eso nos perjudica. Mostramos debilidad”, reconoció un dirigente con cargo ejecutivo a este medio.
Son estos dirigentes los que insisten en un acuerdo con los libertarios. ¿La condición? Que se respete que donde gobierna el PRO, los candidatos los decide el PRO. “No es mucho lo que se pide. Es sostener lo nuestro”. En total son tres gobernaciones y 12 intendencias bonaerenses. Pintarse de violeta no genera resultados. Lo saben Guillermo Montenegro y Diego Valenzuela. “Pagan mal”, reconocen. En uno de esos distritos amarillos, la recaudación cayó más ahora que en pandemia. “No podemos salir a criticar al Gobierno, pero los vecinos nos reclaman a nosotros”, afirman. Habrá que ver cómo salen del laberinto. Sobre todo ahora que el peronismo cree que puede ganar… con muy poco.






