⏱️ Tiempo de lectura: 6 – 8 minutos
La irrupción de la causa Malvinas en el Mundial de fútbol reveló que el deporte es una plataforma política capaz de visibilizar conflictos soberanos y modificar agendas legislativas
Una conversación con el doctor Carlos Sebastián Ciccone, historiador e investigador del CONICET, permite comprender cómo una bandera celeste y blanca con la leyenda de las islas trascendió lo deportivo para interpelar a la sociedad, los medios y hasta frenar una sesión del Congreso. La reflexión: pasar del patrioterismo superficial a la construcción sostenida de soberanía.
Malvinas fútbol… dijeron que no tenían nada que ver; Malvinas y fútbol. Una combinación que desde 1986, justamente en un mundial, se volvió una mezcla inseparable. Y aunque sigan diciendo que deporte y política no tienen nada que ver, detrás de cada partido, de cada celebración, de cada bandera ondeada en las gradas, late una dimensión política que excede lo partidario y se adentra en el territorio de las identidades, los conflictos y las disputas soberanas. El Mundial recién concluido lo demostró con contundencia: cuando Argentina enfrentó a Inglaterra, algo más que un resultado deportivo estaba en juego. La causa Malvinas irrumpió en el escenario global de la mano de una bandera que los jugadores llevaron al césped, y con ella, una pregunta inevitable: ¿puede el deporte convertirse en herramienta de política exterior?
«Con un partido de fútbol no vamos a recuperar la soberanía de Malvinas, pero sí se va a construir esto que fortalece una política exterior que tiene que ver con la visibilidad que adquiere una cuestión problemática»
Esta reflexión pertenece al doctor Carlos Sebastián Ciccone, investigador del CONICET y doctor en Historia con especialidad en historia política y cultural, política exterior, medios de comunicación y relaciones internacionales. Desde el Centro de Estudios y Análisis Políticos en la Universidad del Comahue, Ciccone ha dedicado años a estudiar las crónicas en y por Malvinas entre la comunicación y la invasión, y las prácticas políticas para recuperar las islas entre 1969 y 1974. Su análisis llegó a Libertad de Expresión, el programa que conducen Graciela Núñez y Pablo Gerez por Radio del Plata Tucumán 93.9 MHz, donde desgranó las implicancias políticas del fenómeno futbolístico y su vínculo con la causa Malvinas.

La discusión sobre si el fútbol es político o no, ha recorrido bares, tertulias y redes sociales durante décadas. Muchos sostienen que el deporte y la política deben mantenerse separados. Ciccone, sin embargo, propone otro punto de partida: entender qué es realmente la política. «La política no se resume únicamente a lo partidario», explica el historiador. «Y quizá ahí esté la confusión. Quienes entiendan de otra manera consideran que la política únicamente se limita a lo partidario. Y lo que pudimos ver con el caso del Mundial es que la política implica un montón de cuestiones que exceden incluso los espacios gubernamentales».
Si la política excede a los espacios gubernamentales, entonces múltiples actores pueden intervenir políticamente. Y ahí reside la riqueza de entender el deporte como escenario de expresión política. «Cuando digo expresión política, no digo que un partido de fútbol va a ser el espacio para que una hinchada se exprese en favor de un político o de un partido», aclara Ciccone. «Lo que digo es que la cancha puede ser ese espacio en el que se visibilicen conflictos sociales, desigualdades, conflictos territoriales, como sucede en el caso de Malvinas, cuestiones vinculadas al imperialismo».
«La política no se resume únicamente a lo partidario. La política implica un montón de cuestiones que exceden incluso los espacios gubernamentales»
Esta reflexión pertenece al doctor Carlos Sebastián Ciccone, quien analiza la relación entre Malvinas y fútbol como plataforma de visibilización política. La causa Malvinas apareció vinculada al Mundial de fútbol con una fuerza inusitada. La bandera ondeada por los jugadores generó un efecto dominó: aumentó la búsqueda de «islas Malvinas» en Google, interpeló a actores de la política interna argentina y británica, movilizó a los medios de comunicación de ambos países e incluso llegó al gobierno de las islas. «Eso generó la bandera y eso generó la acción de los jugadores llevando la bandera al césped», recuerda el investigador. La visibilidad adquirida fue tal que trascendió lo simbólico para instalarse en la agenda pública.

Pero aquí surge una tensión fundamental: el equilibrio entre lo banal y lo real. «Tenemos que ser conscientes de que hay algo banal», advierte Ciccone. «Lo banal quiere decir lo superficial propio del ser argentino y de las identidades nacionales en general. Se asumen ciertas consignas y muchas veces se las vacía de contenido». El investigador pone un ejemplo contundente: semanas antes del partido Argentina-Inglaterra, el Comité de Descolonización de la ONU recomendó nuevamente que se sancione una resolución que reconozca la necesidad de que Argentina y Reino Unido lleguen a dar una solución. «A pesar de que fue el Comité de Descolonización quien nuevamente dictaminó eso, los medios de comunicación casi no hablaron de este tema. La sociedad general estaba como desconectada de esas cuestiones».
«La educación es la principal herramienta. Las ciencias sociales tienen mucho para aportar, y aportan. Eso es fundamental»
Entonces, ¿cómo pasar de lo banal a lo real? ¿Cómo evitar que el entusiasmo popular se diluya sin consecuencias concretas? Ciccone es claro: «La educación es la principal herramienta. Creo que es el sustento que nos constituye como ciudadanos. Y las ciencias sociales tienen mucho para aportar, y aportan. Eso es fundamental». Pero además, hay que reconocer que lo real existe y va a seguir existiendo. «Lo real es una base militar en el Atlántico Sur, una base militar británica que está presente», ejemplifica. «Lo real, por ejemplo, son los radares británicos en la isla grande de Tierra del Fuego que salieron a la luz en los festejos en Ushuaia. Todo eso tiene que ver con discutir la soberanía».
El partido de fútbol actuó como plataforma. Pero a partir de esa plataforma hay que construir. Y construir significa exigir una política de Estado orientada a la recuperación de la soberanía. «La manera de lograr la recuperación de la soberanía es a partir de la diplomacia, a partir de la paz. Los órganos multilaterales y el bilateralismo es la manera en la que se va a lograr la recuperación», sostiene el historiador. No se trata de patrioterismo superficial, sino de perseverancia en el reclamo legítimo.

Un dato concreto ilustra el poder de esa bandera: según se mencionó en el programa, la manifestación popular frenó una sesión del Congreso donde se iba a tratar la ley de tierras, que implicaba una entrega de territorio argentino. El costo político se volvió demasiado alto. «Cuando la sociedad, cuando nosotros, cada uno, desde nuestra cuentita de Instagram, desde nuestra cuentita de Facebook, desde nuestro estado de WhatsApp, le hacemos saber a quienes hemos puesto para que administren la cosa pública esta es nuestra postura, la soberanía no se tiene que negociar», reflexionaron los conductores del programa.
«El partido de fútbol significó una posibilidad para seguir llevando adelante un reclamo que un grupo de actores viene llevando adelante hace bastante, pero que ahora se visibilizó mucho más»
La pregunta por el rol de Argentina en el mundo y el lugar del deporte en la construcción del posicionamiento internacional encuentra en esta experiencia una respuesta compleja. Por un lado, la alegría y la esperanza que generó la selección en un contexto difícil son válidas y necesarias. «Es significativo y es válido que la gente esté feliz y que esté celebrando. Es muy importante, porque también es necesario que nos reinventemos como argentinos», reconoce Ciccone. Pero esa reinvención debe incluir volver a tomar a Malvinas y a la soberanía como pilares de las cuestiones por las que luchar.

La reflexión final invita a no esperar fechas conmemorativas para activar la memoria. «¿Por qué tenemos que esperar el 2 de abril para convocar a los excombatientes, para cantar la marcha de Malvinas? Hay que mantener viva la memoria de nuestros héroes, hay que acompañar a los veteranos de guerra, hay que sostener ante el mundo argumentos, hay que ser perseverantes con nuestro legítimo reclamo», expresaron desde el programa. Malvinas pertenece a la memoria, a la identidad, a la causa nacional. Y quienes gobiernan tienen la obligación histórica de estar a la altura de esa responsabilidad.
El mensaje del doctor Ciccone es claro: hacer ciencia en la Argentina es una de las formas de construir soberanía. Y el llamado se extiende a docentes, rectores universitarios, trabajadores, hinchas y ciudadanos en general. «Hagamos lo propio todos los días de nuestras vidas», invitan. Hoy hasta los niños preguntan qué es Malvinas. Es el momento de aprovechar ese interés y sostenerlo en el tiempo. La posta la tomó la selección. Ahora nos toca a nosotros.
📱 También puedes seguirme en:
▶️ YouTube: @PabloHGerez
📷 Instagram: @pablohgerez
🟢 Spotify: @Conectando
🐦 X (Twitter): @phgerez






