Florencia Zuccarelli contó en Mediodías Taficeños cómo es la vida en Alemania, lo que más extraña de Tafí Viejo y qué le recomendaría a quien quiera emigrar.
Doce mil kilómetros separan a Florencia Zuccarelli de Tafí Viejo. Desde Stuttgart, en el sur de Alemania, la ingeniera industrial taficeña se conectó con David Correa y Sebastián Gil Olivares en el segmento Taficeños por el Mundo de Mediodías Taficeños (Dale FM 104.7) para contar cómo es vivir del otro lado del mundo con el corazón siempre puesto en casa.
Florencia es ingeniera industrial, recibida de la UNSTA, y llegó a Alemania por primera vez en 2017 gracias a una beca para cursar una maestría en Gestión de Proyectos de Ingeniería en la Hochschule de Biberach, en un programa binacional entre la UNT y esa universidad alemana. Volvió a Tucumán, se casó con Andrés Zarzosa y en 2023 tomaron juntos la decisión de regresar. Esta vez, para quedarse.
Una decisión planeada, no una aventura
A diferencia de quienes emigran a probar suerte, Florencia y su marido lo pensaron bien. «Estábamos bien en Tucumán, con trabajos con los que estábamos contentos, rodeados de familia y amigos», contó. Pero analizaron el largo plazo, pesaron las oportunidades y dieron el paso.
«Alemania no es un país para venir a improvisar», advirtió con claridad. Su consejo para cualquier taficeño que esté pensando en emigrar allá es contundente: aprender alemán antes de llegar, porque aunque todos hablan inglés, los alemanes defienden su idioma con orgullo. Y prepararse para una burocracia lenta, fría y sin atajos.
Una cultura de agenda y calendario
Uno de los contrastes más llamativos que describe Florencia es el de los vínculos humanos. En Tafí Viejo, salís a hacer una compra de 15 minutos y volvés una hora después porque te encontraste con alguien. En Stuttgart, para almorzar con una compañera de trabajo hay que mandar una cita por Outlook para reservarle el bloque del mediodía.
«Las relaciones son un poco más secas o distantes», explicó. «Uno condiciona su personalidad cuando no tiene la fluidez de su idioma nativo. Nunca llegás a ser 100% vos.»
Lo que más extraña
La familia y los amigos, primero. Después, los cerros de Tafí Viejo. «Uno se sigue asombrando cada vez que vuelve, de lo lindo de nuestra naturaleza, de los paisajes», dijo Florencia con una emoción que se notó incluso a través de la pantalla.
Y la espontaneidad. Salir a la noche sin planificarlo, encontrarse con alguien en un bar, tomar un café sin reserva previa. Todo eso que en Tafí Viejo es cotidiano, en Alemania es casi imposible.
En materia de comida, el ranking es claro: primero el sándwich de milanesa y después las empanadas. El secreto del sándwich, dice, lo descubrió recién estando lejos: el pan sanguchero. Ese que en Alemania no existe.
Un círculo tucumano en Stuttgart
Florencia no está sola. En Stuttgart hay una comunidad de tucumanos con quienes se juntan seguido, cocinan empanadas y mantienen vivo el sabor de casa. Y en el supermercado alemán, encontrar limones de Tafí Viejo en la góndola fue, la primera vez, un golpe al corazón.
«Siempre les hablo de Tafí a mis amigos tucumanos que viven acá y se ríen», contó. «Pero dicen que tienen que ir a conocer.






