Ayer se presentó y proyectó, en el salón Dr Ricardo Balbín de la Cámara de Diputados de la Nación, el documental El Vasco nos mira desde arrba, en memoria al fallecido coronel Argentino del Valle Larrabure, quien pasó 372 encerrado bajo tierra por terroristas del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), en un lugar sin luz y ventilada por tubos, disimulada en un subsuelo improvisado en una mercería en el barrio rosarino de Bella Vista.
Al negarse a colaborar con ellos, el militar fue asesinado el martes 19 de agosto de 1975 y, cuatro días después, su cuerpo apareció envuelto en una sábana y en una frazada en un zanjón cercano a la avenida Ovidio Lagos y Muñoz, en Rosario. Pesaba 40 kilos y la autopsia determinó que había sido estrangulado con un cable y que había recibido un fuerte golpe en el cráneo.
Organizado por la Dirección de Cultura, Museo y Extensión Federal de la Cámara baja, la proyección del filme dirigido por Fabián Pérez Battaglini, y producido por Marina Turletto -evento con entrada gratuita e inscripción previa- contó con palabras previas de su realizador. “Soy un documentalista que cuenta Historia, que está alejado de la militancia política, pero esta historia del coronel y su familia me impactó y creo debe ser conocida”, subrayó.
Este tipo de eventos no se había podido realizar antes del gobierno de Javier Milei. Un ejemplo: vale recordar la fallida presentación del libro La estafa con los desaparecidos. Mentiras y millones, del escritor y periodista José D’Angelo. Por aquel entonces, 7 marzo de 2023, el diputado nacional de Juntos por el Cambio, Alberto Asseff, denunció que por presión del kirchnerismo fue suspendida en la Biblioteca del Congreso. Y que desde el área de Ceremonial de la Cámara Baja le habían comunicado, un día antes, que la actividad había sido suspendida.
Esto no sucedió con el documental de Battaglini, impulsado por el legislador de la Libertad Avanza, Federico Agustín Pelli, quien había sido noticia el 11 de marzo de este año por haber sufrido un salvaje cabezazo por parte de Marcelo “Pichón” Segura, cuando intentaba acceder a la localidad de La Madrid, en el sur de la provincia de Tucumán, para brindar asistencia por las inundaciones que afectaron a la ciudad.
Por su parte, durante el evento, el legislador provincial por Tucumán, Walter Adrián Bernarducci, declaró de interés legislativo, cultural e histórico este documental e hizo entrega a Arturo Larrabure, hijo del militar asesinado, un reconocimiento especial a su padre otorgado por unanimidad por la Legislatura tucumana.
Reconocimientos al coronel Larrabure
Según Pelli, el documental “nos convoca a la memoria y al recuerdo de un argentino que vistió el uniforme de la Patria con honor y que sirvió a su Nación con convicción”. Y agregó: “Las palabras memoria y recuerdo, en el caso de él, hoy nos interpelan y llaman a la reflexión como país y como sociedad, porque es insólito que un hombre cuyo ejemplo es digno de los más altos valores, principios e ideales de amor por su patria y por sus compatriotas, haya sido dejado de lado y olvidado durante tanto tiempo”, enfatizó ante los presentes.

El diputado nacional pidió que recordar al coronel Larrabure sea una oportunidad para reafirmar el compromiso con la verdad histórica y no un ejercicio de división o enfrentamiento. En ese mismo sentido, el obispo castrense monseñor Santiago Olivera y el general retirado José Luis Figueroa presentaron su figura como un llamado a la reconciliación, el perdón y la cultura del encuentro.
Ese planteo quedó ligado también a nuevas iniciativas de difusión de su legado. El militar retirado señaló que el mensaje de Larrabure se refleja en el libro próximo a publicarse Larrabure, Voces para el Reencuentro, en el que participan más de 40 personalidades de distintos ámbitos, actividades y corrientes de pensamiento.

Pelli afirmó que homenajear a Larrabure implica recordar “a un soldado argentino, a un esposo, a un padre y a un hombre que permaneció fiel a sus ideales hasta el último momento de su vida”. Según sus declaraciones, el homenaje debe sostenerse en una idea central: la memoria no debe ser usada para profundizar fracturas, sino para sostener una verdad histórica compartida.
Monseñor Olivera: la causa ante la Santa Sede con la mirada puesta en la canonización
El obispo castrense Santiago Olivera explicó que escribió a la Santa Sede y al Dicasterio de la Causa de los Santos para impulsar el proceso de canonización de Larrabure, que ya cuenta con un tribunal de siete religiosos para su investigación. Según Olivera, aunque la muerte ocurrió en Rosario, pudo comenzar la causa porque el obispo era miembro del obispado castrense.
Olivera sostuvo que Larrabure “tiene que estar reconocido y tiene que ser un faro para nuestra patria”. También dijo que la autorización para iniciar ese camino le produjo “mucha alegría” y remarcó que el objetivo “no es para enfrentar, sino para valorar el encuentro, la reconciliación, el perdón”.

Al fundamentar esa posición, Olivera citó al extinto papa Francisco I y al papa León XIV. Según el obispo castrense, Francisco advirtió en un documento de la Iglesia que “las ideologías de cualquier signo, tanto de derecha o de izquierda, ciegan”, y León dijo “hace muy poco” que “las ideologías nos hacen sordos a la verdad”.
A partir de esas referencias, Olivera afirmó que la consigna “memoria, verdad y justicia” sigue vigente “para todos, no de un solo costado”, y reclamó “memoria completa, no fragmentada, una verdad no sesgada y justicia y no violencia, no, no venganza”. En el cierre de su intervención, agregó que la figura de Larrabure puede ayudar a encontrar caminos de encuentro y reconciliación “porque vamos en camino hacia el martirio”.

El obispo castrense sostuvo que fue mártir porque no renegó de su fe y porque entregó la vida antes que salvarse a cualquier precio. En esa línea, vinculó su conducta con una idea expresada por Francisco: “Nos salvamos entre todos”.
“Una enseñanza contra el odio y la confrontación”, el legado de Larrabure
El general retirado José Luis Figueroa agradeció al autor del documental El Vasco nos mira desde arriba y a Pelli por haber abierto en la Cámara de Diputados un espacio que, según expresó, permanecía cerrado para transmitir el mensaje de Larrabure y para dar lugar a una parte de la verdad que durante años permaneció silenciada.
Figueroa dijo que el caso permite visibilizar una etapa de la historia argentina marcada por la violencia terrorista, que a su juicio suele ser olvidada. Aun así, remarcó que el mensaje de Larrabure debe entenderse ante todo como un llamado al encuentro entre los argentinos y no como una reivindicación sectorial.

Al describir ese enfoque, afirmó: “En una guerra fratricida, como en una pelea entre hermanos, hay poco para reivindicar y mucho para analizar, pedir y dar perdón, y aprender para no repetir los mismos errores”. Para Figueroa, ese aprendizaje se resume en tres enseñanzas.
La primera, dijo, es la capacidad de no odiar, perdonar y, si fuera necesario, poner la otra mejilla. Según Figueroa, aun en las condiciones durísimas de su cautiverio, Larrabure no dejó mensajes de resentimiento sino de esperanza, fe y reconciliación.
La segunda enseñanza es la centralidad de los valores y las virtudes. Figueroa recordó que durante el cautiverio se le ofreció recuperar la libertad si colaboraba en la fabricación de explosivos, una propuesta que rechazó con la frase: “A ese precio, no”.
La tercera enseñanza, añadió, es no quedar atrapados en el pasado y mirar hacia el futuro. En su planteo, la memoria debe funcionar como una herramienta de aprendizaje para construir una vida más plena y una Nación más grande, no como un mecanismo para alimentar resentimientos.
Figueroa sostuvo que ese mensaje fue creciendo “como un grano de mostaza” con el paso del tiempo. Señaló que el libro en preparación reúne voces de excombatientes, víctimas y familiares de ambos lados de la tragedia argentina que, desde experiencias distintas, coinciden en la necesidad de cerrar las brechas que aún dividen a los argentinos.

En el tramo final de su exposición, afirmó que la sociedad argentina debe abandonar los discursos de confrontación permanente y recuperar la cultura del encuentro. Según Figueroa, las armas de los años de violencia política ya no son las mismas, pero persisten enfrentamientos estériles que dificultan la construcción de objetivos comunes.
Desde esa idea, concluyó que las diferencias deben resolverse por medio del diálogo, la discusión franca, la negociación y la búsqueda de consensos. Cuando eso no ocurra, añadió, deben operar los mecanismos de una sociedad democrática y civilizada: las elecciones, las instituciones y la justicia.






