El oficialismo volvió a fallar el jueves pasado en el Senado tras posponer, una vez más, la aprobación de la ya multi manoseada iniciativa de propiedad privada que empuja la Casa Rosada. Dicha jornada confirmó un asunto que se presiente desde hace un tiempo considerable: ni siquiera el adiós del tapón que significó el indefendible ex jefe de Gabinete Manuel Adorni logró destrabar la agenda legislativa, y el nuevo traspié implicó el hartazgo de una oposición dialoguista clave para la aprobación de proyectos y que advirtió al Gobierno que, de no ajustar con rigurosidad varias tuercas, será complejo convivir.
“No se trabaja así”, sentenció a Infobae un referente en la Cámara alta. Antes, era con desazón; ahora, con bronca. Desde otro despacho top, en tanto, señalaron: “Llegamos a casi 15 o 16 borradores, si no me equivoco, para un dictamen firmado en mayo pasado. Había ausentes que avisaron con tiempo que no venían y los votos estaban muy ajustados. Lo sabían todos. Nosotros, ustedes y, sobre todo, la propia -jefa oficialista, Patricia– Bullrich. Casi nos hace pasar vergüenza y no somos sus empleados“.
La primera señal de otra chance tirada a la basura germinó la semana pasada cuando, en Labor Parlamentaria, se anunció la sesión del reciente jueves y otra para el 6 de agosto, una vez terminadas las merecidas vacaciones para el 80% de los senadores, quienes dejaron la piel en la primera mitad del corriente año. Podrían auto entregarse la mención de Honor Sarmiento, el máximo reconocimiento que otorga la Cámara alta. En la mencionada fecha del mes próximo se continuará el convite tras el cuarto intermedio votado días atrás, la única vía que halló Bullrich -una de las principales figuras de la gestión mileísta- para frenar a tiempo un mega papelón.
No arrancó bien la jornada el jueves. Un par de dialoguistas le sugirieron a la porteña que no arriesgara y devolviera la iniciativa al plenario de comisiones de Asuntos Constitucionales; y de Legislación General, para emprolijar el asunto desde cero. Ni los oyó. En paralelo, la vicepresidenta y titular del Cuerpo, Victoria Villarruel, taladró teléfonos con mensajes para que nadie se prestara a la “venta” del país. Se refería, en particular, al capítulo de tierras a extranjeros.
El cortocircuito entre ambas era evidente y terminó aún peor, con la filtración de chats personales. En el Senado, la mayoría de los consultados apuntó, sin dudar, a la misma quinta. “Muy asqueroso lo que hizo. Después hablan de instituciones y república”, aseguró un radical. Celebró mucho la Casa Rosada, que miró de lejos una pelea doméstica en modo farándula de dos personas que estarían, en principio, interesadas en el poder. Curioso.
También fueron notorios los dardos -disfrazados de información- que recibió una de las involucradas, vía Diputados. En especial, desde el despacho de un controvertido legislador defendido por el mileísmo. Una chanchada marginal y con responsable detectado. Importante: los niveles de resentimiento y venganza están elevados. Y, en general, hoy paga más traicionar -común en la política- que tolerar, si es que existe ese término. “Una locura lo de estos días”, resumió una de las fuentes que validó el trasfondo de la semana que tuvo el Congreso antes del ansiado receso. Ni hablar del enternecedor intercambio entre dos agentes, con homofobia en el medio -síntoma de cobardía- y una eventual denuncia en puerta.
Sobre la noche del jueves, los más experimentados bajaron algunos decibeles y, con más calma, reconocieron que el regreso de tres aliados para agosto saldaría el embrollo de la ley de propiedad privada. Los antecedentes son aceitosos, aunque el oficialismo mantiene la fe. Además, en la sesión del 6 quedaría sancionada la denominada iniciativa “Hojarasca”, que elimina normas vetustas. Y se piensa en el texto para aplicar cárcel en “falsas denuncias” por el que pelea hace bastante la radical Carolina Losada (Santa Fe), que dinamitaría el recinto por la polémica que siembra. Un exquisito timing.
Al menos, Bullrich, que volvió a ceder parte de un monopolio que disfrutó por poco tiempo, se llevó a casa el salvataje del pliego del camarista laboral Víctor Pesino -guiño a la reforma laboral-, que estaba al filo de la jubilación por acercarse a los 75 años y continuará por un lustro; y la luz verde de demorados ascensos diplomáticos que generaron un caos en la Cancillería, que maneja Pablo Quirno.
En cómoda siesta siguen cerca de diez proyectos que desea Balcarce 50. Y falta que aterrice el Presupuesto 2027, a mitad de septiembre, en Diputados. Todo lo contrario a lo que suplicaron aliados: el período para sacar leyes era el primer semestre. Ahora, irán también por los suyos. Más las pre-campañas electorales en las provincias. El mejor de los augurios. Eso sí: el viernes, en la paritaria se aumentó el valor del módulo para empleados y, con ello, la dieta -atada- de los senadores. Justo cuando se frena la actividad por 15 días y, con ello, la circulación de noticias legislativas. Felices vacaciones.






