Personas vinculadas a universidades, a clubes de barrio, Iglesias y dirigentes recorre el interior para ofrecerle a un proyecto político la pista de aterrizaje que, dicen, le falta. La metáfora del piloto ya está clara; ahora falta saber si el combustible alcanza para propiciar la candidatura de Dante Gebel.
En una tarde cualquiera de Tucumán, el dial de la 93.9 MHz sintoniza otra variante del mismo ritual político argentino. En Radio del Plata, en el programa Libertad de Expresión, conducido por Graciela Nuñez junto a Pablo Gerez, recibe a tres piezas de un rompecabezas que, por ahora, existe más en la geografía que en las boletas electorales. Sergio Bohn, secretario de Proyectos Especiales de la UTN a nivel nacional; Carlos Reynoso, vocero de la Unión Nacional de Clubes de Barrio; y Fabián Deacon, referente en Tucumán del llamado armado territorial. El eje de la conversación no gira en torno a la universidad ni al fútbol amateur, sino a la posibilidad de que la candidatura de Dante Gebel cruce el umbral del púlpito y se presente como candidato a presidente. La pregunta tácita, aquella que flota en el aire acondicionado del estudio, es si un país fracturado está buscando un salvador o simplemente un administrador honesto y eficiente.
“Yo soy como un piloto de avión. Si aprieto el botón, tengo nafta, miro para atrás y tengo todo ordenado, el avión va a despegar. ¿Qué necesita? Un equipo y un proyecto de país.”
La metáfora aeronáutica no es casualidad retórica. Viene directamente de una reunión íntima con el propio Gebel, quien, según relatan los presentes, ha establecido una condición innegociable antes de cualquier salto al vacío político: no tirarse a la pileta si no hay agua. La estructura que se teje en el interior no busca improvisar. Bohn insiste en la necesidad de técnicos que no diseñen políticas desde la ventanilla de un avión con destino a Ezeiza, sino que conozcan el terreno donde el litio se extrae y el agua no debe mezclarse con cianuro por decreto porteño. Es un retorno a la vieja idea federal, pero actualizada con mesas híbridas y videollamadas que salvan la distancia geográfica. La promesa es sencilla: gobernar con datos, no con intuiciones metropolitanas.
“Los proyectos políticos pasados siempre se han construido con técnicos desde Buenos Aires, con la mirada propia de allá. Necesitamos técnicos que hablen y desarrollen sus provincias, sus riquezas.”
De izquierda a derecha Fabian Deacon, Sergio Bhon y Carlos Reinoso
El andamiaje territorial, sin embargo, no se sostiene solo con ingenieros. Aquí entran los clubes de barrio, esas instituciones que históricamente han funcionado como amortiguadores sociales y, no pocas veces, como sucursales de maquinaria partidaria. Reynoso aclara que la Unión Nacional de Clubes no viene a romper lo existente, sino a profesionalizarlo. La crítica es velada pero precisa: demasiadas sedes convertidas en centros de operaciones digitales para referentes locales, donde el pizarrón táctico sustituyó a la merienda escolar. La propuesta apunta a la formación docente y a la contención educativa, entendiendo que el club es, ante todo, un espacio donde se crían generaciones. Si la política es el arte de lo posible, aquí se intenta convertir la infraestructura comunitaria en un aula de gestión pública.
“No venimos a romper… es salir de esa hegemonía de que vos estás en un lugar o estás en el otro. Vamos por una construcción más sólida.”
Deacon, con experiencia en el Concejal en provincia de Bs. As. y pasos por estructuras partidarias diversas, observa el fenómeno con la tranquilidad de quien ya ha visto nacer y morir campañas. Lo novedoso, señala, es la ausencia de necesidad de convencimiento. En otros tiempos, el armado político exigía folletos, promesas y largas horas de persuasión. Hoy, basta mencionar el nombre de Gebel para que el celular no deje de sonar. La fama del pastor, forjada en la televisión y las redes, opera como un atajo emocional. El riesgo, claro, es el mismo que aqueja a todo movimiento de opinión: la velocidad de adhesión no garantiza la solidez institucional. De ahí la insistencia en filtrar alianzas. El criterio de exclusión, según explican, es claro: antecedentes penales y negociaciones opacas. Los gobernadores, obligados a negociar la supervivencia fiscal en tiempos de obra pública restringida, son observados con lupa. No se buscan enemigos, sino socios con criterio.
“La gente te dice ‘lo escucho todos los domingos’, ‘me pasaron un RIG y ahí lo conocí’. Eso facilita el armado, pero el desafío es contener a quienes nunca militaron y no salir defraudados.”
¿Hacia dónde apunta esta brújula? Los invitados descartan, con cierta fatiga generacional, los maniqueísmos de izquierda y derecha. Prefieren invocar el sentido común, esa categoría política tan flexible como peligrosa cuando se usa sin definición. Leía hace poco a Robert Musil y su descripción de la burocracia sin atributos, donde las decisiones se toman por inercia; aquí, al parecer, se busca lo contrario: frenar la inercia con pragmatismo. Hablan de pagar la deuda externa, pero con recursos propios; de reactivar el empleo privado, frenando lo que denominan industriocidio; de garantizar cuatro comidas diarias como política de Estado antes que discutir cualquier agenda cultural. Es una versión práctica de la vieja tercera posición, despojada de retórica partidaria y adaptada al pragmatismo contemporáneo. Como solía recordar la ciencia política clásica, el lenguaje sin estructura se convierte en eco; aquí intentan que el eco tenga dirección.
Dante Gebel; ¿será candidato?
La charla en Radio del Plata cierra sin anuncios de campaña, sin fotos junto a figuras del establishment, sin fechas en el calendario. Lo que queda es la imagen de un proyecto en fase de taller, donde se calibran tornillos antes de encender el motor. La Argentina, como bien saben sus habitantes, ha probado de todo: líderes carismáticos, tecnócratas distantes, populismos cálidos y austeridades frías. El armado para Gebel no promete salvar al país, sino administrarlo con otra lógica. Si el piloto aprieta el botón, el avión despegará. La pregunta, como siempre en esta tierra, es si la pista será lo suficientemente larga para no quedarse a mitad de camino.

De izquierda a derecha Fabian Deacon, Sergio Bhon y Carlos Reinoso
Dante Gebel; ¿será candidato?




