Carta Orgánica del BCRA: la reforma que promete independencia pero entrega un cheque en blanco

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La reforma de su Carta Orgánica fue aprobada en Diputados y ahora avanza hacia el Senado. Foto: Diseño Gráfico LdE

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Blindaje institucional, reservas como garantía y un presidente inamovible: las contradicciones de una reforma que elimina la emisión pero habilita el endeudamiento directo del Banco Central

La Cámara de Diputados aprobó la reforma que elimina la emisión monetaria para financiar al Estado y establece un mandato único: preservar el valor de la moneda. Pero detrás del discurso técnico se esconde un blindaje político que garantiza la inamovilidad de sus autoridades hasta 2028 y habilita el uso de reservas como garantía de deuda. Un análisis que revela las contradicciones de una independencia que parece más un búnker que una institución.

Las instituciones, como los seres humanos, tienen memoria. Y también cicatrices. La Carta Orgánica del BCRA ha sido, a lo largo de su historia, un campo de batalla donde se dirimen no solo políticas monetarias, sino proyectos de país. Este miércoles, la Cámara de Diputados aprobó la reforma con 144 votos a favor, 102 en contra y 9 abstenciones. El oficialismo celebró. La oposición resistió. Y en el medio, se me cruza una pregunta —ya sabe cómo soy, le recuerdo entonces; ¿para qué me lee si sabe cómo me pongo?—: ¿cuándo se dice que el Banco Central es independiente? ¿Independiente de qué o de quién?

El proyecto, que ahora avanza hacia el Senado, no es una simple actualización técnica; va mucho más allá. Extirpa el mandato múltiple que regía desde 2012 —estabilidad monetaria, estabilidad financiera, empleo y desarrollo económico con equidad social— para dejar un único objetivo, casi ascético: preservar el valor de la moneda. Suena bien en el papel. Suena a responsabilidad fiscal, a disciplina monetaria, a esas cosas que nos gustan decir cuando queremos sonar serios. Pero como me enseñaron Borges y Galeano, las palabras siempre esconden laberintos. Y este es particularmente intrincado.

«Las leyes no son neutrales; son arquitecturas de poder congeladas en el tiempo. Lo que se presenta como independencia técnica revela, bajo la lupa, una operación de ingeniería institucional a medida.»

La reforma deroga los adelantos transitorios, el mecanismo mediante el cual el BCRA le presta al Tesoro para cubrir agujeros fiscales. Prohíbe también que el Banco Central otorgue préstamos al Gobierno nacional, a las provincias, a los municipios y a la Ciudad de Buenos Aires. Elimina la compra directa de títulos públicos en el mercado primario. En criollo: si el Estado gasta más de lo que recauda, no podrá recurrir a la maquinita. Deberá ajustar, recaudar o endeudarse en el mercado. Fin de la fiesta de la emisión espuria, celebran desde el oficialismo. Pero aquí es donde empiezan las paradojas.

Las reservas internacionales del BCRA son el activo más sensible de la economía argentina. La reforma incorpora su inembargabilidad pero también habilita su uso como garantía en operaciones financieras. Foto: Archivo.

Porque mientras se cierran puertas, se abren ventanas. Y algunas dan al vacío. El artículo 12 del proyecto —que reemplaza al artículo 33 de la Carta Orgánica vigente— declara la inembargabilidad de las reservas internacionales. Suena a blindaje, a protección del patrimonio nacional. Pero hay un detalle, una letra chica que los informes técnicos revelan con preocupación. La consultora PxQ lo llamó «caballo de Troya»: el mismo artículo que declara las reservas inembargables habilita al BCRA a utilizarlas como garantía en operaciones de banca central. REPOs, swaps, colocaciones de deuda. Todo el arsenal financiero internacional queda a disposición.

Con lo que viene una ironía al mejor estilo borgiano: declarar las reservas inembargables en una ley local argentina es como ponerle un cartel de «prohibido entrar» a un juez de Nueva York; a su corte… en Nueva York. La declaración de inembargabilidad no tiene poder en jurisdicción extranjera. Si esas reservas fueron puestas como colateral en un contrato de deuda, ningún tribunal de Londres o Manhattan va a respetar la inembargabilidad declarada en Buenos Aires. Es un blindaje de papel frente a la maquinaria del derecho financiero internacional.

«Declarar las reservas inembargables en una ley local no detiene a un juez en Nueva York si esas mismas reservas fueron utilizadas como colateral en un contrato de deuda. Es un blindaje de papel frente a la maquinaria del derecho financiero internacional.»

El informe de la consultora PxQ es demoledor. Señala que el proyecto permite al BCRA apalancarse en los mercados internacionales incluso si el Gobierno sigue sin acceso a esos mercados. Es decir: si el Tesoro no puede tomar deuda porque el riesgo país se disparó, el Banco Central podrá hacerlo igual, usando las reservas como garantía. ¿Independencia? Sí, pero de una especie particular: la independencia para endeudarse sin pasar por el Congreso —¿ve que no soy solo preguntas? De vez en cuando se me ocurren respuestas o las encuentro—, ni siquiera por una triste comisión del Congreso.

Y no es todo. El artículo 16 de la reforma —que sustituye al artículo 41— exime a las utilidades del Central del Impuesto a las Ganancias y otorga a sus bienes y operaciones el mismo tratamiento impositivo que los del Gobierno nacional. Además, excluye al BCRA del alcance del artículo 5° de la Ley 22.016, que prohíbe a los entes estatales asumir impuestos de la contraparte en contratos (la práctica conocida como «grossing up»). Traducido: esto podría facilitar la importación de billetes, permitiendo compensar a exportadores de billetes por impuestos o aranceles aduaneros. La Casa de Moneda, en la mira. ¿O solo soy yo y mi paranoia alimentando esta idea?

Santiago Bausili asumió la presidencia del BCRA en diciembre de 2023 por decreto «en comisión». La reforma blindaría su gestión hasta septiembre de 2028 sin necesidad de acuerdo del Senado. Foto: Juan Foglia – NA

Pero si hay un capítulo que merece ser leído con lupa, es el del blindaje para las autoridades. La reforma establece que para remover al presidente y a los directores del BCRA se requerirá un decreto del Poder Ejecutivo con aprobación previa de ambas cámaras del Congreso por una mayoría especial de dos tercios de los miembros presentes. Se eliminan las causales amplias. Se exigen «faltas graves y manifiestas», derivadas de «hechos precisos e inequívocos». Suena a independencia judicial, a protección contra el avasallamiento político. Suena, pero siga con el próximo párrafo; eso sí, bajo su estricta responsabilidad. Y si es de los que levantan espuma cuando se van enterando de que «pasan cositas», tenga a mano el té de valeriana, tilo y melisa.

Un sorbito del tecito y siga leyendo, porque en este párrafo le muestro el truco. Un detalle que convierte la independencia en intocabilidad. Santiago Bausili, el actual presidente del BCRA, fue designado «en comisión» por decreto de Javier Milei en diciembre de 2023. No tiene acuerdo del Senado. Y la reforma no distingue entre presidentes nombrados con acuerdo senatorial y presidentes nombrados en comisión. Es decir: la sola aprobación del proyecto implicaría que Bausili tendría su mandato virtualmente garantizado hasta septiembre de 2028 (cuando vence el mandato de su antecesor, Miguel Ángel Pesce), sin necesidad de que el Senado lo avale. Si, es Bausili, el socio del ministro de Economía en la consultora Anker Latinoamérica, exsecretario de Finanzas de la Nación y también exsubsecretario de Financiamiento (Gestión Macri).

«La independencia absoluta de una persona, sin coordinación con la política fiscal, es empíricamente paralizante. No está claro que un individuo por sí solo pueda manejar la política monetaria para el bien de un país.»

Haroldo Montagu, exviceministro de Economía y economista jefe de la consultora Vectorial, lo dijo en una entrevista con El Destape: «La independencia absoluta de una persona, sin coordinación con la política fiscal, es empíricamente paralizante. No está claro que un individuo por sí solo pueda manejar la política monetaria para el bien de un país». Alejandro Vanoli, ex titular del BCRA entre 2014 y 2015, fue aún más directo: recordó que la subordinación de Bausili al Poder Ejecutivo quedó plasmada en «las conferencias de prensa conjuntas o en que Milei fue el que decidió que desaparezcan las Lefi», y en la llamativa celeridad de la Cámara Federal en un dictamen de falta de mérito en la investigación judicial de una causa que analizaba presuntas «negociaciones incompatibles con la función pública» y revocó su procesamiento en diciembre de 2023, días antes de confirmarse su designación al frente del Banco Central.

En este punto me siento en la obligación de escribir muy claramente la contradicción suprema: se vende el proyecto como una autonomía al estilo de la Reserva Federal de Estados Unidos, pero se blinda a un presidente que tiene lazos societarios históricos con Luis Caputo (la consultora Anker) y que ha mostrado una subordinación operativa visible al Poder Ejecutivo. Entonces, lo que se pregona como la independencia de una institución parecería que no es la independencia de la institución. Es la independencia de una persona. Y se me ocurre que eso, en términos institucionales, es peligroso.

La Cámara de Diputados aprobó la reforma con 144 votos a favor, 102 en contra y 9 abstenciones. Ahora el proyecto avanza hacia el Senado, donde el oficialismo busca conseguir los dos tercios necesarios para el blindaje de las autoridades del BCRA. Foto: Congreso de la Nación.

El proyecto elimina también el concepto de «reservas de libre disponibilidad», que había quedado establecido en la Ley de Convertibilidad de 1991 —Cavallo, ¿recuerda?—. Según el mensaje oficial, ese mecanismo permitió durante dos décadas que el Tesoro accediera a reservas internacionales del BCRA, y dejó como resultado letras intransferibles en el activo del Banco por USD 69.400 millones a abril de 2025. Cifra astronómica. Cicatriz profunda. Y llega otra que estoy muy seguro, usted, mi querido lector, ya se comienza a realizar: si se elimina ese mecanismo, ¿por qué se habilita simultáneamente el uso de reservas como garantía? ¿No es cambiar una forma de endeudamiento por otra, igualmente riesgosa? O sea, digamos… ¿no?

La reforma establece además que solo podrán distribuirse utilidades realizadas y líquidas. Se excluyen expresamente las ganancias contables originadas por variaciones cambiarias. Antes de realizar transferencias deberán constituirse reservas patrimoniales mínimas y, cuando existan utilidades distribuibles, deberán destinarse exclusivamente a cancelar deuda pública. El objetivo declarado es cerrar otra vía indirecta de emisión monetaria para financiar al Tesoro. Suena responsable, muy responsable, la verdad, y hasta convincente. Pero… también suena a camisa de fuerza: el BCRA no podrá ser un instrumento de desarrollo productivo, de orientación del crédito, de política industrial. Su única misión será preservar el valor de la moneda. Punto.

«Cuando el diseño legal intenta separar de manera artificial la política monetaria de la realidad fiscal, no crea autonomía; crea una cámara de eco. La pregunta no es si el Banco Central será independiente, sino a quién protege realmente esa independencia.»

Las instituciones no flotan en el vacío. Cuando el diseño legal intenta separar de manera artificial y rígida la política monetaria de la realidad fiscal y social, no crea autonomía; crea separación. La verdadera pregunta que deja la reforma no es si el Banco Central será independiente, sino si esta independencia, diseñada con tantas excepciones y blindajes específicos, terminará protegiendo la moneda o, simplemente, protegiendo a sus operadores de las consecuencias de sus propias decisiones.

La reforma no resolverá el problema de fondo de una economía que lleva décadas jugando a la ruleta rusa con su moneda, cosa que es innegable, sea el partido o corriente de pensamiento que se haya instalado en el poder. Esta reforma lo que hace es cambiar las reglas de juego. Entre ellas, la que más me llama la atención es, por ejemplo, tratar de blindar personas en lugar de proteger instituciones. Cuando se declaran inembargables reservas que simultáneamente se ofrecen como garantía, uno no puede evitar preguntarse: ¿independencia para quién? ¿Autonomía para qué? O, la más popular y simple: ¿en serio?

El Senado tiene ahora la palabra. Y con ella, la responsabilidad histórica de decidir si estamos construyendo un Banco Central técnicamente autónomo que proteja la moneda de los vaivenes políticos, o si estamos levantando una trinchera legal para proteger un modelo económico específico y a sus operadores, exponiendo, paradójicamente, el activo más sensible del país a los acreedores externos bajo la ilusión de la inembargabilidad. Las instituciones tienen memoria. Y también, como los seres humanos, tienen la capacidad de elegir entre ser murallas que protegen o espejos que reflejan nuestras contradicciones.

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