Error de Cálculo

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De La Madrid a Teherán: cuando quien calcula no es quien paga el costo

Una vecina inundada en Tucumán y una escuela bombardeada en Irán. Dos tragedias separadas por miles de kilómetros, unidas por el mismo patrón: la negligencia del poder que subestima fuerzas que lo superan.


Hace mucho, mucho tiempo, hubo un joven Pablo Gerez que pasó un par de años en la Universidad Tecnológica Nacional tratando de ser ingeniero eléctrico, tarea que abandonó (cosa que todas las ingenierías agradecen) pero, en ese trayecto capturó conceptos para toda la vida, como el del «Error de Cálculo», algo que nos persigue a todos sin excepción en cada cosa que hacemos en nuestro diario transcurrir. Ahí está el concepto que hilvana toda esta crónica: el «Error de Cálculo».

El viernes pasado en Radio Del Plata Tucumán, (98.9 MHz FM y por internet en este link), en el programa que conduce Graciela Núñez, entrevistábamos a una vecina de la localidad de La Madrid. La comunicación, desde lo técnico, impecable y clara, daba la sensación de presencia de Marisol Cantella; la vecina, con su voz firme pero triste, nos contaba de las pérdidas: ella, por tercera vez, veía cómo el agua se llevaba su emprendimiento de apicultura, y anunciaba su renuncia a intentarlo de nuevo. Nos compartía el dolor de ver la casa propia y la de los vecinos con un metro noventa de agua dentro, llegando al techo en algunas viviendas.
Marisol nos hablaba de lo material que se ha perdido, pero también de las fotos, de las evidencias de los recuerdos, la pérdida de los testimonios de una vida. Ante las preguntas, su respuesta comenzaba con silencios pesados, dolorosos; su voz se quebró en un par de ocasiones, al tiempo que era evidente su estado de confusión, propio de quienes todavía transitan el trauma. Porque la inundación tiene esa particularidad: llega de a poco, lenta, se queda, y el quedarse prolonga el daño. Luego, cuando finalmente el agua retrocede, no significa que el tiempo traumático ha pasado, sino que todavía se transita ese lapso: el de la producción del trauma.
Escucharla hablar y dar testimonio de no saber qué pasa, qué sucede, cómo es que se llega hasta esta situación; no tener idea de qué falló o cómo falló: ¿se hicieron obras?, ¿se llevó adelante?, ¿no se hizo nada?, ¿lo que se realizó fue insuficiente?, ¿es todo responsabilidad de la impredecible e indómita naturaleza? Afirmaciones en forma de pregunta de Marisol que me remitieron a la idea del error de cálculo. Y fue una semana en la que esa idea me daba vueltas por mil cosas en las que yo, nuevamente, había errado el cálculo.
Marisol nos dijo algo que se me quedó grabado: «Sabían que iba a pasar. No hicieron las obras. Calcularon mal». Esa frase, tan simple y tan devastadora, resonó en mi cabeza mucho después de colgar el teléfono. «Calculamos mal». Suena técnico, aséptico, como un informe de auditoría. Pero cuando miras de cerca, tiene barro, tiene nombres y apellidos. En La Madrid, el error de cálculo fue ignorar que la naturaleza no negocia con presupuestos ajustados ni con promesas electorales. El agua llegó igual. Y los que pagaron el costo son los mismos de siempre.
Esa misma semana, a miles de kilómetros de Tucumán, otro error de cálculo estaba escribiéndose con fuego en Medio Oriente.

I. La palabra que no debió decirse

Donald Trump, desde un acto en Kentucky, se refirió a la operación militar estadounidense en Irán como una «excursión». La palabra rebotó en los cables de las agencias de prensa como una piedra en un vidrio. «Una excursión suena a un paseo divertido», dijo un analista en un programa de televisión argentino. «Pero siete soldados americanos muertos y 140 heridos no son un paseo. Son un error de cálculo». Otra vez el concepto, otra vez.
Trump, en ese formato tan banal que tiene para tratar temas delicados, también cuestionó públicamente a los generales que hundieron un buque iraní en el océano Índico. «¿Por qué demonios los matamos?», preguntó ante las cámaras. «Hubiera sido mejor capturarlos y utilizar el buque en nuestra marina». La imagen era delirante: 200 marineros iraníes, un barco enemigo convertido en trofeo, como si fuera un juego de estrategia en una pantalla.
Pero mientras el ex presidente hablaba de excursiones y trofeos, en Teherán una escuela primaria llamada Shahar Tayeb amanecía convertida en escombros.

II. Cuando el algoritmo decide por nosotros

El New York Times lo confirmó con una investigación militar en curso: un misil Tomahawk estadounidense impactó en esa escuela. 175 muertos. Decenas de niñas. El misil Tomahawk es operado exclusivamente por Estados Unidos, así que los intentos iniciales de la Casa Blanca por sugerir que podría haber sido disparado por Irán se desmoronaron rápido.
¿Cómo ocurre algo así? ¿Cómo una potencia militar con satélites, drones y redes de inteligencia globales confunde una escuela con una base militar?
Acá entra la segunda capa del error. Un informe de la publicación europea El Gran Continente, dirigido por Giuliano Da Empoli, reveló que el Pentágono está utilizando un sistema de toma de decisiones llamado Maven Smart, perteneciente a Palantir, la empresa de Peter Thiel (tarea para curiosos y curiosas si no saben quien es ese señor: googlee, ¿si?). El almirante Brad Cooper, comandante del Mando Central de Estados Unidos, declaró el 11 de marzo: «Nuestros combatientes utilizan herramientas avanzadas de inteligencia artificial. Estos sistemas nos ayudan a analizar enormes volúmenes de datos en cuestión de segundos». Y añadió, con una tranquilidad que hoy suena a ironía: «Los seres humanos siempre tendrán la última palabra sobre a qué apuntar, a qué no apuntar y cuándo disparar».
«LOS SERES HUMANOS SIEMPRE TENDRÁN LA ÚLTIMA PALABRA… PERO LAS HERRAMIENTAS DE IA TRANSFORMAN PROCESOS DE HORAS EN SEGUNDOS.»
El problema es que esos «segundos» no dejan espacio para verificar si las coordenadas provienen de datos que contengan errores de la Agencia de Inteligencia de Defensa. El algoritmo procesó. El misil salió. La escuela quedó reducida a escombros y, entre ellos, los cuerpos de las niñas.
«¿FUE UN ERROR DE COORDENADAS O UN ERROR DE PARADIGMA?»
Ian Bremmer, el analista geopolítico más influyente del mundo, fundador de Eurasia Group, lo dijo sin rodeos en su último informe: «Irán no es Venezuela». La comparación es tentadora para Washington. Trump había visto cómo la presión máxima funcionó (o pareció funcionar) en Caracas y asumió que la misma receta aplicaría en Teherán. Pero Irán tiene una profundidad histórica, unas redes de influencia y una capacidad de resistencia que Venezuela no tiene. Bremmer lo advirtió: «Esto se perfila como el mayor error de política exterior de cualquiera de las presidencias de Trump».

III. El tablero que se mueve solo

Mientras Washington calculaba una salida rápida, el tablero se movía solo. Irán, lejos de estar «neutralizado» como sugería Trump, disparó 300 misiles contra Israel en una sola noche. La mitad eran bombas de racimo. La lluvia de proyectiles fue incesante entre la medianoche y las 6 de la mañana. Hezbolá, desde el Líbano, lanzó otros 100 cohetes contra el norte de Israel. Arabia Saudita derribó tres drones sobre su territorio oriental. Kuwait interceptó misiles balísticos. Una base italiana en Irak, en la ciudad de Erbil, fue alcanzada por un dron.
«CUANTO MÁS SE PROLONGA EL CONFLICTO, MÁS CAMBIA EL EQUILIBRIO: IRÁN IMPONE COSTOS CRECIENTES A LA ECONOMÍA MUNDIAL Y AL CAPITAL POLÍTICO DE TRUMP.» (Ian Bremmer)
Y en el centro de todo, el estrecho de Ormus. Irán amenazó con atacar petroleros comerciales. Chris Wright, el secretario de energía de Estados Unidos, publicó en redes sociales que la marina había escoltado con éxito a un petrolero a través del estrecho. Las acciones subieron. Los mercados se tranquilizaron. Horas después, Wright borró la publicación: el anuncio era mentira (un papelón de proporciones titánicas). Los mercados volvieron a caer en confusión.
«LA INTERRUPCIÓN INTENCIONADA DEL MERCADO DEL PETRÓLEO POR PARTE DEL RÉGIMEN IRANÍ ES A CORTO PLAZO Y NECESARIA PARA EL BENEFICIO A LARGO PLAZO DE ACABAR CON ESTOS TERRORISTAS.»
Esa frase, atribuida a funcionarios del gobierno estadounidense, resume la lógica del error: aceptar el caos económico inmediato como «necesario» para un objetivo estratégico que, hasta ahora, no se ha cumplido. El régimen no ha sido decapitado. Hay una cúpula iraní sigue en su lugar ejerciendo el poder. Y Mojtaba Khamenei, el hijo del líder supremo, designado como sucesor, permanece en el misterio: sin apariciones públicas, sin discursos, con informes contradictorios sobre su estado de salud. No parece haber vacío de poder, y el silencio hoy asemeja más a estrategia que a imposibilidad de expresar.
Mientras tanto, el beneficiario silencioso de este caos es Vladimir Putin. El presupuesto de guerra ruso se sustentaba en un petróleo a 59 dólares por barril. Hoy está a 100. Rusia vende su petróleo a China, esquivando sanciones desde la isla de Kharg, y financia su guerra en Ucrania con el dinero que genera la guerra en Medio Oriente. Sí, y lo voy a escribir de nuevo, apoyándome en mi origen radial (necesidad de la redundancia), aquí en un medio escrito: el presupuesto inicial era vender a 59 U$S para financiar la guerra; hoy vende a U$S 100, con lo cual su presupuesto de guerra se ha visto incrementado en un 41%. La que sufre: Ucrania.

IV. Aliados con relojes distintos

Acá aparece la fractura más visible. El País de Madrid y Clarín en Argentina reportaron lo mismo: hay presión del Partido Republicano para que Trump dé por terminada la operación. Las elecciones de noviembre están en el horizonte. El precio del combustible afecta directamente al votante estadounidense. Washington quiere una salida política. Israel, en cambio, se prepara para un conflicto prolongado.
El FBI, mientras tanto, alertó sobre un plan iraní para atacar California desde embarcaciones no identificadas frente a las costas estadounidenses. Drones lanzados desde barcos secretos. La viabilidad técnica es dudosa (15 horas de vuelo, 15.000 kilómetros, satélites estadounidenses vigilando), pero el impacto psicológico es real. Es guerra informativa. Es miedo como arma. Son las redes encendiendo la alarma, falsa o real, no importa: el caos es el objetivo.

V. La potencia imperial que no ves

Y acá llegamos al núcleo del error de cálculo, el que no es técnico ni estratégico, sino de orden antropológico es una cuestíón de  civilizacinoes y sus características.
Occidente piensa a Irán con esquemas occidentales. Lo imaginamos como un «estado rebelde», un actor marginal, un régimen aislado que puede ser presionado hasta colapsar. Pero Irán no es eso. Irán es una potencia imperial de Medio Oriente. Tiene profundidad histórica de milenios. Tiene redes de influencia transnacionales que operan hace décadas: Hezbolá en el Líbano, milicias en Irak, presencia en Siria, aliados en Yemen. Su esquema de pensamiento y procedimiento es diametralmente diferente al de Occidente.
El tiempo estratégico iraní no se mide en ciclos electorales de cuatro años. Se mide en décadas. La paciencia es un arma. El sacrificio es una inversión. El martirio es un cálculo político y un premio de trascendencia espiritual. Hollywood nos dio una imagen sesgada: el villano de turbante que grita consignas en una pantalla, que dispara su AK-47 al aire como un salvaje, que es un pastor en ojotas en medio de un cerro desértico criando cabras. Pero la realidad es más compleja. Irán opera con una lógica imperial que entiende la región mejor que cualquier potencia externa, porque… Irán es una potencia local, es «su» terreno, su geografía, su historia.
«IRÁN NO ES UN ESTADO REBELDE. ES UNA POTENCIA IMPERIAL CON PACIENCIA DE SIGLOS. Y ESO OCCIDENTE NO LO CALCULÓ.»
Esto no justifica la política exterior iraní. No valida sus vínculos con facciones armadas, ni su estructura teocrática, ni sus amenazas sobre estrechos comerciales vitales, ni las dos veces que su proceder terrorista hirió a la Argentina. Pero tampoco valida el accionar de las potencias hegemónicas occidentales, que operan con la misma lógica imperial que critican. Ambos se miran en el mismo espejo y ven al otro como el problema.
«ESTO NO JUSTIFICA A IRÁN. PERO TAMPOCO VALIDA A OCCIDENTE. AMBOS SE MIRAN EN EL MISMO ESPEJO IMPERIAL Y VEN AL OTRO COMO EL PROBLEMA.»

VI. El agua que vuelve

Vuelvo al estudio de Radio del Plata en Tucumán. La voz de Marisol Cantella, vecina de La Madrid, tiembla cuando al despedirse nos dice: «Tengo que dejarlos, tengo que ir a ver cómo limpio, cómo saco el barro, qué hago».
Yo asumo que «Calculamos mal». Pero quién calcula y quién paga nunca son los mismos. En Tucumán, me pregunto: ¿el error fue no hacer los drenajes? En Washington, ¿fue confiar en un algoritmo con datos obsoletos? En Tel Aviv, ¿fue asumir que la capacidad enemiga estaba neutralizada? En Moscú, será ¿apostar a que el caos ajeno financia la guerra propia?
El agua siempre vuelve. En forma de inundación o en forma de misiles. Y los que están bajo el agua, en La Madrid o en Teherán, son los que no tuvieron voz en el cálculo.
Cómo cortar con esa cadena de eventos mal calculados que dejan devastación, se me ocurre, en principio, que dejar de leer el mundo con lentes de Hollywood y abandonar posiciones binarias (buenos-malos, izquierda-derecha) sería un paso.
Quizás también entender que hay potencias que no se miden en portaaviones, sino en paciencia. Y que el error de cálculo más grave no es el que comete un algoritmo. Es el que comete una civilización que asume que el resto del mundo piensa como ella, que mide con el mismo esquema mental.
Mientras eso no cambie, los errores van a seguir acumulándose. Y el agua, siempre, va a seguir subiendo.

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